Castellón: fusión de mar y montaña

La provincia levantina esconde un puñado de rincones rurales y litorales que merecen la pena ser visitados con tranquilidad

El territorio de Castellón esconde varios rincones que gustarán al viajero. /MIKEL MADINABEITIAGráfico
El territorio de Castellón esconde varios rincones que gustarán al viajero. / MIKEL MADINABEITIA
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Cinco días en la provincia de Castellón dan para mucho. La discreta capital del territorio, situada al norte de la Comunidad Valenciana, a menos de seis horas de San Sebastián en coche, es aún una desconocida para muchos, pese a sus encantos y opciones turísticas. Abierta al Mediterráneo, en plena Costa del Azahar, rodeada de montañas y parajes naturales, la localidad de unos 180.000 habitantes cuenta, además, con un clima privilegiado durante todo el año, que invita a visitarla incluso en los meses más fríos. Sus atractivos son variados para organizar una escapada de varias jornadas y conocer la ciudad y sus alrededores. Ya saben que esto es lo que nos gusta hacer y divulgar, en forma de pequeñas pistas, para que sean ustedes los próximos en descubrirlo.

Los principales monumentos de Castellón, declarados Bienes de Interés Cultural, giran en torno a la plaza Mayor, sede del Ayuntamiento, ubicado en un precioso edificio de estilo clásico, con fachada toscana y un porche con siete arcos. Frente a él se sitúa la Concatedral de Santa María, construcción gótica que data del siglo XII. En la plaza también se alza uno de los símbolos de la ciudad, la torre-campanario de El Fadrí, de 60 metros de altura y estructura octogonal.

En la imagen superior, clásica postal de Peñíscola y su casco histórico, presidido por el castillo de Papa Luna, desde primera línea de playa. Debajo, el curioso núcleo de Ares del Maestrat, en el Maestrazgo. A la derecha, vista panorámica desde el castillo de Onda. / MIKEL MADINABEITIA

La otra atracción de la ciudad se halla a cuatro kilómetros del centro. Hablamos de el Grao, el distrito marítimo, cuyo centro neurálgico es la plaza del Mar. La animada zona cuenta con un sinfín de comercios, bares, restaurantes y lugares de ocio, además de varios enclaves de obligado paseo, como el bonito puerto pesquero. Las playas están muy cerca y la zona cobra gran ambiente den la temporada veraniega, cuando los chiringuitos se multiplican. Es una buena zona para degustar pescado y marisco fresco.

La capital es una ciudad discreta, pero cuenta con un clima privilegiado

A partir de aquí, toca coger el coche para adentrarse en el interior. Les hemos elegido tres destinos rurales y uno costero. Ares del Maestrat y Villafamés se pueden combinar en un día, mientras que Onda y Peñíscola pueden ocupar media y una jornada entera respectivamente. Ares del Maestrat es uno de los pueblos a más altura de la Comunidad Valencianana (a casi 1.200 metros). De estructura similar a Morella, aunque bastante más pequeño, llama poderosamente la atención cuando nos aproximamos por carretera rumbo al col de Ares. El pueblo está apiñado junto a una mole rocosa, bien visible desde la distancia, ocupada en su día por romanos, musulmanes y templarios. Se construyó incluso un castillo del que apenas quedan restos pero cuenta con una panorámica amplísima, hacia el mar y la sierra del Maestrazgo, llena de aerogeneradores y toneladas de viento y frío. Hubo una escuela que cerró sus puertas a comienzos de los noventa. La vida ya no es lo que era en estos lugares perdidos, aunque se aprecia cierto esfuerzo en reparar algunas casas destartaladas. Estas viviendas se mezclan con otras, semiderruidas, que dan fe de que allí hace años que pasó el tren de las oportunidades.

