La festiva solemnidad de San Pedro

Los actos de la mañana contaron con centenares de espectadores

IÑIGO MORONDO
La festiva solemnidad de San Pedro/
La festiva solemnidad de San Pedro

IRUN. DV. Por la tarde iban a empezar a resonar los cascos de los caballos y desde ahí en adelante la ciudad se iba a mover ya, hasta el día de hoy, al ritmo de las marchas sanmarcialeras. Aunque lo más propio de las fiestas estaba a punto de comenzar, cientos de personas participaron en los actos matinales del día 29.

Primero, la Diana de San Pedro congregó a decenas de personas en la plaza de San Juan, con mayoría notable de los últimos rezagados, de la que se considera la gran noche de fiestas, la de la víspera de San Pedro. Eran las ocho de la mañana, y el Quinto levanta daba el pistoletazo de salida a la ajetreada jornada.

La parroquia del Juncal se llenó hasta las puertas para celebrar la Misa Solemne Mayor, la que las intervenciones del coro parroquial convierten en uno de los momentos más hermosos de las fiestas. La conclusión del oficio coincidió con las campanadas de las doce del mediodía. Para entonces, la plazoleta ya estaba abarrotada, a la espera de que los corporativos del Ayuntamiento hicieran gala de sus dotes de baile en la tradicional interpretación del Aurresku. Con los que se quedaron después de la misa, la plaza del Juncal lucía un aspecto magnífico, con más de medio millar de personas presenciando el baile de los munícipes.

Escoltados de nuevo por los txistularis y los músicos de la Banda, los concejales y el alcalde regresaron al Ayuntamiento, donde, hacia la 1, la Banda de Música Ciudad de Irun ofreció su concierto de San Pedro. Hubo variedad de obras, pero no faltó ni una sola de las sintonías de la banda sonora original de las fiestas irundarras. También, su actuación atrajo el interés de muchos irundarras y en este acto se volvió a superar la barrera de los 500 espectadores que pintaron la plaza de San Juan con un ambiente propio de lo que vivimos estos días.

La presencia festiva en las calles se mantuvo aún en el centro tras la finalización del concierto. Claro que no pudo prolongarse demasiado. A las dos y media empezaron a quedarse vacíos los bares y las aceras porque los irundarras estaban ya pensando en la revista.