El País Vasco francés o la pugna de identidades

Políticos vascofranceses reivindican un departamento propio en la búsqueda de un reconocimiento institucional del territorio, poco apasionados con el proceso de paz

MANU RUEDA
El País Vasco francés o la pugna de identidades/
El País Vasco francés o la pugna de identidades

La piedra angular para abordar con éxito el proceso de pacificación y normalización, según Batasuna, reside en el reconocimiento del derecho de autodeterminación y la territorialidad del País Vasco. Esta idea, más o menos compartida por los partidos nacionalistas, rechazada de plano por el PP por considerarla el pago de un precio político a ETA, y negada por el PSE, ha puesto el foco sobre Iparralde: un territorio del que en los últimos meses se ha hablado mucho sin apenas escuchar lo que piensan sus representantes.

El debate suscitado en Euskadi se vive en Iparralde con menos pasión, una perspectiva diferente y un horizonte más modesto. De hecho, la reivindicación máxima a corto plazo a la que aspiran el 64% de los alcaldes vascofranceses es el reconocimiento de un departamento propio, que en la actualidad comparten con el Bearn y cuya capital se encuentra en Pau. Un 'techo' muy inferior al Estatuto de Gernika.

Francia está considerado como el Estado más centralista de Europa occidental. Su administración se divide en una veintena de regiones y ésta, a su vez, en un centenar de departamentos, una demarcación bicentenaria. Iparralde se encuadra en el Departamento de Pirineos Atlánticos, integrado en la región de Aquitania.

El sociólogo Igor Ahedo, autor de la tesis 'Entre la frustración y la esperanza. Políticas de desarrollo e institucionalización en Iparralde', sitúa el punto de partida del sentimiento vasquista en la Revolución francesa. «Ésta genera un juego de pugna de identidades cuando no había sentimientos ni nacionalistas ni estatalistas», relata. La identidad vasca pierde fuerza poco a poco y se refleja en un descenso de la transmisión oral. La sociedad permanece relativamente ajena a este debate hasta la década de los ochenta, cuando las estrategias de reordenación del territorio vuelven a visibilizar Iparralde. «Se pasa de una necesidad de uniformización a otra de diferenciación y reconocimiento del territorio», explica Ahedo.

Voces discordantes

Las posiciones de los partidos con representación en Iparralde son más abiertas y menos cohesionadas de lo habitual en Euskadi. De hecho, las formaciones menos abertzales cuentan con varias voces discordantes, una circunstancia que asumen con naturalidad y sin estridencias. Entre las fuerzas nacionalistas, que suman alrededor de un 10% de los votos, la mayoritaria es Abertzaleen Batasuna (AB) -con dos de cada tres sufragios-, mientras que también cuentan con representación Batasuna, el PNV (con menor incidencia) y EA (con escaso apoyo). El partido de Chirac, UMP, que sería comparable al PP español, cuenta en sus filas con Max Brisson, que defiende las ayudas al euskera. El UDF, centrista, se opone en general pero con excepciones al Departamento vasco, que apoyan los Verdes, así como significativos militantes del Partido Socialista (PSF).

Saint Jean Pied de Port-Donibane Garazi, situado en pleno Camino de Santiago, está desbordado por turistas y peregrinos en esta época del año. Las caravanas de acceso al municipio son una constante y todos los alojamientos están completos. Sorprende la cantidad de tiendas con recuerdos de la cultura y folclore vascos, infinitamente superior a las existentes, por ejemplo, en el municipio más simbólico del País Vasco como es Gernika.

Esta imaginería, sin embargo, contrasta con la cotidianeidad. Todos los lunes de agosto por la noche hay un festival de recortadores de vaquillas en una plaza portátil en la que la inmensa mayoría de los asistentes son autóctonos, pero en la que el locutor, que no para de hablar, no pronuncia una sola palabra en euskera.

Uno de los socialistas referenciales de Iparralde, François Maïtia, vicepresidente del Consejo regional de Aquitania, sostiene que una conciencia compartida de la «especificidad vasca» está creciendo en los últimos años. Él se define francés «por trabajo y educación, simpatizante de la cultura vasca y un poco de la española». A su entender, «hoy en día no hay una sola identidad cultural». «Nuestra época nos permite tener variedad en nuestros sentimientos y maneras de vivir», añade.

El presidente del Ipar Buru Batzar del PNV, Ramuntxo Camblong, considera el sentimiento vasquista «fuerte y generalizado, pero no exclusivo». «Pensamos más en un futuro de ciudadanía europea, una Europa federal con un sitio para Euskal Herria», apunta. En este sentido, censura que la República a lo largo de 200 años ha intentado «diluir nuestra personalidad». Una situación a la que poco a poco se le ha dado la vuelta. «La toma de conciencia es lenta pero creciente en Iparralde», describe.

El alcalde de Hendaya, Kotte Ecenarro, es un político pragmático. Este dirigente socialista de padres eibarreses se define como europeo y vascofrancés. Cuando se le cita la territorialidad que reivindican los partidos abertzales responde que «no es la urgencia o preocupación de la mayoría de habitantes de este país». «Hoy no es la prioridad, lo importante es la paz, que aumenten la empresas, el turismo, la vivienda accesible », resume.

