Carlos Núñez: «La gaita era la guitarra eléctrica de la Edad Media»

Carlos Núñez afirma que «en Etxalar nos sentimos como en casa»./IGNACIO GIL
Carlos Núñez afirma que «en Etxalar nos sentimos como en casa». / IGNACIO GIL

El gaitero Carlos Núñez actúa mañana en Bilbao y el domingo en Etxalar dentro de la gira 'La Hermandad de los Celtas'

AINARA AGESTASAN SEBASTIÁN.

El músico gallego Carlos Núñez (Vigo, 1971), considerado uno de los mejores gaiteros del mundo, actúa mañana en Bilbao y el domingo en Etxalar. Regresa en su tradicional gira de Navidad basada en su primer libro 'La Hermandad de los Celtas', publicado en septiembre y que ya va por su cuarta edición. En este trabajo recoge las últimas investigaciones y vivencias sobre los celtas y su música. Ha trabajado durante tres años con arqueólogos, musicólogos y lingüistas. «Lo necesitaba. La gente tenía una visión un tanto superficial de la cultura celta, llena de brumas, de misterio, de magia... quería añadir un lado más científico a tanta magia» cuenta.

El vigués hará vibrar al público en la sala BBK bilbaína y en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción del municipio navarro con los ritmos de la música celta al son de su gaita y de su flauta, arropado por el virtuoso canadiense Jon Pilatzke, Yoann le Goff, de la 'pipe band' de Nueva York y la joven trikitilari etxalartarra Itsaso Elizagoien, entre otros.

- La gira se basa en el libro 'La hermandad de los celtas'. ¿Qué nos vamos a encontrar de especial en los conciertos?

- La verdad es que estoy encantado, hemos aprendido muchísimo. Los descubrimientos del libro y de todo su proceso, muchas de las formulaciones estrellas que se han visto en estos tres años de trabajo interdisciplinar vamos a verlas en el show. Como la gira va a estar muy basada en 'La hermandad de los celtas' vamos a explorar más que en otras ocasiones toda la conexión con las islas británicas, con esta casa común que es el Atlántico. Vamos a tener invitados maravillosos, como nuestro descubrimiento para el mundo, Itsaso Elizagoien.

- ¿Itsaso Elizagoien es 'la causa' de ofrecer mañana un concierto en Etxalar?

- La conocimos hace un par de años cuando hicimos un llamamiento a jóvenes músicos de todo el país para la grabación de la última película de Carlos Saura. Pero de los 20-30 jóvenes que participaron, Itsaso es la única que se ha venido de gira. Nos ha presentado a su familia, a sus amigos, en Etxalar nos sentimos como en casa. Además este año vamos a tener aún más sorpresas que el año pasado, con grupos de niños y niñas con txistus, con trikitixas, danza... Me parece un mundo con mucho cariño a las tradiciones y eso me encanta.

- En los conciertos de Carlos Núñez puede pasar de todo, ¿suele haber sorpresas?

- Hay una cosa que me encanta, que es preparar la pócima mágica, es decir, hacer el programa del concierto. Lo hago tres o cinco minutos antes de salir al escenario, observo al público por un agujerito, tengo sensaciones, como si fuera un druida, y sobre la marcha vamos improvisando, porque hay lugares donde ves que el público es más artista y quiere participar.

Los datos

Programa
'La hermandad de los celtas'.
Lugar y fecha
El domingo, día 25, a las 20 horas en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (Etxalar).
Entradas
Desde 19 euros.

- ¿Se parecen en algo la música celta y la vasca?

- La cultura vasca es muy fuerte, tiene esa fascinación por lo diferencial, por sentirse diferente, pero al mismo tiempo forma parte del arco atlántico y del mundo celta. Me recuerda un poco a Irlanda, es como si el País Vasco fuera una isla, como si las montañas lo hubiesen hecho isla. Hemos descubierto que desde hace siglos los marinos vascos manejaban ya todo tipo de leyendas, de informaciones del mundo atlántico. Se recoge en el libro que los celtas no eran señores que llegaban con cuernos de vikingos del centro de Europa, sino que la Península era el Net Work, el punto de encuentro entre la energía mediterránea y la atlántica, todo lo que llegaba del Mediterráneo a la Península sufría un proceso de síntesis y se convertía en celta. Nos lo dicen los arqueólogos, en el País Vasco hubo celtas, pero lo celta no era ni una raza, ni una cultura única, no. Lo celta era solamente un sistema de intercambio, una voluntad de compartir. Por ejemplo, también se sabe que las primeras lenguas celtas no estaban en Irlanda ni en Escocia, sino que se encontraban en la Península.

- Pero cuando hablamos de los celtas nos imaginamos grandes escoceses o irlandeses ¿por qué no a gallegos o asturianos?

- Los irlandeses y escoceses son celtas desde el año 1500, y eso es muy reciente, es un imaginario que se creó hace poco y que nosotros lo hemos visto a través del cine. A la conclusión que he llegado con el libro es que nosotros tenemos tanto o más derecho aún que los irlandeses o escoceses a utilizar esa marca de prestigio que es la marca celta.

- ¿Y entonces por qué no se utiliza?

- Creo que por desconocimiento. Otro de los descubrimientos es que la gaita no nos llegó de Escocia o Irlanda, sino al revés. La gaita se reinventó en la península ibérica hace mil años con instrumentos supervivientes de vidas anteriores, que podían ser flautas o protogaitas y se ha ido actualizando. Mi gaita produce 110 decibelios, hace dos años hicimos un concierto junto con AC/DC en Suiza, y las leyes del país impidieron que el grupo tocase a más de 100 decibelios, consideraban que era el tope de una escucha sana. Imagínate el pepinazo que fue en la Edad Media la gaita. Era la guitarra eléctrica de la Edad Media.

- Habla de actualización, de reinvención de la cultura celta.

- Es que no solo es una memoria RAM, no es solo un sistema de almacenaje de sabiduría y de transmisión, sino una forma de creación; porque al pasarlo a la memoria tú lo modificas a tu gusto, digamos que una canción, por ejemplo, se está reactualizando a cada momento, por eso las músicas tradicionales son tan profundas. Nos han vendido ese mito del creador solitario, pero las mejores cosas no las crea una persona, son creaciones colectivas.

- Entonces, ¿por qué apenas las escuchamos en radios o bares?

- No nos deberíamos olvidar de nuestras tradiciones, no son ni mejores ni peores que la música clásica, por la que pagamos en conservatorios, orquestas... Nuestras músicas tradicionales tienen otro tipo de sabiduría, tenemos la clave para darle vida a esa música, pero es una modernidad mal entendida desde los años ochenta. Hay otra cosa, vivimos bajo una pequeña dictadura de conciertos pagados con dinero público, con la música se está está haciendo competencia desleal. El dinero público debería ir para que artistas jóvenes descubran sus músicas y puedan viajar con profesionales.

- Ha vendido más de un millón de discos, su libro va por la cuarta edición y tiene múltiples premios, ¿cuál es el secreto?

- Cada vez que subo al escenario vuelvo a tener la sensación de cuando empezaba. Un subidón maravilloso, como si fuera un médium que nota la energía de la gente y del instrumento. Es pura magia que te engancha, es maravilloso y hace que cada día sea como el primero.

 

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