Kadikoy, en el umbral de Asia

Dos ferrys cruzan el Bósforo llevando a los pasajeros desde la estación marítima de Kadikoy, en la orilla asiática, hacia los barrios de la orilla europea de Estambul. /
Dos ferrys cruzan el Bósforo llevando a los pasajeros desde la estación marítima de Kadikoy, en la orilla asiática, hacia los barrios de la orilla europea de Estambul.

Sobre el Bósforo, este barrio de la populosa Estambul ofrece los colores, aromas y sabores de sus mercados y es un espacio de calma y autenticidad

ANA URROZ

Sus calles empinadas acaban en las aguas eternas del Bósforo. Quien llega a Kadikoy, el barrio de Estambul que se halla en la península de Anatolia, pone sus pies en el umbral de Asia. Se trata de la más antigua vecindad de la ciudad, según atestiguan los restos prehistóricos que han aparecido en diversas excavaciones.

Desde el fondo de los tiempos en las orillas y laderas de esta pequeña península del Cuerno de Oro se asentaron los fenicios, los griegos y los romanos. La Kalkedon griega, o la Calcedonia romana, desde el siglo XIV se llama Kadikoy, palabra que significa "Pueblo del juez".

Su situación estratégica como puerto le ha valido haber sido objeto de deseo para árabes, cruzados y bizantinos que la ocuparon. Otomanos, turcos, europeos y armenios se han asentado en el lugar en épocas posteriores y cada uno de estos pueblos ha dejado impronta en la arquitectura o en la estructura urbanística. Muchos viajeros han cantado sus virtudes y hablado de sus encantos a lo largo de los tiempos. En el presente sigue mereciendo atención este enclave animado en el que residen medio millón largo de personas, en su mayoría clase media, en el que la multiculturalidad se añade como valor de referencia.

Los ferrys que parten desde las estaciones marítimas de Besiktas o Eminonu son los que trasladaban a los vecinos a la hora de desplazarse a sus lugares de trabajo, o a los turistas curiosos que se aventuraban a cruzar el mar de Mármara desde la orilla de Europa a la de Asia. Grandes barcos de pasajeros con cómodos asientos realizan la travesía yendo y viniendo cada media hora desde la terminal portuaria en la que las compañías de transporte tienen el atraque. A ellos se ha unido un tecnificado y eficiente metro que discurre bajo las aguas y reúne Oriente con Occidente ampliando las opciones de comunicación del barrio con el resto de la ciudad. Su primera parada, la del arranque del trayecto, hace un guiño de homenaje al pasado ya que se encuentra junto a la mítica estación en la que tenía su llegada y salida el Oriente Express.

Kadikoy no cuenta con mezquitas espectaculares, templos grandiosos o palacios suntuosos como los que se pueden encontrar en las orillas opuestas de Ortakoy o Sultanahmed, pero es un entorno amable y auténtico en el que el color de sus mercados, la diversidad y variedad de sus comercios de dulces y especias, los puestos de productos frescos y las tiendas de artesanías merecen mención aparte. Pasear por sus calles, sentarse en sus cafés o disfrutar de una puesta de sol frente a las aguas del Bósforo es un buen plan para cualquiera de los días de un viaje a Estambul.

Los martes, en la explanada frente a la terminal marítima y a la parada del metro, se celebra un colorista mercado al aire libre que congrega a naturales y foráneos. Ropa, calzado, bolsos y objetos de cuero de diseño pueden encontrarse a mejores precios que en el Gran Bazar.

El tiempo se detiene cuando se llega a la zona de Carsi-Char-Shuhd, donde se halla el mercado de alimentos. El apetito asoma cuando se desliza la mirada por tanta variedad y calidad de frutas, verduras y pescados que despiertan los sentidos en el viajero. Pequeños restaurantes se alinean en las estrechas calles perpendiculares y paralelas al Sali Bazar. En ellos se puede comer, por un precio mucho más arreglado que en las orillas opuestas, pescados fresquísimos, carne, en especial, cordero, verduras y productos procedentes de los hornos de pan y dulces cercanos.

Historias del pasado

El paisaje cambia un poco más arriba del mercado. Las calles, también peatonales, se vuelven tranquilas y junto a edificios de fachadas típicas de la arquitectura otomana, con miradores de madera, se alternan otros de inspiración art decó o mediterránea. En los bajos, tiendas de antigüedades muestran en sus escaparates objetos que testimonian historias del pasado. Alfombras, vajillas, joyas, cerámicas, cristal y muchas otras maravillas ponen la nota nostálgica en el entorno. A la vuelta de la esquina el tráfico devuelve al viajero al siglo XXI.

Los estudiantes de la Universidad de Mármara, que se encuentra allí ubicada, deambulan agitados por las calles. Quizás esa sea una de las razones por las que Kadikoy está considerado un lugar de cultura, de saber y de arte. El Centro Cultural Sureyya alberga la bella sala de ópera y teatro constuida en siglo XIX a la imagen de las parisinas. Desde 2007 volvió a abrirse al público completamente restaurada con sus vidrieras y frescos más jóvenes y brillantes que nunca y sus butacas y palcos de señorial terciopelo rojo.

Los domingos grupos de aficionados interpretan canciones y danzan en los cruces de las calles o en los parques. Los transeuntes, curiosos, captan con las cámaras de sus móviles el espectáculo musical improvisado y muchos de ellos aprovechan para adquirir el disco compacto que estos amateur han grabado como forma de expandir su arte. En el tranvía se llega a la calle Bagdat puede considerarse la más elegante de la Estambul asiática. En ella hay comercios modernos de marcas conocidas y habituales como las de cualquiera de nuestras ciudades.

El final perfecto de una jornada en Kadikoy pasa, definitivamente, por tomarse una copa, al atardecer, en una terraza del barrio Moda. La puesta de sol inunda de reflejos de oro las aguas del mar de Mármara.