Los vestigios mineros de Mioño

La vieja máquina se asoma al mar sobre el acantilado. Debajo un tunel minero. /
La vieja máquina se asoma al mar sobre el acantilado. Debajo un tunel minero.

Restos de las explotaciones rodean el único cantilever existente en Europa,al alcance de un cómodo paseo dominical

ERLANTZ GUDE

La pequeña pedanía de Mioño mantiene en un rincón de su minúsculo y pedregoso arenal el último cantilever continental y uno de los siete que llegaron a levantarse en Castro Urdiales. Eran unos ingenios que se asomaban al mar para eludir el trasiego portuario y agilizar la distribución del mineral en una arriesgada operación que los entregaba a la fiereza del litoral cantábrico. Más de un siglo después, sin embargo, el cargadero de Dícido ha revelado su enigmática entente con el mar, y solo la Guerra Civil y la actual falta de fondos han socavado su armazón.

Pistas

Cómo llegar: Se sigue la A-8 hasta la salida a Mioño. Una vez allí, hay que atravesar esta pedanía de Castro Urdiales en dirección a la playa de Dícido.
Información: Escuela Taller (Tél.:942863949).
Web: www.viasverdescastrourdiales.es
Dónde comer: Casa Lucía de Mioño destaca su arroz al bogavante, paellas, alubiadas o revueltos. También los asados de su horno de leña y las chuletas y pescados a la parrilla. Entre los postres caseros, hay tarta de naranja, pudin, trufa, arroz con leche. El menú del día vale 16 euros. Abierto todo el año. Tél.: 942879517
Dónde dormir: La posada y spa Agua Viva es un coqueto alojamiento de la pedanía que dispensa numerosas comodidades. Ideal para parejas y grupos de diferentes entidades que suelen ocupar sus estancias para sesiones de coaching. Sus clientes pueden zambullirse en su piscina climatizada y por un extra el spa se pone a disposición de los interesados. La habitación doble cuesta 49 euros. Tél.:942862238.

Mantuvo su actividad hasta los últimos coletazos de la minería en los 70, pero antes transcurrieron seis décadas hasta que se asentó como método de carga. Entretanto, se pasó del uso de barcas que se aproximaban a las naves fondeadas frente a la costa de Mioño a un efímero ferrocarril de cadena flotante y el breve muelle devorado por el oleaje. La primera versión se alzó a finales del siglo XIX y su demolición en plena guerra dio paso a un cargadero muy similar, ya más estilizado.

La visita a un lugar que recupera el espíritu de la extinta minería no solo se fundamenta en la espectacularidad de esta pieza de ingeniería. La regeneración en 2010 del conjunto arquitectónico, que obvió el cargadero, permite recorrer largos túneles sobre los trazos de las vías que trasladaban el mineral u observar el depósito en el que se guardaba. En el paseo que enlaza la playa y el cantilever también resisten un edificio empleado como fragua y taller y ruinas del muelle en el que se embarcaba el hierro cuando el cargadero aún era una ilusión.

La vía verde

Castro presume de cinco vías verdes, todas en la parte más próxima a Bizkaia, en las que surge el trayecto de antiguos ferrocarriles y ruinas de edificaciones. La visita al cantilever puede complementarse con la ruta de Dícido, aunque sólo la mitad del camino está habilitada para el senderismo. Al margen del trecho hasta el cargadero, desde el centro de Mioño parte otro camino que avanza por una zona acantilada jalonada de yacimientos. Concluye en la plataforma de la punta de Saltacaballo, que sustentó un cantilever y únicamente recomendada a los más experimentados.

El tercer sector de esta vía sale de una senda que se ramifica en la carretera Nacional subiendo desde Mioño hacia Saltacaballo. Está indicado con un cartel que refleja la elocuente palabra Mina. Una vez allí, se asciende observando resquicios de planos inclinados por los que bajaba el mineral, la corta del Pocillo, de la que se extraía el hierro y con unos 40 metros de profundidad, o el antiguo poblado de trabajadores de Campo Ezquerra.

El itinerario tampoco está totalmente acondicionado, previéndose mejorar su señalización en el futuro para que los senderistas puedan orientarse sin problemas. Prosigue hacia las cercanías de las minas de Setares, con el rico patrimonio industrial que relatan las huellas de talleres, y parte del recorrido que también aquí cubrió el ferrocarril.

 

Fotos

Vídeos