La luz más letal

Los rayos, como las bicicletas, son propios del verano aunque constituyen el fenómeno meteorológico que más muertes provoca en el mundo

OIER FANO

SAN SEBASTIÁN. DV. Alrededor de quinientos rayos han golpeado sobre la faz de la tierra durante el tiempo que han tardado en leer esta frase. A razón de cien por segundo. Este peligroso fenómeno meteorológico, que se cobra anualmente la vida de casi medio millar de personas en todo el mundo, es la forma que tiene la atmósfera de equilibrar las cargas eléctricas entre la ionosfera y la superficie de la tierra. El verano es la estación en la que aparecen con más asiduidad. En realidad, un rayo es una descarga eléctrica que golpea la tierra y que proviene de la polarización que se produce entre las moléculas de agua de una nube. Sus cargas negativas son atraídas por la carga positiva de la tierra. Esta descarga puede desplazarse hasta trece kilómetros y alcanzar una velocidad de 140.000 kilómetros por segundo. Tras su impacto en la tierra, el rayo puede destruir, en función de su potencia y de las características del suelo, un radio de veinte metros.

De Oria a Irun

En Gipuzkoa caen anualmente 2,5 rayos por kilómetro cuadrado. La zona del Oria e Irun y Hondarribia están por encima de la media, con 3,5 rayos recibidos por kilómetro cuadrado. Lejos, eso sí, del Mato Grosso do Sul, en el suroeste de Brasil, en donde se registran veinte rayos por kilómetro cuadrado cada año. El rayo es el fenómeno meteorológico que más muertes humanas provoca, por delante de tornados, huracanes e inundaciones.

Margarita Martín, directora del Centro Meteorológico de Igeldo, habla de su peligrosidad. «Los rayos suelen golpear la parte más alta de la tierra. Así, si el foco de la tormenta está próximo a una zona en la que hay algún árbol, éste sufrirá el impacto, por lo que hay que evitarlos. Los montañeros, al estar en la parte alta de un monte, son los que más posibilidades tienen de sufrir el impacto de un rayo, pues buscan cuerpos que conduzcan bien la electricidad, y el cuerpo humano, compuesto en gran medida por agua, cumple a la perfección los requisitos».

La directora asegura que no se puede evitar el impacto de un rayo sobre una persona, pero «con una serie de medidas, se puede disminuir notablemente la posibilidad de ser alcanzados. Las opciones son pequeñas -matiza- pero existir, existen y hay que tenerlas en cuenta». La meteoróloga explica que incluso estando dentro de casa sufrimos un moderado riesgo de impacto. «En Estados Unidos mueren anualmente alrededor de diez personas mientras hablan por su teléfono alámbrico, en medio de una tormenta. Cuando los rayos alcanzan un poste eléctrico derivan el exceso de energía por su tendido eléctrico y ésta puede salir por cualquier sitio». Margarita Martín recomienda también cerrar las ventanas evitando las corrientes, que podrían atraer un rayo e insta a eliminar cualquier objeto metálico ubicado en el balcón. Sin embargo, es en el exterior donde aumentan las posibilidades de ser alcanzados por un rayo.

Seguridad de los coches

«Los pararrayos son menos efectivos de lo que la gente supone. Absorben el impacto si el rayo cae en un radio de unos veinte metros alrededor de su ubicación, pero nada más». Martín recomienda guarecerse en el interior de un vehículo si la tormenta le sorprende en mitad de un monte. «Es un sitio seguro, aunque si el coche recibe el impacto habrá que evitar salir del mismo hasta que la electricidad abandone el vehículo». Si no tiene dónde refugiarse, tumbarse a ras de suelo puede ser una buena idea. «Cuando un grupo de montañeros ve que la tormenta está sobre sus cabezas, lo mejor que pueden hacer es separarse, para no formar un núcleo de energía. Deben mantenerse lo más próximos a la corteza terrestre, para no tentar al rayo. Y, por supuesto, habrá que apagar los teléfonos móviles, ya que los atraen». Asimismo, nunca se debe correr durante una tormenta y menos con la ropa mojada. Se crea, de esta forma, una turbulencia en el aire y una zona de convección que podría atraer el rayo.

«Los montañeros deben deshacerse de sus objetos metálicos y alejarse de donde los han depositado, pues son buenos conductores de electricidad, y si pese a todas estas medidas notan un cosquilleo, un zumbido o que se les eriza el vello deben tirarse al suelo sin moverse, pues el impacto de un rayo es inminente. Sólo quedará rezar», matiza la meteoróloga.

Para saber con cierta exactitud si la tormenta eléctrica está próxima al lugar en donde nos encontramos existe un sencillo método que Margarita Martín explica. «Los truenos los provocan las oleadas de corrientes en el rayo, que forman un canal de gases a altas temperaturas y presiones. Cuando el rayo cae cerca, el trueno suena como un brusco chasquido, pero a mayor distancia produce sonidos retumbantes. Como la luz del rayo se ve antes de que se oiga el trueno, se puede calcular la distancia en kilómetros desde el rayo. Basta con contar el número de segundos entre el rayo y el trueno y dividir por cinco».

Poder destructivo

Entre los desperfectos que han causado los rayos en Gipuzkoa, Martín recuerda la destrucción de la estación meteorológica de Igeldo, hace casi un año, tras ser alcanzada por un rayo. «Fue un impacto bestial. Un rayo chocó contra nuestro pararrayos, que funcionaba a las mil maravillas. Pero fue tal la magnitud de la descarga que la energía penetró en el sistema eléctrico del complejo. Todos los enchufes saltaron y nuestros sistemas de detección meteorológica, que eran eléctricos, quedaron inservibles. Gracias a Dios no había nadie dentro y no tuvimos que lamentar daños personales. Además, pudimos seguir con nuestra actividad gracias a nuestros sistemas manuales».

Los impactos de rayos sobre seres humanos no son tan letales como en animales. Muchas personas que son alcanzadas por un rayo sobreviven, aunque las secuelas pueden variar desde la ceguera parcial o la ruptura de órganos internos, hasta la disfunción muscular o la amnesia parcial. Las consecuencias varían en cada caso. Existe el caso de un guardia forestal norteamericano que sigue vivo tras haber recibido la descarga de siete rayos diferentes.

Generadores de vida

Paradójicamente, existe una teoría científica que señala a los rayos como creadores de la vida humana. Harold Urey, Premio Nobel de Química en 1934, llegó a la conclusión de que la tierra estaba formada inicialmente por amonio, hidrógeno, metano y vapor de agua. Stanley Miller, uno de sus alumnos, diseñó experimentalmente en 1950 un ambiente formado sólo por los elementos mencionados. Le agregó una chispa eléctrica para iluminarlo y descubrió, tras asegurarse previamente de que ninguna estructura viva habitaba en el ambiente, que se habían formado aminoácidos, los componentes de las proteínas, una semana después del chispazo. Independientemente de que la teoría sea cierta o no, los rayos también tienen efectos positivos. El suelo terrestre se enriquece con el nitrógeno liberado desde la atmósfera por los rayos y transportado por las gotas de lluvia, circunstancia que aumenta su fertilidad.

En Brasil o Estados Unidos el riesgo de ser alcanzado por un rayo es grande, pues los rayos matan a 150 y 200 personas al año respectivamente. En Gipuzkoa el peligro es sensiblemente menor, pero por si acaso, ya saben, más vale prevenir