Joseba Irazoki eta Lagunak: «Es un poco triste que tengamos tanto miedo a la imperfección»

Joseba Irazoki, en el centro de la imagen, con sus 'lagunak'./ASIER GOGORTZA
Joseba Irazoki, en el centro de la imagen, con sus 'lagunak'. / ASIER GOGORTZA

El músico beratarra presenta 'Zu al zara?', un segundo trabajo con banda que figura entre lo mejor de 2018

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

Tras su experiencia junto a Beñat Axiari en el disco 'Bas(h)oan' (2017), el guitarrista y cantante navarro regresa con un nuevo disco al frente de Lagunak, formación que hoy comparte con Felix Buff (batería), Jaime Nieto (bajo) e Ibai Gogortza (guitarra). Los cuatro actuarán el próximo jueves en el Dabadaba, donde darán cuenta de 'Zu al zara?' (Bidehuts, 2018), de corte rockero y sonido más crudo.

- ¿Qué diferencias destacaría con respecto a 'Joseba Irazoki eta Lagunak' (Bidehuts, 2014)?

- Que de ser un sexteto hemos pasado a ser cuarteto clásico de dos guitarras, bajo y batería, que es como terminamos la gira anterior. En el primer disco muchas canciones partían de un riff y pretendían crear ambientes, mientras que ahora, aunque no hay estribillos, he buscado más la canción. De hecho, son temas que podría tocar yo solo con la guitarra acústica.

- Pero con banda suenan directas y crudas...

- Porque esta vez no hemos metido tantos arreglos. Ya en los ensayos y cuando grabamos las bases vimos que los temas funcionaban sin necesidad de sobrecargarlos.

- En lo que respecta al sonido, la base es claramente rockera, con desarrollos largos y psicodelia, pero también hay post-rock, kraut...

- Han pasado cuatro años del disco anterior y algunas de las nuevas canciones ya las habíamos tocado en directo. En este tiempo he ido acumulando ideas a base de escuchar cosas como King Gizzard, el último disco de Low, Idles, Horse Lords, música repetitiva y experimental... Hay un max-mix de influencias aunque tampoco creo que haya quedado muy marciano porque el enfoque es rockero, sin olvidar esa característica mía de tocar diferentes palos...

- Como novedad, ha incluido teclados y voces femeninas...

- Actualmente los teclados y sintetizadores están un poco de moda y aunque soy guitarrista, su sonido me atrae mucho. De ahí que terminara requiriendo la ayuda de Rubén Caballero, Abraham Boba e Israel Marco, que tocan en algunas canciones y le dan un color especial al conjunto. Surgió todo de manera improvisada, igual que la colaboración con Aida (Jupiter Jon), cuya voz profunda me gusta mucho.

- En la nómina de sus 'lagunak' debe incluir también a los letristas, casi todos socios habituales. ¿Cómo ha sido trabajar con ellos?

- Con algunos llevo colaborando desde hace tiempo: mi primo Dani Irazoki, Beñardo Goietxe, Mikel Taberna... También he contado con Edu Zelaieta, que tiene familia en Bera, y Xabier Gantzarain, cuyos artículos de opinión me parecían muy musicables. Como esta vez he tenido más tiempo, pude enviarles algunas músicas maquetadas y les sugerí varios temas sobre los que podían escribir. Además, me he animado a firmar yo un par de canciones en las que he buscado un lenguaje más callejero y menos poético.

- Una de sus letras es 'Zu al zara?', que conecta temáticamente con 'Gezurrezko bizia': ambas hablan de la verdad y de la mentira...

- Tengo la sensación de que siempre estamos maquillando nuestra realidad y vivimos existencias muy de mentira, pero no sólo en las redes sociales, sino también en la vida real. Nos cuesta, parece que tenemos que ser plenamente perfectos... Es un poco triste que tengamos tanto miedo a la imperfección.

- De hecho, en la hoja promocional, Nacho Vegas, con quien usted toca en directo, tilda el disco de «imperfectamente extraordinario»...

- En la imperfección y en los accidentes surgen las cosas más interesantes, inesperadas y novedosas, y no sólo en el arte, sino en otros ámbitos como la ciencia. El ser humano funciona constantemente repitiendo patrones y lo atractivo aparece siempre en la imperfección. No digo que no haya que aspirar a la perfección, pero es difícil, casi utópico, y da mucho trabajo. (Risas) Puedes pasar toda la vida en el empeño y no conseguirlo. A veces pienso que debería emplear cuatro años en componer y grabar un disco en lugar de los seis meses habituales, pero para mí es demasiado tiempo.

