Los 50 años de Lezetxiki

Se cumple medio siglo del inicio de las excavaciones en el yacimiento de Arrasate, en el que José Miguel Barandiaran encontró el hueso humano más antiguo de Euskal Herria

ENRIQUE MINGO

SAN SEBASTIÁN. DV. En 1956, hace exactamente 50 años, el sacerdote y arqueólogo José Miguel Barandiaran inició los trabajos de excavación en la cueva de Lezetxiki de Arrasate. En esta cueva, situada encima de la cantera de Kobate, el sacerdote y antropólogo realizó en 1965 uno de los hallazgos más importantes de la arqueología del País Vasco: encontró un hueso humano -un húmero- de hace aproximadamente 150.000 años, el más antiguo de toda Euskal Herria. En el mes de julio, desde 1968, el arqueólogo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y profesor de la UPV Álvaro Arrizabalaga vuelve puntualmente a Lezetxiki para coordinar los trabajos de campo que se llevan a cabo en este yacimiento, en el que una veintena de jóvenes estudiantes o licenciados en diferentes disciplinas realizan una concienzuda labor de excavación y extracción con el apoyo económico de la Diputación de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Arrasate.

«Sin duda, el hecho más relevante es que este año se cumplen los 50 años desde que comenzaran las campañas de excavación en Lezetxiki. En estos momentos, en una parte de la cueva hemos alcanzado ya una cota que nos mostraría hasta los últimos 70.000 años de ocupación humana y en la parte en la que Barandiarán encontró el húmero, llegaríamos hasta pasados los últimos 150.000 años», afirma Arrizabalaga.

«Desde el año 56, que comenzó Barandiarán, se realizaron trece campañas consecutivas hasta que en el 68 se paralizaron», prosigue Arrizabalaga mientras dirige el trabajo desde la cueva. En el 96 se retomaron los trabajos con tres intenciones: solucionar el problema de conservación del yacimiento porque, aunque se trata de un yacimiento en cueva, en realidad funcionaba como un yacimiento al aire libre al haberse caído la bisera, con lo que la lluvia colapsaba todo». Además, había un gran problema de furtivos «que venían a rascar y fastidiar. Este no es un yacimiento con una densidad excesiva de restos. No es la tumba de un faraón».

El tercer objetivo consistía en «aclarar una serie de dudas y cuestiones que en las excavaciones de Barandiarán se habían generado en cuanto a la reconstrucción ambiental, cronológica o simplemente del contexto de los restos humanos que hay en este yacimiento, que son sin duda el elemento diferencial que lo hace tan especial», continúa el arqueólogo de Aranzadi.

Protocolos habituales

Las dos primeras intenciones se han satisfecho. Lo primero fue colocar una tejavana que hiciera posible un trabajo continuado, después se limpió la zona y el Ayuntamiento de Arrasate compró el terreno con lo que la conservación del patrimonio queda garantizada. El tercer objetivo, el trabajo de verificación y datación, es en el que se pone actualmente todo el énfasis. «En este momento existen métodos que en época de Barandiran no existían y hoy, cuarenta años después, son de protocolo habitual para estudiar épocas de estas características».

«Lo más reseñable de la cueva de Lezetxiki, es que es el único sitio que da información exhaustiva de las primeras ocupaciones humanas en el País Vasco», asegura Arrizabalaga. «Hay algún yacimiento con restos neandertales pero ninguno preneandertal como éste. Es especial porque es una secuencia poco corriente en la que vamos a encontrar restos humanos; unas muelas de neardental y un húmero, un hueso del ser humano más antiguo que se conoce en Euskal Herria».

«Nuestro trabajo trata de hacer una reconstrucción integral del yacimiento y de cada una de esas ocupaciones. Cada nivel que nosotros hemos excavado se corresponde a una fase de ocupación que puede tener una duración por ejemplo de 500 o 1.000 años de un tipo humano concreto. Lo que tenemos que reconstruir de cada yacimiento, y de cada uno de esos niveles de ese yacimiento, son la cronología, la secuencia ambiental -condiciones ecológicas, climatología- y una reconstrucción de la explotación económica que hace el ser humano de ese medio. En Lezetxiki nos encontramos con grupos de cazadores-recolectores itinerantes, nómadas, que se mueven en una región más o menos extensa según de que tipo humano hablemos, que están rotando entre campamentos estacionales en los que pasan a veces semanas o meses, y uno de esos campamentos importantes es Lezetxiki», comenta Arrizabalaga.

Necesidades básicas

Todo indica que estos grupos humanos «se mueven de campamento teniendo en cuenta los recursos que hay en ese momento en esa zona, porque les mueven las necesidades básicas. Por ejemplo si es una época templada y en esta zona hay avellanos o castaños, se mueven aquí en otoño para recolectar esta fruta».

Otra faceta a reconstruir es la de «la capacidad tecnológica que tiene el ser humano en cada momento». Desarrollan industria en hueso y en piedra (también en madera, pero ese material no perdura) y según su capacidad tecnológica o mental son capaces de desarrollar estrategias más o menos complejas.

Por último, hay que determinar de qué tipo de humano se trata. «En Lezetxiki encontramos tres tipos humanos que serían 'primos', no tendrían descendencia genética directa sino que son líneas paralelas. Aquí hemos conocido a los heildebergensis (aproximadamente 150.000 años), hemos conocido a los neandertales (entre 80.000 y 40.000 años) y hay un momento que es el de la aparición de los cromañones (entre 40.000 y 30.000 años) que aquí se ve muy bien y que hace de este un yacimiento muy importante para describir en qué circunstancias se produce el remplazo de los últimos neandertales con los primeros cromañones».

Otra cuestión importante para Arrizabalaga es la del estudio de los comportamientos complejos culturales, los comportamientos simbólicos. Analizar si esos restos humanos están asociados a un ritual o no. Saber si efectuan enterramientos o rituales funerarios, si utilizan adornos, pinturas... «En Lezetxiki hemos encontrado cuatro conchas marinas que el tipo neandertal utilizaba como colgantes, ya fuera para la ropa o el pelo, y esto, que es algo bastante habitual entre los cromañones, es insólito dentro de los neandertales, ya que sólo hay media docena de lugares en el mundo en los que se ha descubierto esta conducta».

El profesor de Arqueología de la UPV quiere hacer incapie en que «detrás de la gente que nos encontramos aquí hay un equipo de expertos, tan grande o mayor, que realiza los analisis de laboratorio y técnicos de todo el material que extraemos aquí».

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