Abarka se caracteriza por ofrecer a sus clientes productos locales de máxima calidad y frescura.
Situado en la idílica villa de Hondarribia, Abarka está ubicado en un caserío con gran capacidad para celebrar todo tipo de eventos, desde cenas familiares a banquetes de boda.
El restaurante, cuya cocina capitanea Natxo Gracia, se caracteriza por dar total protagonismo a los productos con los que trabaja. «Abarka es un restaurante de producto, también utilizamos nuestras técnicas y realizamos una cocina más elaborada, pero lo que manda es el alimento», destaca Gracia, que a la hora de apostar por los productos lo tiene claro: «Es muy importante comprar producto local. Nos vienen a la puerta arrantzales con bonito, jubilados de aquí con chipirones, nos viene mucha gente de Navarra con hongos… eso son proveedores de máxima calidad y frescura», enfatiza.
Con ascuas de carbón
Una de las grandes señas de identidad de este restaurante es su parrilla. En ella, sobre las ascuas de carbón, que les dan ese toque tan característico a las elaboraciones, preparan tanto los pescados como las carnes que cualquier persona que les visite debe probar.
Otro de los grandes objetivos de este restaurante es lograr dar un servicio completo de principio a fin, desde los entrantes hasta el postre. Por ello, apuestan por ofrecer una carta de postres «que estén elaborados de forma casera, al momento. Nos parece indispensable tener una buena repostería casera, a la altura del resto de platos, que los comensales estén contentos de principio a fin».
El equipo del restaurante está formado por gente joven cargada de ilusión y ganas, un grupo unido y que trabaja en equipo, algo que en palabras del propio Natxo Gracia «es tan importante para el éxito del restaurante como el género y las técnicas empleadas».
Fruto de ese trabajo en equipo, han elaborado un menú gastroplan basado completamente en la cocina de temporada, en los productos propios de esta época del año. En él destacan el foie micuit elaborado en casa, el hojaldre de setas, puerros y langostinos, uno de los grandes clásicos de su carta, y el taco de bonito a la parrilla con guindillitas, para terminar con un postre de crema de vainilla caramelizada que deje a los comensales con un dulce sabor de boca.
El Iturrioz reabrió hace poco más de un año tras remodelar sus instalaciones y deleita a su clientela con la máxima calidad.
Fundado nada más y nada menos que en 1935, el Bar Iturrioz es uno de los grandes clásicos de San Sebastián, uno de esos referentes de la hostelería donostiarra del que en su día fueron asiduas muchas de las personalidades que llegaban a la ciudad. Gestionado desde 1988 por Eduardo Bretón, al que hoy acompaña su hijo Ander, los dos presentes en la barra a diario, el Iturrioz ha sabido reinventarse para seguir deleitando a su clientela con una apuesta decidida por productos de máxima calidad.
El Iturrioz reabrió sus puertas hace poco más de un año después de cerrar cinco meses para remodelar todas sus instalaciones, pero siguen siendo los mismos de siempre y mantienen una filosofía de lo más interesante, que sigue dando sus frutos. Si les presentan una materia prima o un producto algo mejor que lo que tienen, aunque sea un zumo, se lanzan a por ello con firmeza, a pesar de que esto suponga tener que encarecer un poco sus precios, porque dan mucha más importancia a la calidad.
Así, destaca su amplia y buenísima carta rotatoria de vinos, en la que uno encuentra desde los clásicos que nunca fallan hasta caldos de bodegas de fuera, como un fantástico blanco de Nueva Zelanda que acaban de incorporar.
También hacen guiños a las tendencias, como con su variada oferta de cervezas artesanas en botella; siendo, además, uno de los primeros bares de toda la ciudad que apostó por instalar un grifo de este tipo de cerveza.
Pintxos de primera
Funciona desde primera hora con sus hermosas tostadas y las suculentas tartas que les preparan en Àlkhemi Laboratory, pero el Iturrioz no es una cafetería, es un bar. Con una carta de pintxos asentada, mezcla de tradicional y moderna, sus propietarios no eligen uno como la bandera del local, invitan a probar lo que guste o apetezca.
Porque todos están hechos con la mejor materia prima. Desde el bonito del norte ahora que ha estado en temporada, hasta las morcillas de Sotopalacios, pasando por el pulpo o el salmón, los calamares frescos todo el año... o la anguila, que ahora traen directamente del Delta del Ebro, sencillamente porque es mejor que la que tenían.
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