Málaga, la última sensación de Andalucía

Interminable panorámica de Málaga y sus alrededores desde el castillo de Gibralfaro./FOTOS MIKEL MADINABEITIA
Interminable panorámica de Málaga y sus alrededores desde el castillo de Gibralfaro. / FOTOS MIKEL MADINABEITIA

El territorio malagueño completa su oferta de sol y playa con una capital más cultural que nunca y ofrece varias escapadas por el interior con acento auténtico

Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Málaga está de moda. Málaga se ha abierto paso. Y ha venido para quedarse. Normalmente, las primeras visitas a Andalucía se centran en conocer sus tres joyas más llamativas: Sevilla, Granada y Córdoba. Málaga se relaciona más con la Costa del Sol, con las playas, con las terrazas y los chiringuitos. Pero la capital del territorio se ha transformado en los últimos años y ofrece planes para todos los gustos. Es la última sensación de Andalucía.

La localidad ideal para plantar el campamento base es Málaga. La capital del territorio se visita en poco tiempo porque todos sus puntos de interés están cerca. Lo está la catedral de la calle Larios, su gran avenida peatonal para ver y dejarse ver. Lo están las plazas de su casco histórico. Lo están los bares, tascas y restaurantes, donde por un precio ajustado se puede disfrutar de la buena vida. Y lo están la alcazaba del castillo de Gibralfaro. Pero no corramos, que estamos de vacaciones. Y hemos venido a disfrutar.

Guía

Cómo llegar
Vuelo directo desde Bilbao.
Cuándo ir
Cualquier época salvo el verano.
Un hotel
Hotel NH Málaga (calle San Jacinto, 2). Cuatro estrellas clásico de la cadena con habitaciones amplias y buen desayuno. Muy bien situado.
Tres restaurantes
La Cosmopolita (calle José Denis Belgrano, 3, Málaga), para comer a base de tapas modernas. Marisquería Godoy (Puerto de Málaga, Muelle Uno, Málaga), para degustar pescado y marisco. Restaurante Plaza de Toros (Carretera del Albergue, Antequera), para darse un homenaje carnívoro.

Una peculiaridad que tiene la catedral de Málaga es que carece de la torre sur, por lo que se la conoce como la manquita. Lo cierto es que en su proceso de construcción ha pasado por muchas fases y eso se aprecia en su exterior e interior. De ahí la mezcla de los estilos gótico, renacentista y barroco.

Quizá no encuentren excesivamente bello su interior, aunque sus dimensiones sorprenden y tienen la opción de acceder a su cúspide para disfrutar de las vistas. Eso sí, la mejor panorámica de la ciudad se obtiene desde otro lugar que luego les detallaré. Por el momento es mejor callejear por la siempre ajetreada Málaga, que cuenta con buena temperatura incluso en la época invernal.

Lo que nos llamó la atención es la vida que tenía, la alegría por sus calles, el movimiento en las tiendas y bares, y también el de los turistas, especialmente extranjeros. Para ser temporada baja, había mucha gente. Lo había en el Museo Picasso -el genio andaluz es un imán- y también en las plazas de la Constitución y de la Merced. Desde la primera arranca un pasaje conocido como Chinitas, con mucho encanto, estrecho y popular.

Málaga es una ciudad conquistada por muchos pueblos, desde romanos hasta fenicios y cristianos, y en el entorno de la alcazaba podremos ver las evidencias de todas ellos, en apenas unos metros de distancia. De manera que los aficionados a la historia disfrutarán de lo lindo con los vestigios de cada civilización. La alcazaba es un recinto fortificado con varios edificios. Lo construyeron los musulmanes en el siglo XI, pese a que antes esa zona fue ocupada por los fenicios. Durante su momento álgido, ocupaba más del doble de extensión. Pueden visitarlo de forma gratuita el domingo por la tarde. Háganse a la idea de ver una Alhambra en miniatura.

Málaga es una ciudad con mucha vida en las calles y muy agradable para pasear

Antequera sorprende con su patrimonio artístico y Frigiliana es pequeña y coqueta

A sus pies podemos ver el teatro romano, que lo están remodelando y preparando para las visitas turísticas. Y muy cerca pueden tomar un tentempié en el Pimpi, un histórico de la restauración malagueña, comprado hace dos inviernos por Antonio Banderas. Un local enorme y encantador.

Pero como les decía, conviene subir al punto más alto cada vez que visitamos una ciudad por primera vez. Es la mejor manera de contemplar una localidad, de llegar a donde el ojo no llega a ras de suelo, la opción más eficaz para soñar, para vislumbrar el horizonte, para hacer futuros planes... Todo eso lo pueden hacer en el castillo de Gibralfaro, cuyos orígenes son de la época fenicia, cuando ya existía el faro (de ahí el nombre del castillo). La fortificación la realizaron los árabes en el siglo XIV con el fin de tener un entramado defensivo que pudiera proteger la alcazaba en caso de batalla. Les une la muralla que va desde un extremo de uno hasta el otro.

La calle Larios es la pasarela de la capital malagueña, donde se concentran las grandes marcas
La calle Larios es la pasarela de la capital malagueña, donde se concentran las grandes marcas

Lo que les recomiendo es que accedan hasta su cúspide en autobús (desde el Paseo del Parque pueden coger el número 35) para recorrer sus murallas y hartarse a sacar fotos preciosas -imprescindible un día soleado-. Verán el mar a un lado, la ciudad en el centro y las montañas al interior. Una postal inolvidable. Además, existe la posibilidad de descender andando de forma cómoda y pasear por la playa de la Malagueta para terminar en Muelle Uno, una de las zonas de moda de Málaga, repleta de tiendas y restaurantes de nivel. El lugar donde hay que estar. Y conjugar la 'dolce vita'.

En cuanto a las excursiones, vamos a proponerles dos pueblos con encanto. Dejaremos los archiconocidos Ronda y Mijas para otra ocasión y nos acercaremos en primer lugar a Antequera, allí donde sale el sol. A 50 kilómetros de la capital y con 43.000 habitantes, se considera centro neurálgico de Andalucía (aunque el geográfico es Cabra, en Córdoba) y dicen que el 75% del patrimonio malagueño se alberga en ella. Hay, desde luego, arte e historia a pie de calle. Como en su plaza de toros, que alberga un restaurante recomendable. Desde ahí pueden iniciar su caminata, que les llevará hasta el alto donde se ubica la alcazaba. Allí merece la pena entrar en la iglesia de Santa María, renacentista, que guarda en su interior la imagen de la tarasca, fiel imitación a aquellos pasos que acompañaban a las procesiones del Corpus en el siglo XVII y, sobre todo, en el XVIII, compuestos por un dragón de siete cabezas y una figura femenina que representa la fe. Desde un balcón cercano podrán contemplar el casco de la localidad, blanco y salpicado de iglesias. Es bonita Antequera.

Otro día pueden conocer Frigiliana, 58 kilómetros al este y cerca de la costa y de Nerja. Adéntrense en un laberinto de calles adoquinadas, todas en pendiente, con casas encaladas que contrastan con el azul del cielo y los tejados rojizos de pizarra. Las macetas de rojas gitanillas y geranios, buganvillas, lavanda y jazmines se suman al toque extra de color.

Al pasear por la ladera a través de sus calles empedradas se puede entender completamente por qué es considerada por muchos como uno de los pueblos más bellos de Andalucía. Podría darles más detalles, pero es importante dejar de vez en cuando impoluto el factor sorpresa. Así que no se la pierdan.

Un callejón encantador de Frigiliana
Un callejón encantador de Frigiliana