Último adiós a Eloy de la Iglesia

Tal como era su deseo, las cenizas del director de cine Eloy de la Iglesia fueron esparcidas el pasado sábado en la playa de Zarautz.

Último adiós a Eloy de la Iglesia/
Último adiós a Eloy de la Iglesia

ZARAUTZ. DV. Una treintena de personas entre familiares, amigos y allegados y gentes relacionadas con el mundo del cine dieron el pasado sábado el último adiós al director de cine Eloy de la Iglesia (Zarautz, 1944), fallecido el pasado día 23 de marzo en Madrid a la edad de 62 años.

Como era su deseo y reiteró una y otra vez en los últimos años de su vida, su último deseo era que sus cenizas fueran depositadas en Zarautz, lugar donde nació y transcurrió toda su infancia, hasta trasladarse a Madrid. Sus familiares de Zarautz entre ellas las hermanas Juaristi, amigos como Juantxo Aranoa, Ramón Serras, Virginia Aramendi..., se dieron cita en este último adiós junto a varios directores de cine como Pedro Olea, el director del festival de cine de San Sebastián Olaziregi, algunos actores que trabajaron con él, participando todos ellos en este último adiós, esparciendo sus cenizas en la playa, a la altura del 'desierto pequeño'.

Su amigo Carlos señalaba que Eloy siempre le confesaba su deseo de que cuando se muera sus cenizas fueran lanzadas al Cantábrico en Zarautz. «Nos contábamos nuestras vidas con un humor negro y me repitió unas cuantas veces su último deseo».

Eloy de la Iglesia encarnaba eso que odian algunos directores de cine: no ceñirse al guión. Pero él, su vida, era así. Veintiún películas, una férrea militancia en el PCE y su historia o lío con las drogas que, aunque acabó hace años, resonaba aún. Hombre incombustible, dirigió su última película Los novios búlgaros en el 2003, pero sus películas la mayoría de ellas muy conocidas, fueron de las más taquilleras hace una veintena de años, como Juego de amor prohibido (1975), La otra alcoba (1976), Miedo a salir de noche (1979), Navajeros (1980), Colegas (1982), El pico (1983), El pico II (1984), Otra vuelta de tuerca (1985), La estanquera de Vallecas (1986)...

Un director que marcó como pocos un momento clave de nuestra historia reciente: la transición democrática y la progresiva conquista de ciertas libertades que fue suponiendo y que él plasmó precozmente en el cine. Eloy fue un realizador a la vez maldito y extraordinariamente popular. Si sus temas eran espinosos pero su narrativa accesible buscaba la complicidad del público. Introdujo por primera vez, a finales de los años setenta, temas entonces tabúes como la delincuencia juvenil, la desestructuración social a través del paro y el consumo de drogas, la homosexualidad, la cuestión del nacionalismo e independentismo vasco...

Títulos como Los placeres ocultos o El diputado fueron sonados escándalos por mostrar protagonistas gays, contextos sociales convulsos y atrevidas escenas de sexo cuando el dictador estaba recién muerto. Todo el mundo ha oído hablar de otro éxito-escándalo de su cine El pico. Su cine fue acusado de demagógico, sensacionalista, morboso y hasta populista. A pesar de ello, recientemente, se han reivindicado algunos aspectos de su obra y algunos de sus mejores títulos han sido revalorizados desde la crítica cinematográfica extranjera.

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