Entre brujas, conjuros y dólmenes en Erakurri

Entre brujas, conjuros y dólmenes en Erakurri

Erakurri es una discreta cumbre del valle navarro de Malerreka, en el que el viento acerca al caminante historias de sus antiguos pobladores que fueron perseguidos y castigados por escuchar a la Naturaleza

Elisa Belauntzaran
ELISA BELAUNTZARAN

Malerreka y sus habitantes guardan entre sus recuerdos mitos y leyendas que han perdurado en el tiempo generación tras generación. Historias de personajes mitológicos como lamias, galtzagorris, sorgiñas... que realizaron grandes hazañas o pequeñas bromas a aquellos que osaban pisar los bosques, caminos, zonas de pastos o seguían sus ríos.

Cuenta una leyenda que hace miles y miles de años, cuando los hombres empezaban a poblar la tierra, no existían ni el sol ni la luna y los hombres vivían en constante oscuridad, asustados por los numerosos genios que salían de las entrañas de la tierra en forma de toros de fuego, caballos voladores enormes dragones... Los hombres, desesperados, recurrieron a Amalur y le rogaron que les protegiera de los peligros que les acechaban constantemente... La tierra estaba muy atareada pero accedió a ayudarles y creó «un ser luminoso al que llamaréis Luna».

Al parecer, los hombres se asustaron mucho y permanecieron en sus cuevas sin atreverse a salir, pero, poco a poco, fueron acostumbrándose a la luz que ofrecía. Los genios y las brujas también se habían atemorizado al ver aquel objeto luminoso en el cielo pero no tardaron en salir de sus simas y acosar de nuevo a los humanos.

Eso hizo que los hombres volvieran a pedir a Amalur ayuda, porque «necesitamos algo más poderoso puesto que los genios no dejan de perseguirnos». Amalur volvió a cumplir su deseo y en esta ocasión creó «un ser todavía más luminoso al que llamaréis Sol. El Sol será el día y la Luna, la noche».

Gracias al calor y a la luz del Sol, crecieron las plantas de vivos colores y los árboles frutales. Y, lo que es aún más importante, los genios y las brujas no pudieron acostumbrarse a la gran claridad del día y desde entonces solo pudieron salir de noche. Lo que hizo que no desaparecieran los problemas, ya que al llegar la noche los genios salían de sus simas y les acosaban. En esta ocasión la Tierra creó «una flor tan hermosa que, al verla, los seres de la noche creyeron que es el propio Sol». Y la Tierra creó la flor Eguzkilore, la flor del Sol, que hasta nuestros días defiende nuestras casas de los malos espíritus, brujos, lamias, genios de la enfermedad, la tempestad y el rayo.

En muchos caseríos de Navarra se pueden ver eguzkilores en sus portones. Caseríos cuyos habitantes escuchan el estruendoso sonido de los joaldunak de Zubieta e Ituren que hacen vibrar a la Madre Tierra, ahuyentado a esos malos espíritus bajo la atenta mirada de Mendaur. Una cima emblemática en este valle de Malerreka, en el que existe otro lugar muy especial para sus vecinos, el monte Erakurri (1.142 m.) o Irakurri. Esta cima se sitúa en la bonita localidad de Ezkurra, es la cumbre más elevada de cuantas forman el largo cordal que separa los valles del Bidasoa, al Norte, y de Malerreka, al Sur. Sus vistas son espectaculares y permiten girar sobre uno mismo sintiendo el silencio roto por el graznido de un cuervo o cualquier otra ave que se desliza sobre nuestras cabezas sin percatarnos de ello hasta que su sombra se proyecta sobre nosotros. Algo habitual, ya que no extraña ver a los buitres con sus enormes alas extendidas en la zona, mientras rastrean cada rincón del monte en busca de alimento.

Vistas desde Erakurri
Vistas desde Erakurri

Erakurri nos permite disfrutar de una magnífica perspectiva de la hermosa cumbre de Mendaur (1.136 m.) que queda en el extremo más oriental. Hasta llegar a ella podemos seguir la línea de monte en la que se encuentran Ekaitza, Mendieder... Al Oeste de Erakurri se halla el alto de Ezkurra o Usategieta (670 m.), que son realmente dos altos distantes dos kilómetros. Precisamente el alto de Ezkurra une los macizos de Adarra/Mandoegi, a través de Eguzkizko Muñoa (1.081 m.), Irakurri/Mendaur y el cordal Kornieta/Zuparrobi. Cabe destacar que en el alto más cercano a Leitza nace el río Urumea, mientras que en el otro nace el río Ezkurra, tributario del Bidasoa.

Desde Erakurri podemos disfrutar de una magnífica imagen de Larrunarri, Hirumugarrieta, Hernio, Adarra, Beriain, Aiako Harria, Izaga, Saioa, Larun,... incluso el mar con Donostia como punto de referencia. Precioso y merecedor de un buen rato para disfrutar el espectáculo visual que ofrece.

Erakurri da nombre al macizo en el que se sitúa, en el que además se encuentra otra cumbre característica, Iruñarri o Elazmuño (1.050 m.), ambas separadas por el amplio collado Eskain (964 m.). Es habitual ver en los alrededores de las mismas pastando plácidamente a rebaños de ovejas e incluso vacas en esta zona en la que existía una vía de trashumancia. El lugar invita a imaginarse a los pobladores de la zona con sus animales pasando de un valle a otro en busca de pastos o en busca de un buen mercado donde poder cerrar un buen trato para ganarse unas monedas. Pobladores que se encontraban en estas lindes de Malerreka como en el resto del valle desde hace miles de años. Su presencia ha quedado perpetuada gracias a los monumentos megalíticos que pueblan la zona. Perfecta para el descanso eterno, porque cada uno de los cromlechs o menhires que nos encontramos en el camino muestran la sabiduría de aquellos hombres y mujeres que eligieron lugares mágicos para ubicar su tumba. Muy cerca de Erakurri nos encontramos un ejemplo de estos monumentos prehistóricos, el cromlech de «Ezkaingo lepoa» o «Jentil Baratza» o el menhir de Iruñarri de unos 3 metros de altura, cuya sombra dicen se asemeja al perfil de un hombre.