Pedro Pastor: «Hay que cuestionarlo todo»

Pedro Pastor (de pie, al fondo), junto a su banda, los Locos Descalzos, compañeros y amigos de toda la vida y vecinos del barrio./
Pedro Pastor (de pie, al fondo), junto a su banda, los Locos Descalzos, compañeros y amigos de toda la vida y vecinos del barrio.

Perteneciente a una estirpe de cantautores, este joven madrileño presenta hoy en el Doka su segundo disco, 'Sololuna'

ARTURO GARCÍASAN SEBASTIÁN.

Parecía predestinado a que se convirtiera en músico, visto el entorno familiar en que creció. Hijo de los cantautores Luis Pastor y Lourdes Guerra, y sobrino del popular Pedro Guerra, Pedro Pastor (Madrid, 1994) vivió dentro de la música como un ecosistema donde expresarse y encontrar una vocación. Tras debutar en 2012 con un EP, y lanzar su primer disco hace dos años, este joven intérprete ha publicado ahora desde la autogestión el segundo. Titulado 'Sololuna', hoy lo presenta junto a su ecléctica banda en el Doka.

- Dicen que los segundos discos suelen costar más que los primeros, ¿Le ha ocurrido?

- Es cierto. En el primero recopilé canciones que había compuesto desde siempre, de las que eliges las que te parecen mejores. Al llegar al segundo todo empieza de cero.

La cita

Cartel: Pedro Pastor y los Locos Descalzos +Maialen Kanta (D*Kluba), telonera.

Lugar: Doka Kafe Antzokia.

Día: Hoy, viernes, 24 de marzo.

Hora: 21:00 horas.

Precio: 10-13 euros.

Nuevo disco: 'Sololuna' (Autoedición, 2016).

- ¿Ha notado algún tipo de presión, externa o autoimpuesta?

- Algo que he aprendido en casa acerca de la música y cómo afrontar una carrera es que si quieres dedicarte a esto toda la vida, la prisa siempre va a jugar en contra. Tienes que cuidar cada paso que das para no dar demasiados pasos en falso y seguir el camino que te va dictando tu manera de entenderlo. Paso a paso es como mejor salen las cosas.

- Mezcla estilos y ritmos distintos.

- La idea era no limitarse. El disco está influido por los dos años y media que giré con el primero. Hice cuatro viajes a Latinoamérica y esas influencias se notan. Es un disco ecléctico con denominadores comunes: el tono de las letras, donde siempre busco un mensaje sólido para reflejar las vivencias, las opiniones y las actitudes de una manera sincera, y luego, musicalmente, apostar por el no hay límites: lo que va saliendo con la banda se prueba y si funciona, para adentro. Lo mismo una rumba africana que un rock.

- Lleva su carrera desde la autogestión. ¿Mejor controlar todo tal y como están las cosas?

- No hay que hacerse ilusiones para no desilusionarse. Mi equipo son todos gente cercana, colegas, que si esto funciona tengo el regalo de darles curro y eso es muy satisfactorio. El proyecto siempre funcionó, poco a poco, pero hubo un espacio. Puedo vivir de esto. Todo lo que venga después de vivir de cantar mis canciones es bien recibido.

- La temática de las letras es igual de variada que las músicas.

- Un eje común es la libertad como forma de amar. Otro, saber desaprender cosas que nos inculcan socialmente y que nos han cargado con unas actitudes que no me gustan. Aspiro a quitarme el peso de esa mochila para construir una nueva forma de relacionarme y amar, de entender la vida y las relaciones sociales de una forma sana y sincera.

- ¿Hay que desaprender porque no se es libre en esta sociedad?

- Es que no creo que tengamos libertad de decisión. Esa capacidad está absolutamente condicionada por el entorno. Vivimos en el capitalismo salvaje, en una era tecnológica e individualista rodeados de hipocresía. Quien se crea libre asumiendo las reglas de esta sociedad que le obliga a hacer cosas que no quiere, se engaña. Hay que cuestionarlo todo hoy. De eso hablo: de conocerse bien, saber nuestros privilegios y limitaciones y luego tomar decisiones.

- ¿En qué se diferencia la suya de generaciones anteriores?

- En la era que nos ha tocado vivir. El cantautor no deja de ser un cronista de su tiempo. Vivimos realidades y posibilidades diferentes. Nosotros somos unos privilegiados comparados con la generación de mis padres. Pero ahora todo se camufla. Antes estaba claro quienes eran los malos. Tampoco somos figuras políticas como eran ellos, ni tenemos ese peso e importancia social.

- ¿Porque la música ha perdido influencia social?

- Totalmente. Ahora la posibilidad de escuchar y acceder a música es infinita pero antes un disco era una biblia, una fuente de información inmensa de la que podías aprender muchísimo. Ahora eso no es así y encima vivimos en un exceso de información. Es toda una paradoja real.

- ¿Venir de la familia que viene obliga esforzarse más para evitar comparaciones?

- Yo me obsesiono poco. Siempre he hecho música de modo natural. Me dejo ser en las canciones. Obviamente hay gente que se empeña en clasificarte pero yo he tenido mucha suerte en ser hijo de quien soy. Ellos son unas personas libres que me han regalado mucho más allá de la música: me han dado una educación libertaria. He crecido siendo una persona autónoma y eso me ha ahorrado palos y contradicciones en la vida.

- ¿Musicalmente qué consejo le ha dado su padre?

- Pues ninguno. He podido entender observándole y analizando lo que ha hecho. Si algo he aprendido de él es a que cuando tenga 65 años mirarme al espejo y reconocerme será mejor que haber sido famoso o rico.

- Él ha conseguido mantener su carrera sin doblegarse.

- Lo que es seguro es que es uno de los cantautores de su generación que menos dinero tiene. Y de los que menos reconocimiento público suscita pero con unos seguidores que le quieren muchísimo. No tiene nada que ver con otros de su generación que dejaron de lado la lucha para hacerse estrellas del deporte. Y eso él nunca lo ha hecho aunque las pasará canutas. Lo asume. Pero la balanza le cae del lado de la coherencia. Y le permite ser, sobre todo, una persona íntegra más allá de la música.

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