Ibero, la joya medieval navarra del Urumea

El conjunto histórico, que ha sido rehabilitado, incluye una antigua ferrería a orillas del río, un puente, una borda y un caserío sin uso

Ibero, la joya medieval navarra del Urumea
Eli Belauntzaran
ELI BELAUNTZARAN

Una torre medieval guarda en sus muros numerosas historias acontecidas a lo largo de varios siglos y muestra los vestigios de una de las primeras zonas industriales de Navarra. Se trata de la torre defensiva de Ibero que forma parte del conjunto fabril de la antigua ferrería medieval, situada en el término municipal de Leitza aunque se ubica a menos de un kilómetro de Goizueta, por la carretera que une las dos localidades navarras. El conjunto histórico incluye las ruinas de la antigua ferrería medieval a orillas del río Urumea, un puente medieval, una borda y un caserío sin uso.

Las orillas de este río, que nace precisamente en Leitza, están consideradas por los historiadores como un escenario de gran importancia para las ferrerías de agua, «zeharrolak», ya que recogen las aguas de varios ríos, entre otros el Añarbe-Elama, y ya en Gipuzkoa, las aguas de varios arroyos, entre otros Latze o Lasa, Epelerreka o Landarbaso, Impernu-erreka, Mezkite, Carabele. Para hacerse una idea «de lo que esta cuenca representaba en los albores de la industria siderúrgica», Juan Pérez de Tolosa reseñaba en 1581 que «en el río nombrado de la Hurumea donde es el mayor el concursso que ay de herrerías en la dicha provincia que de diez y ocho herrerías que estan a distancia de legoa y media, todas ellas».

Cada una de sus piedras rezuma pasajes de desavenencias entre sus propietarios y mandatarios, de idas y venidas entre vecinos y un largo etcétera desde su construcción. En el caso de la torre de Ibero es sabido que se levantó en el siglo XIV durante el reinado de Carlos II de Evreux (1349-1387) para defender la ferrería ante los continuos ataques que se producían en la frontera con Castilla. Este pequeño tesoro, que ha sido rehabilitado tras años de deterioro, conforma uno de los restos industriales más antiguos de Navarra. De hecho, numerosos documentos acreditan que desde mediados del siglo XIV, en tiempos de Carlos II de Navarra, tuvo un gran peso en la economía de la zona.

Estado del puente y la torre de Ibero tras su rahabilitación. Abajo, el caserío que fue habitado hasta hace unas décadas. / Félix Loiarte

Ferrería mayor de Navarra

De hecho, la propia ferrería llegó a considerarse en el siglo XVIII como ferrería mayor, con una producción de más de cien toneladas de hierro al año. Sin olvidar la importancia de la torre por ser un enclave defensivo en la línea fronteriza que a partir de 1200 separaba Gipuzkoa, ya conquistada por Castilla, y Navarra, la llamada 'frontera de malhechores'.

La torre es rectangular, de 14 metros de alto por 10 de ancho, unos 12 de altura de promedio, aunque en origen llegó a alcanzar varios metros más. La planta de la torre es cuadrada en fábrica de mampostería, de dos pisos que servían de granero hasta hace poco. El tejado es de cuatro aguas y su origen se podría situar en la época de Carlos II de Navarra, hacia mediados del siglo XIV. Cuenta con numerosos elementos medievales como la puerta de arco de medio punto de dovelas de piedra caliza y sus ocho saeteras, aberturas de fachada por las que un defensor defendía a tiro de ballesta una parte de la torre.

