'El florido pensil', diez años después

Tanttaka reestrena la obra basada en el libro de Andrés Sopeña sobre la disciplina en la escuela franquista

TERESA FLAÑO
'El florido pensil', diez años después

SAN SEBASTIÁN. DV. Un 23-F de 1996 El florido pensil se estrenaba en el Herri Antzokia de Ordizia. Tanttaka ponía en escena esta obra basada en el libro homónimo de Andrés Sopeña. Poco imaginaban que el montaje se iba a convertir en todo un fenómeno sociológico. Ahora, diez años después, la misma compañía vuelve a retomar el proyecto, el mismo día en el mismo teatro. Fernando Bernués, director de la obra junto a Mireia Gabilondo, recuerda que «estrenar un 23-F fue casual. Nosotros no queríamos y estaba previsto que la primera función fuera el día anterior, el 22, pero una gran nevada impidió a la gente trasladarse hasta el local». Al final, y dada la temática, hasta parecía acorde que fuera un día que coincidía con el aniversario del intento de golpe de Estado.

Fueron seis años de funciones, con una demanda altisima de entradas; parecía que cada año iba a ser el último y siempre salía una gira más. «Teníamos claro que no queríamos matar de agotamiento a El florido pensil y también deseábamos hacer otras cosas. La obra necesitaba respirar, lo mismo que nosotros. Cuando finalmente bajamos el telón comentamos, medio en serio medio en broma, que cuando se celebraran los diez años volverían a llevarla a los escenarios... y al final ha sido así».

Podía parecer que a la obra le quedaba poco recorrido, pero nada más lejos de la realidad porque desde que empezaron a pensar en fechas para ponerla en marcha no han parado de recibir solicitudes. Con más de cien funciones apalabradas, en las que ya en varios lugares se han agotado las entradas, tienen todo el calendario cubierto hasta diciembre. Además del País Vasco, acudirán a Galicia, Andalucía, Castilla-León y Castilla-La Mancha.

Esta apretada agenda responde a la pregunta de si todavía hay público para ver la obra porque en su anterior etapa se realizaron casi dos mil funciones: unas mil doscientas con Tanttaka, en las versiones en castellano y euskera, y el resto en la versión en catalán. «Durante dos temporadas consecutivas recaudó más que las películas españolas más vistas esos años».

Terapia y exorcización

Y es que El florido pensil tiene algo de terapéutico. Para Bernués «es una exorcización de fantasmas del pasado, una posibilidad de reirse de aquella época de negritud y nos regocija pensar que al final no hemos salido tan tarados». El director tiene constancia de que hay personas que vieron la obra hasta cuatro veces: «Era un público de alrededor de los 40 años, que luego llevó a sus padres y algunos a sus hijos. También la vieron en televisión donde se pasó en varias ocasiones».

El florido pensil cuenta sustancialmente las vicisitudes de una cuadrilla de muchachos sometidos a la absurda e ilógica brutalidad del sistema educativo que dominó la España de la postguerra. Sus protagonistas irán descubriendo al público un fresco en el que sucederán los escenarios de la acción; en primer lugar la escuela -centro de operaciones fundamental para la propaganda del ideario fascista- y más tarde, el resto de las tribunas desde donde el régimen mandaba sus señales de apoyo: el cine de barrio, la radio familiar, la iglesia y la prensa, representada en esta obra por el aparentemente inofensivo tebeo.

Al recuperar la obra diez años después de su estreno, sus directores se plantearon la posibilidad de realizar algún cambio. El prólogo y el epílogo son contemporáneos y dan cabida a nuevas reflexiones. Finalmente optaron por mantener el montaje tal y como lo habían ideado en un principio y las únicas modificaciones han estado en aspectos técnicos como las luces. Bernués comenta que «ahora, durante los ensayos, no he sentido tanto el colegio como hace una década, era una sensación de que se trataba más de un documental, especialmente las partes de la escuela; luego, las escenas más políticas como la del inspector sí me sonaban más cercanas. Esa exaltación patriótica sobre la que se ironiza todavía tiene reminiscencias en la actualidad porque de esos polvos surgen estos lodos» .

Sí ha cambiado el reparto. Del original se mantienen Kike Díaz de Rada, José Ramón Soroiz y Zorion Eguileor. Paco Bregón sustituye a Paco Sagarzazu, inmerso en la obra ¿Yo, Satán!, y Patxi González toma el puesto del actor Mikel Garmendia, fallecido el pasado agosto. Garmendia era natural de Ordizia y el Ayuntamiento ha querido rendirle un pequeño homenaje al que también se han sumado los miembros de la compañía. «Toda la obra es un recuerdo constante a Mikel, cuya personalidad y su forma de actuar influyó mucho en el éxito de El florido pensil».

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