Aranzadi demuestra que los hombres del mesolítico se alimentaban con peces capturados a cierta distancia de la costa

Hace más de 8.000 años, en pleno Mesolítico, los seres humanos que habitabanel País Vasco ya se hacían a la mar para capturar peces, dieta que al menos suponía un 50% de su alimentación, como demuestran los restos arqueológicos descubiertos en Jaizkibel por la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

CARLOS LÓPEZ. EFE. SAN SEBASTIÁN

Todavía no cazaban ballenas, como harían sus descendientes muchos siglos después, ni capturaban atún y anchoa, como los arrantzales actuales, pero los hombres que hace 8.300 años se asentaron en el monte Jaizkibel, entre las localidades costeras de Pasaia y Hondarribia, tenían ya el valor y los conocimientos suficientes para embarcarse y alejarse al menos unos dos kilómetros de la costa para pescar.

Se trata de un momento de tránsito entre el Paleolítico y el Neolítico y de grandes cambios climáticos y culturales en el que, según explicó el profesor de Prehistoria de la UPV y miembro de la Sociedad de Ciencias de Aranzadi Alvaro Arrizabalaga, la necesidad impulsó al ser humano a buscar nuevas formas de conseguir alimentos y le empujó a la aventura de adentrarse en el mar abierto.

El descubrimiento de esta primitiva práctica pesquera fue posible gracias a las pruebas practicadas sobre los huesos humanos de un hombre descubiertos hace tres años en un depósito de conchas situado en el monte Jaizkibel, denominado "J-3", cuya excavación fue dirigida por la arqueóloga María José Iriarte y financiada por el Ayuntamiento hondarribiarra, y que es considerado el enterramiento más antiguo de Euskadi.

El arrantzale de Jaizkibel

El análisis de estos restos ha demostrado que este individuo, de entre 30 y 40 años y de un metro y medio de altura, tenía en su dieta un importante aporte nutricional de peces capturados a cierta distancia de la costa, unos resultados muy similares a los obtenidos de las pruebas a la que fueron sometidos otros restos humanos localizados en las cuevas asturianas de La Poza l'Egua y Colomba.

El estudio multidisciplinar sobre los huesos humanos de la gruta guipuzcoana y estas dos asturianas ha sido desarrollado conjuntamente por expertos de las universidades del País Vasco, Oviedo, Cantabria, Alcalá de Henares, Complutense, Salamanca y Alberta (Canadá).

Arrizabalaga explicó que el descubrimiento de que el hombre de Jaizkibel (unos 4.000 años más antiguo que el conocido Otzi encontrado en un glaciar de los Alpes) pescaba mar adentro, está corroborado por el hallazgo de vértebras de pescado y de espinas de un pez similar al rape en su enterramiento.

El experto precisó que en esta misma sepultura también se encontraron restos de lapas, bígaros, pinzas de cangrejo y erizos de mar, además de algunos huesos de jabalíes, semillas y herramientas de sílex.

Capacidad de adaptación

El arqueólogo aclaró que no se han localizado restos de artes de pesca, porque en aquella época los anzuelos se elaboraban con madera y hueso, materiales que no hubieran resistido la corrosión del ácido sedimento de Jaizkibel.

De hecho, el único motivo por el que se han conservado los restos humanos ha sido la presencia de las conchas que, al contener carbonato cálcico, neutralizaron la acidez del terreno y permitieron que algunos de los huesos de este hombre llegaran hasta nuestros días, aunque en un estado tan precario que la prueba de ADN a la que han sido sometidos no ha arrojado resultados positivos.

Arrizabalaga destacó la importancia de este descubrimiento, porque pone de relieve la excepcional capacidad de adaptación de la especie humana a las condiciones de un entorno cambiante.

Periodo exigente

Recordó, en este sentido, que el Mesolítico es un período de la prehistoria muy exigente, porque tiene lugar "al final de la última glaciación, cuando los animales de clima frío desaparecen y el bosque se extiende de una manera muy rápida, con lo que se produce un cambio de fauna y vegetación al que el ser humano tiene que adaptarse muy rápidamente".

"El Mesolítico es un claro ejemplo de la enorme versatilidad del ser humano para adaptarse a situaciones nuevas en plazos de tiempo muy breves".

"El yacimiento de Jaizkibel es relevante porque refleja que el hombre está explotando diversos nichos en esta época. Rastrea el litoral para recolectar marisco, caza jabalíes y empieza a hacer cosas nuevas como la pesca en el mar", lo que pone de manifiesto la capacidad de adaptación que ha permitido nuestro éxito actual como especie dominante, concluyó el experto.

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