Con claro marcado carácter defensivo, tiene una cierta similitud con la torre del conde de Oñate. Al parecer, «Beltrán Vélez de Guevara, señor de Oñate y Merino Mayor de Guipúzcoa, en el año 1381, permutó las tierras y villas realengas de Vera, Arano y Goizueta con el tesoro de Navarra por los molinos de San Cristóbal de la Berrueza y otras heredades, aunque luego fueron de nuevo cedidas por el Rey a la Colegiata de Roncesvalles. Beltrán de Guevara había apoyado a la 'Hermandad de frontera' (entre Guipúzcoa y Navarra) y gracias a sus servicios prestados, el rey de Navarra, Carlos II, de 1369 a 1373 pudo posesionarse de toda la franja fronteriza de Guipúzcoa. Durante esos años el señor de Oñate tenía situados a 40 jinetes y 100 infantes al servicio del rey navarro. Los Guevara, gamboinos y pronavarros, en diversas fases de la hermandad colaboraron con los navarros fortaleciendo la 'Hermandad de frontera' contra los de Oñaz y Lazcano», recoge la historiadora Ana García Santamaría. La torre de Ibero y su complejo industrial eran un foco de conflictos ya que representantes del consistorio de Leitza, investigando archivos y documentos antiguos, comprobaron que «los pleitos entre los propietarios de la torre y el pueblo vienen desde hace más de cinco siglos. Concretamente, las primeras referencias de estos conflictos datan de 1536. Según se desprende de los documentos de la época, los dueños de Ibero extraían de los montes comunales de Leitza la madera y el agua que necesitaban para hacer funcionar sus ferrerías y fabricar así sus armas. Parece ser que los caciques que residían en el lugar tenían derecho a utilizar el río Urumea y las 426 hectáreas de monte comunal, los actuales montes de Ibero, Gaztainerretxabal, Ollin, Sarobetxiki y Urdinola. Lo que los leitzarras no aceptaban. De ahí el origen del conflicto», asegura Juan Mari Barriola, exconcejal y miembro de la asociación cultural ALKE.

Barriola relata, además, que «en el siglo XIX llegó la industrialización, y con ella, la decadencia de las ferrerías». Esta decadencia pasó factura a Ibero que dejó de estar operativa. En ese momento, «los propietarios de Ibero optaron por arrendar el caserío a cambio de que los inquilinos trabajasen en las labores de mantenimiento del conjunto histórico. Las instalaciones, una vez entraron en desuso en la segunda mitad del XIX, fueron adquiridas en 1892 por la Sociedad Mutua Contra Incendios de Leitza, conformada por el propio Ayuntamiento de la localidad y un numeroso grupo de vecinos, con idea de ponerla en marcha y usar sus réditos a modo de seguro frente a accidentes, incendios u otros desastres naturales. A pesar de ello, nunca llegó a estar operativa aunque hasta hace pocos años vivieron en su caserío».

Atractivo turístico

Conscientes de la situación de deterioro de Ibero, en 2012 los representantes del Consistorio y las 124 familias que conforman actualmente la Sociedad de Seguros Mutuos Contra Incendios de Lei-tza, propietaria del conjunto desde hace dos siglos, llegaron a un acuerdo para la compraventa de la torre, la ferrería, el caserío y las 33 hectáreas de monte que conforman Ibero por un importe de 270.000 euros «con objeto de rehabilitarlas, de conservarlas como bien patrimonial», destaca Barriola. Durante los últimos seis años, desde la adquisición del complejo industrial, el Ayuntamiento de Leitza ha llevado a cabo la rehabilitación integral de Ibero. Comenzó con la limpieza de las 33 hectáreas de monte comunal que rodean a la torre. Esta ha sido rehabilitada íntegramente así como el puente.

Representantes y técnicos del Gobierno de Navarra, junto a los alcaldes de Leitzay Goizueta, Mikel Zabaleta y Unai Loiarte, en Ibero durante las obras de rehabilitación.
Representantes y técnicos del Gobierno de Navarra, junto a los alcaldes de Leitzay Goizueta, Mikel Zabaleta y Unai Loiarte, en Ibero durante las obras de rehabilitación.

Juan Mari Barriola destaca la importancia de la rehabilitación de Ibero y el puente, sin olvidar el resto de sus elementos arquitectónicos como la ferrería hidráulica, el caserío y una borda. «Se tratad de conservarlo para destacar su atractivo turístico muy importante en la comarca». Barriola reconoce que durante décadas los leitzarras han apostado por «el mantenimiento y divulgación de la importancia histórica del paraje de Ibero, y su rehabilitación tiene como último objetivo difundir su valor de patrimonio cultural».

 

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