«La gente va más por la guitarra, pero el piano es el gran instrumento polifónico»

Tiene la moto, una Drag Star, aparcada bajo las ventanas de su academia de música en Prim. Tiene tatuajes 'de los de antes', a gilette. Es afinador. Y guardaespaldas

BEGOÑA DEL TESO
«La gente va más por la guitarra, pero el piano es el gran instrumento polifónico»/
«La gente va más por la guitarra, pero el piano es el gran instrumento polifónico»

La academia de música la tiene justo en una casa que fue de Nicanor Zabaleta, el gran arpista. Sus orígenes están en Miranda. Su estudios para convertirse en afinador los hizo en Alemania. Toca el piano en ceremonias nupciales y acompaña estrellas durante el festival de cine.

- Piano, ¿qué armatroste, qué grande, qué pesado, qué demasiado clásico!

- Todo lo que quieras. Y es verdad. ¿Ves? Por ahí va un chico en bici con la guitarra a la espalda. Mucho más cómoda la guitarra. O el bajo. Y la flauta, ni te cuento. Pero el piano, tan clásico, tan rimbombante, es el gran instrumento polifónico. Se vale solito para dar un concierto. Los demás, necesitan apoyos. Imagínate, por el contrario, al pobre y magnífico clarinete... Y, además, piénsalo un poco: ahora a cualquier chaval le regalan un tecladito. Y con eso basta para enamorarse luego del piano, o del órgano, o del harmonium. Y ni te imaginas cuando al piano le colocas un ordenador.

-¿Un ordenador encima de mi Yamaha, de mi Steenway, de mi Schimmel?

- Mujer, no hace falta que lo pongas encima. Quería decirte que con la ayuda del ordenador puedes crear, recrear, una orquesta virtual, unas mezclas magníficas, unas sensaciones de rock o hip hop, que hacen que el piano deje de tener esa imagen de instrumento viejo. Eso sí, primero Bach, luego el blues.

-¿Qué me quiere decir con eso?

- Que si eres capaz de tocar a Bach serás capaz de tocarlo todo. Para romper el ritmo primero hay que tenerlo. Si empiezas por el blues o por cualquier otra historia acaso no llegues a Bach.

-Bach, ¿jó qué muermo!

- ¿Estás segura? Vuelve a pensar un poco: Bach, Beethoven, Mozart, fueron grandes innovadores, rompieron con mucho de lo que se suponía clásico en sus tiempos. Cierto que a Ludwig von nos lo han convertido en un busto de mirada fiera para poner encima de los pianos pero eso no tiene nada que ver. Eran rebeldes y si compusieran ahora seguro que hacían rock, seguro que hacían jazz. O heavy.

-Usted compone.

- Claro. Sería tonto no hacerlo. Es un placer. Llevo mucho tiempo con el piano como para no componer, no tocar, no afinar, no dar clases. Empecé con 7 años. Fui aprobando los cursos... A los 18 ños ya tenía una carrera. 20 llevo con el piano a cuestas.

-Ha dicho que fue aprobando... ¿sólo eso?

- No, algo más también, pero sí es verdad que acaso, en otra tesitura de vida, hubiera conseguido estar dando conciertos en vez de clases. Pero ya sabes. Empiezas a los siete años. Tampoco tienes tan claro que eso vaya ser tu vida. De pronto, muy joven, tienes ya una carrera, una profesión.

-Tantos y tantos alumnos, ¿cómo son?

- Todos distintos. Hay quienes vienen por placer. Otros que vienen y van. Niños enganchados a las teclas. Niños a los que les traen porque sus padres quisieron tocar el piano y no pudieron. Te da pena ver al alumno que tiene el don pero no le interesa. Te entregas a aquel que no lo posee pero persevera y persevera. Tengo gentes que, de mayores, están cumpliendo el sueño que no pudieron realizar de jóvenes... mil mundos.

-Afina pianos. Hábleme de la salud de los pianos donostiarras.

- No es la mejor del mundo. Por puritita dejadez de algunos propietarios. El piano es como lo de la limpieza de dientes: una vez al año. Pero nos olvidamos. Y luego claro, la gente quiere que, de pronto, ese piano dejado de las manos de un afinador durante 10 años suene como antes. Pero para lograr ese como antes se necesitan dos, tres afinaciones...

- Yo le he visto a usted. En el María Cristina. Pero no al piano sino junto a Anthony Hopkins.

- Una de esas carambolas de la vida. Un día, faltó gente para compañar a las estrellas de la película El Zorro. Nos llamaron a un amigo y a mí porque nos conocían. Y así empezó todo. Ando entre artistas. Les acompaño. Y luego toco para ellos el piano. Mola mucho, ¿sabes? Algo así como El segureta que sabía tocar el piano... Y tienes razón, no me has visto sentando al teclado del María Cristina. No me dejaron. Creían que sólo era un guardaespaldas, un gorila. Les dejé mi tarjeta de profesor y afinador. Para que se enteraran...

- Descríbame un gran momento ante el piano.

- Cuando sientes por primera vez que tus dedos no aporrean las teclas sino que las acarician y extraen música de ellas.