San Barth: la isla selecta

Antillas Francesas. Este pequeño resalte rocoso de 22 kilómetros cuadrados en el Caribe es elegido por muchas celebridades por su exquisita tranquilidad, trasladando al visitante a un lugar de ensueño

Ganando altura en la costa de San Barth se pueden apreciar preciosas vistas de la isla. En primer plano, una roca con forma de tortuga./Sotillos
Ganando altura en la costa de San Barth se pueden apreciar preciosas vistas de la isla. En primer plano, una roca con forma de tortuga. / Sotillos
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Hoy visitamos la selecta isla de San Barth en las Antillas francesas de la mano de unos amigos vascos afincados allí, en la lejanía caribeña durante seis meses al año (la otra mitad del año «veranean» en su Donostia natal), Miguel y Ana, que nos llevaron a conocer los maravillosos rincones de los que se compone esta diminuta porción de tierra enclavada en el arco de las Antillas, de tan solo 22 kilómetros cuadrados.

Para situarnos podríamos decir que San Barth –Saint Barthelemy en francés–, se encuentra a 6.500 kilómetros de París, a 2.500 de Nueva York, a 180 de Puerto Rico y a tan solo 24 kilómetros de la vecina isla de San Martín de las Antillas Holandesas, en pleno mar del Caribe. No llega a diez mil habitantes, pero en vacaciones, cuando hace frío en Europa y Estados Unidos, o sea, en nuestro invierno en general y en Navidades en particular, la isla crece en habitantes.

Y San Barth, nombre que le puso Cristóbal Colón en su segundo viaje a las américas cuando en 1943 la descubrió, en honor a su hermano Bartolomeo, es presentada como una apetitosa receta por su oficina de turismo, describiéndola así: «Coger una pequeña isla volcánica que ha sudado sangre y agua bajo el sol tropical durante millones de años. Añadir una pizca de aventureros marinos de origen francés a la búsqueda de una nueva vida repleta de promesas. Dejar cocinar lentamente durante 400 años. Aumentar la presión y añadir lujosas villas, pequeños hoteles refinados y restaurantes franceses de prestigio internacional. Regar este preparado con una mezcla de descanso, de pasatiempos elegantes y de encanto rústico. Servir...»

Ya tenemos en bandeja San Barth y toca disfrutarlo. Podemos cruzarnos con alguna iguana, pincharnos con algún cactus cirio y pisar esas blancas arenas de las playas de ensueño que alberga, todo ello aderezado con imponentes yates de lujo, mucha gente guapa, personas vip y diversas celebridades, además de tiendas de las mejores marcas con la última moda, luciendo palmito muchas y muchos modelos... Todo esto y más es Sant Barth. Un lugar de ensueño, una selecta isla, y como la venden, «la más singular de las Antillas Francesas...»

Empezó con Rockefeller

Hace 60 años, el multimillonario estadounidense David Rockefeller, como si fuera un visionario, compró una pequeña parte de isla. Aquello hizo que mucha gente de su nivel económico hiciera lo propio, con lo que el caché de la isla fue subiendo, transformándose poco a poco a lo largo de los años en un destino turístico de lujo. En una isla selecta. Y lo sigue siendo.

De ello se fueron dando cuenta también sus nativos criollos, por lo que dejaron de emigrar, afincándose más en una isla en contínuo crecimiento, instalándose también más franceses del viejo continente y otros extranjeros. Así fue creciendo la isla y con ello el turismo más selecto y vip. No es fácil, pero tampoco se sorprendería si se encontrase en el súper con Beyoncé o Leonardo di Caprio, o en algún restaurante con Mick Jagger o Madonna... Porque han elegido esta isla. Por el respeto absoluto que la Prensa, los paparazzi principalmente, dispensan a las celebridades que visitan San Barth. Ellos se albergan en propiedades muy muy privadas, pero de vez en cuando salen, y a veces es fácil que ni los propios habitantes de la isla les reconozcan precisamente por la sencillez de su presencia.

