Menorca, el pequeño paraíso

Preciosa vista de Binibeca, un pueblo de la costa este de la isla repleto de casas blancas y estrechas calles laberínticas./FOTOS: MIKEL MADINABEITIA
Preciosa vista de Binibeca, un pueblo de la costa este de la isla repleto de casas blancas y estrechas calles laberínticas. / FOTOS: MIKEL MADINABEITIA

La isla balear emana un aura de tranquilidad y esconde en su interior varias calas de aguas cristalinas y un puñado de pueblos cargados de belleza y encanto

Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Es Menorca, la isla paradisiaca. Un lugar ideal para descansar unos días y volver con color en la piel y las pilas cargadas. Es difícil no enamorarse de esta isla a primera vista, sobre todo si se evitan los meses de las aglomeraciones. Pasear por las calles de Ciutadella o Mahón, elegir una terraza para tomar algo y sentarte donde quieras, practicar senderismo, bici o salir a correr, disfrutar de esa caldereta de langosta sin tener una larga lista de espera o dejarse embaucar por ese ritmo lento de la isla sin estrés es un chollo... El mismo que te hace sentir en un entorno auténtico y sin adulterar y que, aunque en agosto posiblemente se llene, conserva ese cuidado extremo por su ecosistema, evitando grandes construcciones a pie de cala y evitando la circulación entre estas, muy al contrario que ha ocurrido en otros lugares del Mediterráneo.

Nuestra estancia se centró en Es Castell en un hotel con todas las comodidades, desde donde ya teníamos preparada una sorpresa para la primera noche: Calas Fonts. Un antiguo muelle de pescadores cuya fisonomía se ha ido transformando con los años, ya que las barcas de pesca y las redes han dado paso a bares, restaurantes y tiendas de souvenirs... Como dato curioso les cuento que algunas cuevas naturales que los pescadores utilizaban como almacenes, se han convertido hoy en día en locales turísticos. Es un lugar muy frecuentado por el turismo que ha conseguido mantener el encanto del muelle de pescadores de antaño, posiblemente por su reducido tamaño y por ser peatonal. Y ya les digo que escucharán casi más inglés que castellano, como sucede en buena parte de la isla.

Cales Fonts, es un coqueto pueblo pesquero en Es Castell
Cales Fonts, es un coqueto pueblo pesquero en Es Castell

El objetivo del día siguiente se llama Ciutadella, la antigua capital, en el córner septentrional de Menorca, que mezcla un pasado histórico con uno de los mejores ambientes de la isla, llena de calles con encanto, restaurantes para comer la mejor gastronomía y un área del puerto que resulta parada obligada. Desde las alturas se obtienen las mejores vistas del puerto de Ciutadella, sin duda. A los que les guste la fotografía, es posible también que sea el mejor punto para obtener buenas instantáneas de noche. Un paseo lógico nos lleva al interior del verdadero corazón de Ciutadella, el casco histórico-artístico. El asalto turco que destruyó la ciudad derivó en un apogeo de nuevos palacios construidos por las familias nobles supervivientes durante los siglos XVII y XVIII. Hoy esas fachadas que ven según pasean por la zona vieja resultan un verdadero tesoro arquitectónico.

La isla tiene un tamaño perfecto para recorrer en varios días sus cuatro esquinas

Ciutadella, Fornells, Binineca, Maó y Calas Fonts son los secretos que descubriremos

Para otro día pueden conocer Fornells, un pueblo más pequeño y también más coqueto, elevado a la fama por su caldereta de langosta. Ya dirán que en esta sección estamos siempre hablando de la buena vida pero ¿prefieren sufrir o disfrutar? Aquí hay un establecimiento llamado Es Cranc donde es necesario hacer una parada -imprescindible reservar- para degustar uno de los grandes manjares del marisco. En este restaurante que les recomendamos atesoran una receta que llevan preparando desde hace décadas.

Pero es que además la localidad, enclavada en el lado oriental de Menorca, cuenta con varias de las calas más encantadoras: Tirant, Cavalleria y Cala Pregonda. Y cuenta con un interesante patrimonio histórico, del que destacan monumentos como el Castillo de San Antonio, la Iglesia de Sant Antoni Abat o la Torre de Fornells. El mar y su inmensidad se sienten cerca en Fornells.

Para otro día les dejo una de las joyas de esta escapada: Binibeca. Sus laberínticas calles son una deliciosa maqueta a tamaño real que recrea la belleza de las villas marineras de antaño. Hablamos de un poblado creado en 1972 como centro turístico a imitación de los pueblitos de pescadores tradicionales. Situado en la costa sureste de Menorca, a escasos 8 kilométros de Mahón, Binibeca se ha convertido en uno de los lugares más visitados de la isla durante el periodo estival. Aunque inicialmente se podría pensar que Binibeca es algo así como una especie de parque temático, para nada. De hecho, la mayoría de sus impolutas casitas están habitadas, bien por lugareños, bien por turistas que han decidido pasar unos días de relax en este maravilloso lugar. No son pocos los lugares donde se llama al silencio como muestra de respeto. La mejor forma de disfrutar es perderse por sus callejuelas empedradas. Caminar sin rumbo y donde la intuición te lleve. Su laberinto de plazas y calles -algunas bastante empinadas- son un auténtico deleite para vista, una musa para los fotógrafos y una inagotable fuente de inspiración para la mayoría de postales y souvenirs que encontrarán en las tiendecitas de alrededor.

Al elegir un destino de playa, uno busca mucho más que un clima propicio, olas, brisa marina y arena. Busca fascinarse con los paisajes, deleitarse con la gastronomía de la zona, enamorarse de los rincones esculpidos en piedra por el hombre y también por la naturaleza y, por supuesto, disfrutar de la calma y la tranquilidad que le da a cualquiera saber que se encuentra en un destino idílico. Por eso Mahón es uno de los lugares predilectos para todos aquellos que viajan a Menorca. Porque tiene todo el encanto de los pueblos más pequeños y también la oferta de una ciudad. Reúne todo lo que uno puede esperar de Menorca. Ahora bien, es posible que uno de los grandes recuerdos que se lleven proceda de la pasarela de veleros y yates que están atracados en el -ojo al dato- uno de los puertos más extentos del Mediterráneo -tiene cinco kilómetros de longitud-. De hecho, conocemos a más de uno que alquilar uno modesto para pasar las vacaciones por estos lares, aunque seguro que es mejor disponer de uno en propiedad...

Ya ven que Menorca es una isla más pequeña pero más entrañable que la vecina Mallorca, más masificada y acogotada por los grandes males del turismo del siglo XXI. Aquí, en cambio, podrán disfrutar de tranquilidad y buena vida, todas las características de un paraíso. Un pequeño paraíso.

La Azotea del Hotel Barceló Hamilton es como estar en el paraíso
La Azotea del Hotel Barceló Hamilton es como estar en el paraíso

Guía

Cómo llegar
Desde Loiu hay vuelo directo a Mahón.
Cuándo ir
Cualquier época del año.
Un hotel
Barceló Hamilton (Es Castell, carrer de Santa Àgueda, 6). Impresionante hotel, enorme, moderno, con amplias salas, piscina, excelente desayuno y magnífico trato. Para darse un capricho.
Dos restaurantes
Smoix (Ciutadella, avinguda de Jaume I el Conqueridor, 38), para degustar tapas y platos creativos en un local con aire industrial. Es Cranc (Fornells, carrer de ses Escoles, 31), célebre restaurante donde hay que probar la caldereta de langosta y otros productos del mar.