Viaje en tren a Sigüenza

Un actor ameniza el viaje en tren hasta la ciudad./
Un actor ameniza el viaje en tren hasta la ciudad.

Tren Medieval. Una ruta amenizada por personajes llegados del medievo descubre los encantos de una villa rica en patrimonio y leyendas

IRATXE LÓPEZ

Sigüenza es, además de hermosa, estratégica. Al menos lo era antaño, cuando controlaba el paso del Alto Henares y los valles de los ríos Dulce y Salado. Por eso esta localidad de Guadalajara ya contaba con población durante el Paleolítico y el Neolítico. Sigüenza es también cuna de pueblos. Otros moradores, los celtíberos, se instalaron en el Cerro de Villavieja. Los romanos, siempre prácticos, optaron por la Vega del Henares. Necesitaban un buen lugar en pleno cruce de la calzada Emérita Augusta, que atravesó estas tierras enlazando Mérida y Zaragoza. Sobre las ruinas dejadas por su imperio levantaron los visigodos la ciudadela del siglo V. Para el año 712 serían musulmanes quienes izaron allí su alcazaba, manteniéndose vinculados a la zona hasta el siglo XII.

Parada obligatoria de la provincia, visitarla puede convertirse en una experiencia diferente, sobre todo si lo haces a bordo del tren medieval que extiende su traqueteo desde Madrid. El viaje encierra secretos. Guarda sorpresas como la de ser recibido por una comitiva de personajes llegados del medievo. Además, como viajar da hambre, durante el trayecto el turista degustará doncelitos artesanos, dulce típico seguntino al que se suman, para extra-golosos, trufas artesanas.

El silencio disfrutará como buen pasajero, compartiendo espacio en ciertos tramos con la música medieval que invade los vagones en directo. No habrá tiempo para adormilarse pues trovadores, zancudos y malabaristas desean mostrar su pericia ante el regocijo del público. Es una forma de mantener atentos los sentidos. Llegados a la parada final, tras descender los escalones del tren, toca visita guiada por el encantador casco histórico que, partiendo del castillo, creció a mediados del siglo XII para dirigirse hacia la catedral, como si intuyera que allí reposaría el centro del universo, al menos del universo de este municipio.

Las puertas de la ciudad

Por eso las murallas arrancaron desde el alcázar, alargándose hasta proteger con su abrazo avenidas hechas de piedra. Desde el este y hasta el oeste crecieron dos calles, las Travesañas alta y baja que muestran aún su antigua estética judía. Después, el tiempo aumentó la población. Saturó los espacios y nuevas ramificaciones de murallas se incorporaron al primer cuerpo. Surgieron torreones en las esquinas de los tramos más largos, desde donde se oteaba al enemigo. Hoy día quedan algunos tramos de lienzos, una torre en la calle Valencia y otra junto a la Puerta de Hierro, además de cinco puertas: la del Sol, del Toril, de Hierro, el Portal Mayor y el Arquillo de San Juan o Puerta de las Travesañas, con su Virgen María en el interior del arco.

Abre bien los ojos en la Plaza Mayor, una de las plazas castellanas más bellas que tendrás la suerte de encontrar. Cuentan que los americanos quisieron comprarla para llevársela piedra a piedra, obviamente no lo lograron. Surgida en pleno siglo XV, cuando el cardenal Mendoza derrumba un lienzo de la muralla para crear este espacio diáfano, se instaló frente a la Catedral que este año cumple 850 años desde su consagración. Allí se guarda el icono de la ciudad, el sepulcro del Doncel, que guarda los restos mortales de Martín Vázquez de Arce, fallecido en su juventud durante la conquista de Granada.

Querían celebrar allí espectáculos y un mercado semanal. Casas nobles la engalanan, la del Mirador y la de la Contaduría, erigida por el mismo Mendoza a fines del siglo XV. También el Palacio de los Deanes, al sur, actual Ayuntamiento. Detén después tus pasos ante la Plaza del Doncel y la casa de idéntico nombre. Edificio gótico civil, nació en el siglo XIII. Fue morada de ilustres personajes como los Vázquez de Arce y Sosa, o los Marqueses de Bedmar, cuyos blasones adornan la fachada. Con aspecto de casa-torre, gárgolas y cascabeles sobre almenas vigilan al público. El interior resulta aún más hermoso, rehabilitado por la Universidad de Alcalá de Henares.

Ascenderá también el grupo hasta el patio de armas del castillo, que empezó a construirse en el año 1123 como palacio-fortaleza y residencia de los obispos, señores de la ciudad durante siete siglos. Las vistas sobre el municipio son inigualables. Dentro del inmueble defensivo destaca el Salón del Trono, también llamado Salón Rojo, donde impartían justicia los obispos. Dicen que en una de sus celdas vivió hasta ser desterrada Blanca de Borbón, esposa a la que Pedro I el Cruel repudió.

Ciudad medieval, iglesias románicas, barrio humanista, Palacio Episcopal, Iglesia de Santiago... las paradas se acumulan en esta localidad preñada de historia, de avatares y sinsabores, de poder y gloria. Ciudad que engancha al visitante y modela el espacio. Que transporta al ayer. E invita a soñar con el regreso mañana.

Aseguran de la cocina seguntina que destaca por tres motivos: la calidad de sus productos, la inteligencia por haber conservado su tradición y las buenas manos de quienes se dedican a ella. Entre los top de los platos, los lugareños adoran el asado de cordero o cabrito, la sopa castellana, los productos de caza o matanza, las migas con chorizo, torrezno y huevo frito y la trucha escabechada y con jamón. Todo light, no cabe duda. De postre añaden a estos manjares las yemas del Doncel y los bizcochos borrachos. Para que puedas probarlas el billete del tren medieval incluye un 10% de descuento en algunos restaurantes locales, de modo que el bolsillo no se resienta, aunque sí pueda hacerlo tu estómago. Desde estas líneas ofrecemos dos recomendaciones. El Doncel es un contraste de gastronomía moderna en un entorno medieval, una casona del siglo XVIII decorada de forma rústica (Paseo de la Alameda, 3.

Nola ofrece cocina tradicional actualizada, servida en un lugar con enorme encanto, la Casa del Doncel (Plaza de San Vicente.