Los síntomas físicos del síndrome de abstinencia tras dejar de fumar duran entre cuatro y seis semanas

La adaptación del metabolismo a la nueva situación hace más fácil la pérdida de los kilos que se suelen ganar al dejar el tabaco

MARIO GARCÍA
Los síntomas físicos del síndrome de abstinencia tras dejar de fumar duran entre cuatro y seis semanas/
Los síntomas físicos del síndrome de abstinencia tras dejar de fumar duran entre cuatro y seis semanas

SAN SEBASTIÁN. DV. Si usted ha fumado durante veinte años a razón de una cajetilla diaria, posiblemente al cabo de todo ese tiempo habrá dado un millón de caladas. Habrá repetido una y otra vez un gesto que ya es consustancial a su forma de desenvolverse y expresarse, y que de alguna forma refuerza el mecanismo de la adicción. Pero no se desanime. Si quiere dejarlo, puede hacerlo. Debe saber, no obstante, que tiene muchas probabilidades de sufrir algunos de los efectos físicos del síndrome de abstinencia. Puede que se encuentre triste, insomne, con unos kilos de más o quizá insoportablemente cabreado. Es normal. A las cuatro o seis semanas se encontrará mejor. Habrán disminuido estos síntomas y, además, habrá recuperado el olfato y el gusto, y podrá pasear durante más tiempo sin agotarse tanto como solía. Y ya no sufrirá esa desagradable tos que le acompañaba al levantarse de la cama. Pero, ojo, que aún no está libre de la recaída. Además de adicción física, el tabaco provoca dependencia social y psicológica. Si su decisión es firme, no tema. Siga adelante y no dude en acudir a su médico si cree que necesita ayuda. Posiblemente él le derivará a la unidad de tabaquismo del hospital más cercano o a las asociaciones que organizan con todas garantías cursillos para dejar de fumar. Y no vaya a los charlatanes, ni a los que ofrecen métodos pseudomédicos o milagreros.

Los síntomas

Como en toda adicción, al abandonar drásticamente el tabaco se produce un síndrome de abstinencia que cada cual percibe de forma diferente. Los síntomas iniciales son puramente físicos. El primero de ellos recibe la denominación inglesa de craving y, aunque es palabra sin una traducción precisa, equivale al deseo irrefrenable por una calada. Es una tentación que sólo dura unos segundos, pero que hay que saber vencer. La abstinencia suele venir también acompañada de otros muchos síntomas, una larga lista que el neumólogo Javier Laparra, de la Unidad de Tabaquismo del Hospital Donostia, resume en «ansiedad, intranquilidad, irritabilidad, nerviosismo, enfado y mal humor, tristeza y cansancio; además, aumenta el apetito y, consecuentemente, se gana peso, una circunstancia difícil de tolerar; hay trastornos digestivos y estreñimiento, y se producen cambios del sueño que unas veces se traducen en insomnio y otras en somnolencia». A veces el síndrome causa cefaleas y no es extraño que produzca cansancio, dificultad de concentración, tristeza e incluso un sentimiento de frustración.

Los síntomas físicos de la adicción duran un mes o mes y medio y conocerlos de antemano contribuye a que puedan ser asumidos con menor ansiedad. En cualquier caso, según recomienda el psicólogo Jesús Muñoz, de la Asociación contra el Cáncer de Gipuzkoa, «siempre hay que plantearlo como un proceso personal, porque cada cual lo vive de forma diferente e incluso se manifiesta de distinta manera en una misma persona cada vez que pasa por esta situación; hay gente que al principio está bien pero empieza a sentir los efectos al cabo de unos días y otros, al contrario, que comienzan a padecerlos de forma muy intensa nada más abandonar el tabaco, pero poco a poco se van relajando».

