'Teba', chaqueta de Zarautz

La popular y elegante chaqueta de verano fue creada por María Sorreluz Múgica, una exquisita y famosa modista zarauztarra hace cincuenta años

MIKEL SORO
'Teba', chaqueta de Zarautz/
'Teba', chaqueta de Zarautz

Esta es la historia de una chaqueta nacida de las manos de una modista zarauztarra, María Sorreluz Múgica, ya fallecida. Una prenda de vestir que popularizó el Conde de Teba, veraneante de la localidad costera guipuzcoana hace medio siglo. Hoy, una chaqueta Teba de caballero se vende en cualquier cualificado comercio de ropa varonil tradicional. Son miles de 'tebas' confeccionadas y vendidas en España que ni podría imaginar María, cuando en su taller de modista zarauztarra ideó esta cómoda prenda.

Pía, empleada de Ridel, comercio donostiarra de ropa de vestir masculina facilitó la primera pista. «La creó una modista de Zarautz para el conde de Teba, que deseaba una chaqueta cómoda para competir en el Tiro de Pichón de Igeldo y en Zarautz. Todavía sus descendientes siguen viviendo en ese pueblo y son clientes nuestros». Varias llamadas a diferentes modistas, populares hace medio siglo en la localidad, fueron inútiles, a pesar de la amabilidad de cada una de ellas y sus parientes.

Tampoco dio resultado una visita a la sociedad de tiro Basollúa de San Sebastián, aunque alguno se acordaba del conde. Así que la mejor opción fue volver a Ridel, de la calle Easo, y dejar el recado a Pía y los responsables del comercio, Victoria y Javier Gaytán de Ayala: si vuelven los descendientes de María, que dejen un teléfono de contacto.

Y así ocurrió. Había que hablar con Mariasun, hija pequeña de María, aquella modista que merece pasar a la pequeña historia de la confección guipuzcoana.

Mariasun, una mujer encantadora, cuenta que su madre «era muy buena costurera. Tenía mucha fama en Zarautz en los años cincuenta. Llevaba un taller, con ocho o diez empleadas y mucha clientela, en la calle Arenal, esquina con la de Vizconde Molina. La aristocracia que veraneaba en Zarautz le encargaba trajes y vestidos. Mis dos hermanas mayores le ayudaban, pero yo, que era la pequeña, odiaba la aguja y el hilo. Nunca me gustó coser pero admiraba el trabajo de mi madre».

Ya se sabe: hoy confeccionaba un vestido a una determinada señora y cuando se lo veían puesto le pedían la dirección de María Sorreluz para ir ellas. Así fue como la mujer del conde de Teba llegó hasta el taller de la modista. «Su marido, harto de las incómodas chaquetas tradicionales en las competiciones de tiro, le dijo que preguntase a su modista a ver si podía hacerle una chaqueta cómoda a la vez que elegante». Susurra Mariasun entre sonrisas que «entonces para ir a una competición de tiro había que ir muy elegante, de chaqueta y corbata, ja, ja». El conde de Teba citó a María en la casa donde veraneaban y le dijo lo que quería exactamente. «Mi madre volvió al taller, cogió un tejido de lana muy fino, le puso botones en los bordes, otro en los puños, para que no se movieran ni se abriesen y tres bolsillos amplios».

Un éxito de los dos

El éxito fue total. La calidad de la modista y la popularidad y elegancia del Conde de Teba hicieron que la chaqueta fuese copiada en los ambientes deportivos y algún fabricante espabilado las produjo en serie con el mismo éxito comercial. «Ella no le dio importancia, porque en aquellos años no había derechos de autor. Si hubiese patentado la chaqueta, ¿el dinero que hubiese ganado!» exclama Mariasun.