En cambio, Vilafamés ha acogido al futuro con los brazos abiertos. Como tantos y tantos pueblos, ha visto cómo el turismo puede revolucionar una comarca, atrayendo a curiosos que tienen que consumir, comer y comprar, mientras admiran la belleza de un fondo de pantalla imperecedero. En los últimos años ha sido elegido como uno de los pueblos más bonitos de España y razones no le faltan para competir con los más afamados. Les recomiendo alejarse del casco antiguo y tomar algo de perspectiva rumbo al depósito de aguas. Desde ahí compondrán el mejor encuadre, el que asoma en las fotografías superiores, donde destacan el castillo y la iglesia sobre el cerro y las casas de roca roja y color blanco. El casco antiguo es pequeño, con calles empinadas, plazoletas, miradores y rincones sacados de otra época. Además, subiendo por la calle principal se toparán con la roca grossa, una mole de más de dos toneladas que impresiona sobremanera. Allí es costumbre pedir tres deseos y dicen que uno se cumple...

En la imagen superior, bellísima imagen de Vilafamés, uno de los pueblos más bonitos del territorio. Una localidad con varios atractivos, como el castillo, la iglesia y la roca grossa, un buen lugar para pedir tres deseos... Debajo, la torre-campanario de El Fadrí, junto a la concatedral de Santa María de Castellón. A su vera, la zona de El Grao. / MIKEL MADINABEITIA

Si quieren cumplir uno con rapidez les recomiendo que entren a La Vinya, un local que les sorprenderá. Sirven tapas creativas y sabrosas con ingredientes reconocibles en todo momento. Un descubrimiento a precios competitivos.

A media hora se halla Onda, también presidido por una colina y un castillo. Ocupa una superficie aproximada de 25.500 metros cuadrados y se encuentra situado a 284 metros sobre el nivel del mar, lo que le permite ofrecer una vista envidiable hacia los cuatro puntos cardinales, hacia el mar y hacia la montaña. El castillo, de entrada libre, fue construido en el siglo X por los musulmanes sobre las antiguas huellas ibéricas y romanas. Abajo se ubica el centro histórico, declarado Bien de Interés Cultural, de origen ibérico aunque su esplendor vino con la cultura islámica. Posee ese encanto de los barrios laberínticos, con multitud de calles en cuesta y sorpresas en cada esquina, como esa escalera de los gatos que les invito a descubrir...

Peñíscola, en el mar, y Vilafamés, en el interior, son dos joyas del territorio

Y del interior nos trasladamos al litoral, donde se sitúa Peñíscola, seguramente la localidad más bonita del territorio. Eminentemente turística, con varias playas y un sinfín de restaurantes y hoteles, cuenta con la ventaja de ofrecer un plan cultural después de la clásica jornada de vacaciones en el mar. La postal con el castillo de Papa Luna es prácticamente imbatible pero es que además recorrer el casco viejo es una gozada, especialmente por su zona septentrional, donde la mirada se pierde en el infinito Mediterráneo. No se pierdan la Casa de las Conchas, con un aire a la de Salamanca, el Parque de la Artillería o el Bufador, una curiosa cavidad a través de la cual se puede escuchar el sonido del mar. A partir de este mes la localidad está a rebosar. Pero Peñíscola es una joya en cualquier estación, un rincón muy fotogénico, un destino de película. Adéntrense en su fortaleza por cualquiera de las tres puertas (Fosc, Sant Pere y Santa María) y disfruten con su intrincada estructura.

El mejor remate lo pueden hacer en Casa Jaime. El capricho del Papa Luna (erizo de mar, langostino y alcachofa) y las ortigas de mar son un must. Luego tienen un arroz para chuparse los dedos. Allí les dejamos, cultivando los sentidos, después de esta escapada que ha fusionado mar y montaña. ¡Salud y hasta la próxima!

Guía

Cómo llegar:
De Donostia a Castellón hay 537 kilómetros (algo menos de seis horas).
Cuándo ir:
Cualquier estación, aunque en verano aprieta el calor.
Un hotel:
Tryp Castellón Center (Ronda del Millars, 86). Un cuatro estrellas moderno y céntrico. Muy buen desayuno; el parking tiene una entrada peliaguda. Abstenerse con coche grande.
Dónde comer:
Casa Jaime (Peñíscola, avinguda del Papa Luna, 5), delicias gastronómicas. La Vinya (Vilafamés, calle La Fuente, 17), tapas modernas. Casa Juanito (Castellón, Passeig de Bonavista, 11), un clásico de El Grao.

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