Vencer el miedo

Los efectos de la abstinencia preocupan a los fumadores que se disponen a iniciar un cursillo para dejar el tabaco. Según Vanessa Carralero, psicóloga y terapeuta familiar de la Asociación contra el Cáncer, «vienen con miedo, preguntan cómo van a reaccionar y cómo van a enfrentarse a las situaciones en las que antes no tenían sentido sin un cigarrillo en la mano; a unos les preocupa el fin de semana y el contacto con los amigos; para otros, el problema está en el estrés del trabajo; hay quien está esperando a las vacaciones para tomarse el adiós al tabaco con más calma y otros, en cambio, temen el periodo vacacional porque es el que más les incita a fumar». Y es que no todos los fumadores tienen la misma adicción. Por eso, en la consulta de Tabaquismo del Hospital Donostia se intenta confeccionar un perfil del paciente. «Es muy diferente la situación de una persona relativamente joven, poco enganchada al tabaco, con una fuerte motivación social, a la de un fumador con una trayectoria de 25 años, con una gran adicción y que busca ayuda porque ha comprobado el deterioro de su salud», explica el neumólogo Javier Laparra. En cualquier caso, existen unos test que miden la dependencia física del paciente y que permiten definir el tipo de tratamiento que se debe aplicar en cada caso.

Los neumólogos están comprobando que las terapias sustitutorias de la nicotina funcionan con resultados muy apreciables. Por ejemplo, los chicles y parches de nicotina ayudan a combatir los primeros efectos del síndrome de abstinencia. También se ha demostrado la eficacia de un fármaco, el Bupropion, que se comercializa como Cintabac, un antidepresivo que presentaba como efecto secundario la pérdida espontánea del hábito de fumar. Se investigó en esta línea y los científicos comprobaron que el medicamento tiene la capacidad de rellenar los receptores de la nicotina del cerebro. Así que se recicló convenientemente este fármaco para potenciar su capacidad de actuación frente al tabaco. El tratamiento basado en el Bupropion es de ocho semanas y el éxito se cifra entre el 30% y el 35% de abstinencias consolidadas al cabo de un año, un porcentaje altísimo. Pero, cuidado, que no todo el mundo puede tomar este medicamento. Debe prescribirlo necesariamente un médico. Y otro obstáculo importante es que los tratamientos farmacológicos no los financia la sanidad pública. Por lo menos, en Euskadi; sí en Navarra.

El acto social de fumar

Pero los efectos puramente físicos no son la única barrera del síndrome de abstinencia. La nicotina crea dependencia psicológica y social. Falta la droga y con ella todo un rito de comportamiento asociado al hecho de fumar. Frente a esta necesidad, el tratamiento se articula en torno a tres fases. En la primera el propio paciente ha de plantearse cómo y por qué quiere dejar de fumar, qué cigarrillos son los más apetecibles, cuáles los más prescindibles y con qué estrategias podría frenar el deseo de fumar. La segunda fase implica la correcta elección de su primer día sin tabaco y para ello no ha de tener demasiada prisa. Y en la tercera etapa se plantean las estrategias para mantenerse sin fumar.

La primera semana

La primera semana suele ser la más complicada. Exige un mayor esfuerzo en la medida en que se haya desarrollado la adicción. Pero si se cruza esta línea, las probabilidades de éxito aumentan de forma espectacular. En esta fase se recomienda mantenerse ocupado, hacer ejercicio, evitar situaciones de «alto riesgo», pensar en el dinero que se ahorra al no fumar y asumir que se ha tomado la decisión más saludable de toda la vida. Si se engorda no hay que preocuparse demasiado, explica el psicólogo Jesús Muñoz: «Es una circunstancia que se puede prever y que con muy poco esfuerzo se logra solucionar porque el metabolismo tiende a autorregularse; pero no se puede utilizar ese hecho como excusa para volver a fumar». En el cursillo promovido por la Asociación contra el Cáncer se plantean técnicas psicológicas estructuradas y además pequeñas estrategias para ayudar a sobrellevar los peores momentos. «Son pequeños trucos, como llevar un bolígrafo en la mano que, de alguna forma sustituye al cigarrillo, beber líquidos, darse un a ducha cuando el deseo es muy intenso o el cigarrillo mentolado de las farmacias», explica Vanesa Carralero.

Y es que no son pocas las tentaciones que diariamente asaltan a los ex fumadores: la hora del café, al levantarse o después de desayunar, viendo la televisión, conduciendo, en presencia de otros fumadores, el estrés del trabajo, esperando, a los postres, el último antes de acostarse... Son las situaciones más difíciles y no son las mismas para todas las personas. Cada cual debe identificar la que más le incita a fumar y diseñar estrategias para prevenirla. «Cuanta más información se dispone, más posibilidades hay de hacer frente al síndrome de abstinencia; no es fácil ni difícil, pero sí es posible dejar de fumar», concluye el psicólogo Jesús Muñoz.