La cita

Cartel
Joseba Irazoki eta Lagunak.
Lugar
Sala Dabadaba (Donostia).
Día
Jueves 17 de enero.
Hora
21.00.
Precio
7/10 euros.

- El disco comienza con otra letra suya, 'Lucio eta Durutti', en la que asoman varios anarquistas...

- La melodía me recordaba al grupo The Durutti Column, y luego me acordé del anarquista navarro Lucio Urtubia, un personaje entrañable que me maravilló desde que vi su documental: comulgo al cien por cien con las cosas que dice. En el recorrido musical también aparecen Buenaventura Durruti, Kaxilda Hernáez y las víctimas de la emboscada de la bahía de Pasaia en 1984...

- Vegas también dice que si fuera un periodista musical muy vago etiquetaría el disco como «rock psicolibertario». ¿Qué le parece?

- Es una etiqueta divertida y me gusta porque estoy en una etapa de mi vida en la que trato de ser libre, supongo que como casi todos. En estos tiempos en los que vivimos tan pendientes de lo que piensan los demás, deberíamos ser respetuosos con todo el mundo intentando ser libres de verdad. Es muy difícil porque además de las barreras que nos ponen otros, están las que nos fijamos nosotros mismos.

- En lo musical, ¿se identificaría como anarquista?

- Puede ser... Quizá conecte con la anarquía en que he trabajado mucho la improvisación y no me gusta ensayar. Prefiero que las cosas fluyan en el momento, no llevar las canciones muy cerradas ni al estudio ni al directo. Sentirme libre sin dejarlo todo atado me parece un buen camino. También me gusta que la gente aporte sus ideas en grupo sin que haya una jerarquía. Nunca me ha llamado la atención ser jefe ni quiero tener madera de líder.

- «La normalidad es el castigo», canta en 'Zigorra'. ¿Qué es para usted la normalidad en la música?

- Sonar siempre igual. Yo no podría hacer un disco idéntico a los que ya he hecho, no me saldría. Lo que me atrae de un artista es ver que evoluciona, que no sigue los mismos patrones y normas...

- En usted se aprecia una evolución clara pero su guitarra resulta siempre reconocible.

- Claro, todo lo que has aprendido durante los años y tus propias características estarán siempre ahí, pero hay que procurar no repetirse. Supongo que todos los artistas intentan evitarlo, pero la sensación que suelo tener yo es que muchos se repiten y caen en la misma fórmula. Probar otras cosas debería ser una 'obligación'.

- En temas como 'Salbatzaileak' no rehúye el humor con la aparición de perros extraterrestres salvadores...

- Sí, es parte de mi personalidad. Ese punto de alegría siempre está ahí y se traslada al escenario. Siempre he sido bastante payasete. Si tuviera un grupo de mucho éxito y mi entorno natural no fueran los gaztetxes y las salas pequeñas, no me importaría disfrazarme. En la época del glam me habría sentido a gusto. (Risas)

- Habla del éxito y en canciones como 'Lehiakortasuna' o 'Enpate batekin aski' aborda temas como la competitividad...

- Sí, es un tema que en los últimos tiempos me afecta un poco. Los músicos estamos muy expuestos y no me importa porque el escenario me gusta. Sin embargo, cada vez me pesa más esa sensación de examen continuo que sentí más claramente cuando actué con Duncan Dhu. Hubo momentos en que sentí que el público, muy exigente, te apoyaba a muerte si tenías un buen día, pero te daba la espalda si tenías una mala noche. La competitividad está bien porque te ayuda a mejorar, pero también hay que ser empático, reconocer que hay días mejores y peores.

- ¿Cómo se ve en la actual escena musical?

- Siempre he hecho lo que me ha gustado porque aunque ahora tengo algo más de repercusión y viene más gente a los conciertos, yo no vivo de mi proyecto. No hago discos pensando si van a funcionar más o menos, aunque creo que este segundo trabajo de Lagunak es más fácil. En cualquier caso, no ha sido premeditado: era el disco que me apetecía hacer.

- Compagina su proyecto personal tocando en Atom Rhumba, con artistas como Nacho Vegas o Mikel Erentxun... Es una especie de obrero del rock. ¿Se arrepiente de haber dejado la docencia musical, que tal vez era un trabajo más estable?

- No, para nada, porque siempre supe que no tenía vocación de profesor y no me gusta enseñar: no disfruto nada. Llegar a fin de mes es muy complicado, sobre todo hacer doce meses del tirón con un sueldo más o menos 'fijo'. Vivo prácticamente como mileurista pero estoy feliz de trabajar en algo que me gusta mucho. Por suerte, mi afición es mi oficio.