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Pozalagua, la cueva a oscuras

Los frontales ayudan a recorrer la cueva. /
Los frontales ayudan a recorrer la cueva.

La imaginación se desborda durante la visita a la cueva de Pozalagua, en la que sombras y luces modifican las formas labradas por el agua sobre la piedra

IRATXE LÓPEZ

Esta vez toca ir casi a ciegas, ayudado solo por el leve haz de un frontal. Así es como te adentrarás en la cueva de Pozalagua, cavidad vizcaína que fue descubierta por pura casualidad en el flanco sur del anticlinal de Karrantza, en las Peñas de Ranero. Corrían los años 50 del pasado siglo. Por entonces legiones de mineros arañaban una cantera del monte que regalaba dolomita (mineral compuesto de carbonato de calcio y magnesio) al mundo. Los trabajos avanzaban a base de voladuras de dinamita que rasgaban la montaña. Hasta que un buen día, el 28 de diciembre de 1957, la explosión abrió un tajo, un agujero en la pared, convertido hoy en la puerta de acceso a la cueva, situada a 500 metros de altura sobre el nivel del mar.

 

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