«Todo es perfecto»

Todo ello apoyado en una estrategia de las autoridades locales, que se dieron cuenta de que un crecimiento a lo bestia iría en perjuicio directo de los intereses de la isla, así que controlaron el crecimiento turístico: «El patrimonio natural y la seguridad de los bienes y de las personas constituyen una prioridad en San Barth sin comparación en ningún lugar del mundo», señalan desde Turismo de la isla. Y añaden: «Por esa razón son numerosas las personalidades que siguen eligiendo este lugar para residir permanentemente en serenidad. San Barth es una roquita íntima y prestigiosa en medio del mar Caribe». En definitiva, los que van lo hacen en busca del paraíso terrenal...: «No hay nada que decir, aquí todo es perfecto», aseguran sus autoridades.

La capital y principal ciudad de San Barth, Gustavia, debe el nombre al rey Gustavo III de Suecia, país al que en algún tiempo perteneció antes de ser definitivamente colonia francesa. Aquí es una delicia pasear entre calles, perdiéndose en la tentación de entrar en algunas de sus muchas tiendas de más que hiper lujo, de ropa, joyería, zapatos, bolsos, o estupendas galerías de arte..., al tiempo que entre tienda y tienda se toma un refrigerio en algún bar, también de lujo, o mejor aún si se mete en una tasca local. Cuenta también a lo largo de todo el año con diferentes actividades y ofertas culturales.

Playas de arena blanca, otras de conchas, y aguas color turquesa, un paraíso en el Caribe

Si pasea por el puerto verá enormes yates de increíble lujo, amarrados en los malecones y otros muchos anclados en la bahía. A nosotros, que vivimos la experiencia de San Barth utilizando el velero de nuestros amigos como residencia, nos tocó fondear junto al imponente yate de Roman Abramóvich y otros de igual o más lujo. Evidentemente aquellas embarcaciones de máximo nivel son de alguien con mucho poderío económico. Eso es lo que se ve en San Barth, poderío…, además de gente guapa. No es difícil ver en la calle a chicas y chicos imponentes luciendo palmito: «Son reclamos para las tiendas de moda y complementos que representan» nos dicen. Además de Gustavia, San Barth cuenta con otras pequeñas localidades costeras que guardan el sabor a pueblo de pescadores y otras de interior, cada una de ellas con su propio interés.

Un total de 16 playas de ensueño alberga el perímetro de San Barth, según se recoge en una pequeña guía de turismo de la propia isla (www.saintbarth-tourisme.com), que pone en escena su eslogan: «El arte de ser una isla». Si circunnavegamos toda la isla desde el sur hasta regresar al punto de partida nos encontraremos con las playas de Saline, Grand Fond, Toiny, Petit cul de Sac y Grand cul de Sac, Marigot, Loriente, St. Jean, L«Anse des Cayes, Flamands, La Petite Anse, Colombier, Corossol, Public, Shell Beach y playa del Governador. Aguas turquesas, arenas blancas, cada una con su peculiaridad, pero todas increíblemente preciosas, paradisíacas…

El acceso a algunas de ellas requiere andar un poco, como andar requiere ir a conocer algún recoveco más espectacular, como acercarse a los acantilados que te llevan hasta unas piscinas naturales.

Senderismo

La isla ofrece paseos naturales a modo de senderismo pero sin ser grandes caminatas. Unos paseos que nos llevan a descubrir las bondades más exquisitas y a la vez escondidas de la isla. Para eso hay que tener unos buenos cicerones como Ana y Miguel.

San Barth se presenta como la isla de los famosos, la isla íntima porque precisamente los va a proteger del acoso de sus fans y paparazzis. San Barth con lo pequeña que es, es mucha isla en el mar Caribe. Una isla selecta en la que parece que uno tiene que descansar aunque no quiera.

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