El movimiento Batera

La portavoz de Abertzaleen Batasuna, Mertxe Kolina, está convencida de que el sentimiento vasquista «es cada vez más fuerte». Sin embargo, realiza un análisis realista de la situación y diferencia claramente los ámbitos. «En Hegoalde la reivindicación está asumida y el debate se halla en los medios de comunicación, mientras que en Iparralde se hace una reflexión interna para que trascienda con proyectos concretos que ayuden a socializar el sentimiento vasquista en campañas como la de Batera», destaca.

Batera es un movimiento social que reúne a distintas organizaciones civiles, docentes, culturales y lingüísticas de Iparralde interesadas en la consecución de un Departamento propio para el País Vasco francés, la oficialidad del euskera, la cámara agrícola vasca y una mayor relación transfronteriza, entre otras, en materia universitaria. Esta plataforma ciudadana está inmersa en una campaña de recogida de 46.000 firmas, en torno al 10% de la población, que le permitiría demandar un debate para contemplar un referéndum sobre la división departamental.

Desde Hondarribia, al otro lado del Bidasoa, se ve Hendaya, donde las huellas de la página de violencia que se pretende pasar están muy presentes. A escasos metros del Ayuntamiento, frente a la taberna Akelarre y junto a una vivienda con el nombre de Askatasuna, una placa recuerda el asesinato de García-Goena por los GAL. El miembro de la mesa nacional de Batasuna Xabi Larralde afirma en la oficina que la coalición tiene en Bayona, donde todavía se vive la resaca de las fiestas recién concluidas, que «Francia ha sido actor del conflicto -y recuerda a Iparretarrak y al GAL- y tiene que serlo de la resolución».

Los esfuerzos de la izquierda abertzale por implicar al Gobierno francés en el proceso de pacificación y normalización han sido múltiples, a través de cartas y comunicados enviados directamente por ETA, así como por los familiares de los presos de la banda armada Etxerat y la propia Batasuna. El resultado, sin embargo, casi siempre ha sido el mismo: trasladar el tema a España y considerarlo un asunto que compete exclusivamente al Gobierno español.

No obstante, la antigua alcaldesa de San Juan de Luz y actual ministra de Defensa -de la UMP-, Michéle Alliot-Marie, llegó a reconocer tras el anuncio de alto el fuego permanente que dentro de un proceso de paz sin violencia «se puede hablar de todo, incluidos los presos».

El socialista François Maïtia estima que el proceso de paz es un «asunto de España», mientras que los franceses permanecen «a la expectativa de lo que pase allí». «La gente no quiere mezclarse en un asunto que concierne a España», reitera. Las aspiraciones independentistas en Iparralde son muy minoritarias. «No es un movimiento real aquí», precisa Maïtia. «Muy poca gente estaría dispuesta a renunciar a la ciudadanía francesa», asegura. A su juicio, el sentimiento identitario tiene que ver casi exclusivamente con temas «culturales, como el euskera, y de relaciones transfronterizas con Euskadi y Navarra», que él comparte.

Socialización

La discusión sobre una única mesa de partidos para todo el País Vasco, dos o tres, ha sido otro de los argumentos en los que se ha incluido a Iparralde, desde donde, al igual que en Euskadi, hay propuestas para todos los gustos. Maïtia no se imagina un foro multipartito «mientras no se erradique la lucha armada definitivamente». La dificultad de una única mesa estriba, en su opinión, en que Navarra ya tiene su autonomía propia, mientras que la reivindicación en Iparralde es el reconocimiento como Departamento.

En este sentido, asegura que el PSF no ha celebrado reunión alguna preparatoria del foro, aunque admite la recepción de una carta de Batasuna en esta dirección. «Tenemos una actitud de observadores porque no nos corresponde tomar la iniciativa», explica.

Ramuntxo Camblong ve complicaciones en la conformación de una única mesa de partidos. A su juicio, Euskal Herria es «un país único, con tres territorios administrativamente diferentes y tres ritmos históricos distintos». El líder del PNV en Iparralde asume que, en cuanto a la mesa y el proceso, «la batuta la lleva Euskadi y, según lo que ocurra allí, reaccionaremos de una u otra manera».

El primer edil de Hendaya recomienda la creación de una mesa «en Hegoalde para avanzar rápido porque, si se mezclan, los estados no van a hacer caso a sus reivindicaciones». Ecenarro reconoce que Francia es un Estado «muy centralista, muy jacobino» y, en su caso, defiende un Departamento vasco «en el marco de las reglas de la República». Asimismo, admite que el Estatuto de Gernika «va mucho más lejos» que los objetivos que persigue la plataforma Batera que él apoya.

Mertxe Kolina asume que una única mesa es «surrealista», por lo que no la considera prioritaria. Alude al posibilismo para destacar que «estamos ante una oportunidad histórica para comprometernos las fuerzas abertzales y progresistas, avanzar en reivindicaciones específicas y trabajar en la socialización de ideas con el espíritu de Batera».

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