Cuatrocientos nombres vascos al norte de los Pirineos

La región de Aquitania atesora la mayor colección de términos propios del euskera arcaico

M.J.C.

VITORIA. DV. Estrabón escribía en los primeros años de la era cristiana en su 'Geografía': «Los aquitanos son completamente diferentes (de los demás galos) no sólo linggüística sino corporalmente, y más parecidos a los iberos».

Apenas existen referencias sobre el parecido lingüístico al que se refiere el geógrafo y escritor griego. La razón es muy sencilla. Luis Núñez Astrain la explica en 'El euskera arcaico: Extensión y parentescos'. «No se conserva ningún texto arcaico redactado en euskera, pero sí unos nombres vascos incluidos en inscripciones latinas sobre piedra, generalmente mármol, de los tres primeros siglos de nuestra era», señala el investigador para referirse a las lápidas funerarias de Aquitania.

Estas inscripciones contienen unos 400 nombres vascos de personas, supuestamente referidos a difuntos, y unos 70 de divinidades vinculadas generalmente a algún árbol o animal, y muy diferentes de las deidades de las zonas próximas en la ribera derecha del Garona, ya en territorio de los galos.

Siglos I y III d.C.

Esta colección de nombres propios, fechada entre los siglos I y III d. C., constituye el primer testimonio escrito de la lengua vasca. Pero en esta época no se encuentra ni un solo vocablo que haga referencias a cuestiones comunes.

Los rasgos fonéticos de esta nómina, que contiene también híbridos del euskera con otras lenguas, son válidos para los nombres testificados al sur de los Pirineos, que son mucho menos abundantes.

Así, Navarra, Guipúzcoa y Álava también registran en estos mismos siglos estelas funerarias con nombres propios euskéricos. Seis son de la zona central de Álava. Se da la circunstancia de que dos de ellas fueron encontradas, precisamente, muy cerca de Iruña-Veleia.

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