Espirales del desasosiego

ALVARO BERMEJO
Espirales del desasosiego/
Espirales del desasosiego

Se suele adscribir al mínimal un estilo literario cuya peculiaridad consiste en contar historias aparentemente intrascendentes donde, de pronto, una confesión o un gesto banal iluminan el lado oscuro de una existencia, pero también el sentido profundo de cada historia. Los diecisiete relatos que configuran el estreno narrativo de Juan Velázquez acreditan esa definición, pues en todos ellos su estructura se sostiene sobre un elemento de tensión que deja en suspenso al lector hasta su consumación. Un bar de barrio puede ocultar un opresivo microcosmos de claudicaciones y angustia existencial. Cualquier familia feliz sabe que la bestia del apocalipsis puede agazaparse dentro de un inocente peluche.

No en vano, todos estos Secundarios de lujo son protagonistas de insomnios recalcitrantes. Casi todos se encuentran atrapados en la espiral del desasosiego y a la espera de la infelicidad. O de algo peor. Hay aquí un espléndido Cuento de Navidad que estremece, y no precisamente por su ternura. Pero también hay un relato imprescindible, El último trayecto, que debería incluirse en el programa de lecturas escolares de este país.

Siendo algunas de sus imágenes poderosas, la escritura de Juan Velázquez destaca por su notable poder de trazar tipologías y verbalizar situaciones. Con muy pocas palabras, consigue que sus relatos queden resonando en la mente del lector. Es su manera de ganarnos la partida, pues es ahí donde hacemos nuestro su mundo y su incertidumbre, para convertirlos en un desasosegante -y apasionante- problema personal.

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