Madrid en 48 horas

Madrid en 48 horas

Estos días son ideales para escaparse a Madrid

CARLOS NIETO
Día 1

Puerta del Sol, aquí empieza todo

Empezamos en la Puerta del Sol, en medio del trasiego de locales, turistas y artistas callejeros que abarrotan la plaza a cualquier hora. Si aún no hemos desayunado, La Mallorquina, en la esquina con la calle Mayor, nos hipnotiza con el aroma de sus dulces recién horneados. Acaban de abrir los comercios y es también buena hora para deambular por las calles de Preciados, Carmen, Carretas, Montera y Arenal, el epicentro comercial de Madrid.

Plaza de Santa Ana y Barrio de las Letras

La cercana Plaza de Santa Ana es el corazón del Barrio de las Letras. Aquí vivieron Cervantes, Quevedo o Lope de Vega en el siglo XVII. El autor de El Quijote está enterrado en el Convento de las Trinitarias y en la calle de Cervantes se conserva, como una cápsula del tiempo, la Casa Museo de Lope de Vega. En este laberinto de calles solo cabe perderse. Está lleno de librerías, cafés y tiendas de antigüedades. ¿Un vermú antes de comer? Casa Alberto o Viva Madrid son un clásico.

La Plaza Mayor y el Madrid de los Austrias

Es hora de comer y el Madrid de los Austrias está a tiro de piedra. En los alrededores de la Plaza Mayor la oferta es infinita. La cercana Cava Baja y las calles aledañas son la zona de tapeo por antonomasia. También podemos optar por el Mercado de San Miguel, uno de los templos gastronómicos de la ciudad, aunque con cierto tufillo turístico.

El Palacio Real

Un paseo siempre es una buena solución para bajar la comida. Bajando por la calle Mayor nos toparemos con la preciosa Plaza de la Villa, núcleo del Madrid medieval, y llegaremos a la Plaza de Oriente. La mole del Palacio Real a un lado y el Teatro Real al otro cierran un enorme espacio ajardinado (con los jardines de Sabatini como máxima expresión), ideal para disfrutar del sol mientras escuchamos a algún músico callejero.

Templo de Debod

Dirigimos nuestros pasos hasta los rascacielos que bordean la Plaza de España. Frenética a cualquier hora, está rodeada de nuevos hoteles con terraza en la azotea (VP, Dear Hotel…) en los que tomar un cóctel mientras vemos cómo cambia la luz. También podemos subir al Templo de Debod, un conjunto nubio de más de 2.000 años regalo de Egipto a España. El mirador que hay detrás es un palco de lujo para contemplar el atardecer más bello de Madrid.

Unas tapas en Malasaña

¿Para cenar? El barrio de Malasaña. Su mezcla de tascas y espacios alternativos, grafitis y mercados bio, y restaurantes a la última atrae a una legión de modernos y bohemios, con punto de encuentro en la Plaza del Dos de Mayo. ¿Opciones? Bodega de la Ardosa, Casa Camacho, La Tasquita de Enfrente, el Mercado de San Ildefonso…

Día 2

Lavapiés

La Plaza de Tirso de Molina (en la imagen), con su colorido mercado de flores, es la puerta de entrada a Lavapiés. Decir que este barrio es multicultural es poco: en Lavapiés viven vecinos de 88 nacionalidades. La mezcla se percibe en los idiomas y los comercios: podemos comprar telas de la India en la calle de Mesón de Paredes y dulces árabes en la del Sombrerete, a los que se unen locales más sofisticados de última hornada. Lavapiés es ideal para deambular. Y también para tomar un café y algo más a estas horas. Pásate por Adorado, Plántate Café, La Barra Dulce, Cafelito…

El Rastro

Si es domingo o día festivo, y ya que estamos en Lavapiés, se impone curiosear por el Rastro, uno de los mercadillos más grandes de Europa. La arteria principal es Ribera de Curtidores, pero los puestos se ramifican por las calles aledañas. De todos modos, cualquier día de la semana es perfecto para recorrer los anticuarios del barrio. Están en la misma Ribera de Curtidores, la Plaza del General Vara de Rey o la calle de Santa Ana.

Mercados Gastronómicos

Hora de comer. En el barrio más diverso de Madrid tenemos múltiples opciones, desde los restaurantes regentados por hindúes de la calle de Lavapiés hasta los senegaleses de la calle del Amparo, o en torno a la plaza de Nelson Mandela. Para alguien menos aventurero están las terrazas de la calle de Argumosa, los 300 metros con más bares de todo el barrio. O, como no, el cocido madrileño. También hay una amplia oferta de mercados gastronómicos que, como vemos, en Madrid son legión. En Lavapiés y sus cercanías hay dos: el de San Fernando y el de Antón Martín.

El Paseo del Prado

Dejamos atrás Lavapiés saliendo junto a la mole, clásica y futurista, del Museo Reina Sofía y subimos por el Paseo del Prado. El bulevar proyectado por el rey Carlos III en el siglo XVIII concentra hoy dos de los mejores museos del mundo: el Prado y el Thyssen-Bornemisza. Si queremos huir un rato del tráfico y el barullo, tras el Museo del Prado (en la imagen) nos espera el oasis del parque del Retiro.

La Gran Vía madrileña

Con el imponente y modernista Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de la capital, a nuestras espaldas, tomamos la Gran Vía a la hora en que las luces de los edificios empiezan a encenderse. La calle más famosa de Madrid tiene ya más de cien años, pero ha sabido mantener su personalidad como arteria principal de la capital. Grandes almacenes, restaurantes, el neón de los teatros, las terrazas y las pantallas de led nos invitan a pasear, a comprar y a curiosear mientras nos acercamos a la neurálgica Plaza del Callao.

Chueca

El final de la jornada nos sorprende en Chueca. Su puerta de entrada es el tramo peatonal de la calle de Fuencarral, flanqueada por comercios a la última. Siempre de moda, diverso y abierto, el barrio está lleno de restaurantes vanguardistas y locales de ocio. Su corazón es la Plaza de Chueca (en la imagen), atestada de terrazas y bullicio. Podemos cenar en algunas de las propuestas de la calle de Augusto Figueroa o en los alrededores de la Plaza de Pedro Zerolo. Otra opción es acercarnos al vecino barrio de Salesas. Sus calles y locales tienen un aire sofisticado y elegante que no ha pasa inadvertido a los cazadores de tendencias.