Al otro lado del estrecho

El Erg Chebbi forma parte del desierto del Sahara y sus dunas, de un color rojizo espectacular, pueden llegar a superar los cien metros de altura. /
El Erg Chebbi forma parte del desierto del Sahara y sus dunas, de un color rojizo espectacular, pueden llegar a superar los cien metros de altura.

Recorrer Marruecos por carretera es un plan cada vez más habitual entre quienes visitan el reino alauí. He aquí una propuesta de ruta

IGNACIO ITURRARTE

Apenas 14 kilómetros separan España de Marruecos por el Estrecho de Gibraltar. Una distancia que, sin embargo, parece mucho más grande. Lejos de parecerse a Francia o Portugal, Marruecos permite al visitante transportarse a otro mundo en pocas horas.

Nuestra ruta comienza en Marrakech, considerada como la capital cultural de Marruecos. Su medina o barrio antiguo se convierte en la zona de referencia de la ciudad, donde perderse por su zoco y deambular por sus callejuelas son experiencias obligadas. El ritmo y el ocio de sus gentes gira en torno a la plaza Djemaa el Fna, hogar del mercado tradicional más grande de Marruecos.

El comercio es la actividad reina en la explanada durante el día. Al caer la noche, los restaurantes al aire libre y los vendedores ambulantes se adueñan del lugar. Hombres, mujeres y niños se juntan alrededor de músicos callejeros, cantando y bailando hasta altas horas de la madrugada en un cautivador ambiente que no distingue entre días laborables y festivos.

Dejamos Marrakech para dirigirnos al Este, hacia la localidad de Ouarzazate, La puerta del desierto. La ruta nos llevará a cruzar el Alto Atlas, circulando por carreteras que serpentean sobre riscos de infarto y cruzando pequeños pueblos de montaña donde el tiempo parece haberse detenido.

A 30 kilómetros de nuestro destino se encuentra el plato fuerte del trayecto: Aït Benhaddou, una ciudad fortificada bereber (ksar en árabe) construida en adobe y barro, alrededor del siglo XVII y que ha acogido los rodajes de Lawrence de Arabia, Gladiator o Juego de Tronos, entre otras grandes producciones. Cabe la posibilidad de hacer noche en el pueblo cercano al ksar o, si se prefiere, continuar hasta Ouarzazate, donde visitar la alcazaba (kashba) de Taourit.

Nuestro segundo día de carretera nos conducirá a Merzouga, una localidad a orillas del Sahara que brinda la oportunidad de pasar una noche en el desierto arenoso Erg Chebbi. Son varios los servicios que se ofrecen en esta experiencia, en la que se incluye un trayecto en camello a través de las dunas y la estancia en un campamento bereber. Durante el largo camino hasta Merzouga, las imponentes gargantas del río Todra se convierten en un punto excelente donde hacer un alto en el camino para almorzar.

Del Sahara, a Fez. Esta tercera etapa nos brindará la oportunidad de ver áridos desiertos, majestuosos valles y densos bosques de cedros en un solo día. Resulta interesante ver como, a medida que avanzamos hacia el Norte del país, las localidades van adquiriendo un aspecto cada vez más occidentalizado, una fisonomía propia de urbes europeas.

Esta regla se rompe, sin embargo, al llegar a Fez, un lugar que transmite una sensación de autenticidad única, como si la cultura local se hubiera conservado intacta a lo largo del tiempo. Los comerciantes trabajan para sus clientes autóctonos, no para los turistas. Los negocios de ferretería, curtiduría y material de bricolaje sustituyen a los típicos puestos de souvenirs. La escuela del Corán local y la Universidad Al Qarawiyyin son otros puntos a visitar en la ciudad.

A 200 kilómetros al norte de Fez se encuentra Chefchaouen, un encantador pueblo cuyo rasgo más distintivo es el azul que inunda todas las calles. Existen muchas teorías en torno al origen del color de sus muros, pero lo único cierto es que su tonalidad añil, junto a sus aceras empedradas y el cálido ambiente de sus plazas, conforman una atmósfera ciertamente bucólica. Las cascadas del parque natural de Akchour o la mezquita Jemaa Bouzafar desde donde se obtienen las mejores vistas de Chefchaouen son excursiones que se pueden realizar en la zona.

Esta ruta por Marruecos finaliza en la costa atlántica del país. Unas seis horas de viaje separan Chefchaouen de El-Yadida, una antigua ciudad portuaria portuguesa que supone el punto de salida de una pequeña travesía por el litoral. Le siguen las localidades costeras de Oualidia, Safi y Esauira. Esta última destaca por encima del resto por su estructura amurallada, que guarda en su zoco su tesoro más íntimo y, en su puerto, una de las mejores puestas de sol de Marruecos.

Las playas salvajes que rodean Esauira la convierten en un punto de referencia para los amantes del windsurf. La playa de Sidi Kaouki, situada en un antiguo asentamiento de pescadores, es un buen ejemplo de ello.

Tres horas de coche separan Sidi Kaouki de Marrakech. En total, 2.120 kilómetros de ruta para conocer Marruecos. O al menos una parte de él, porque nuestro vecino africano esconde muchos más secretos y permite planear distintos itinerarios. Este es solo uno de ellos.