Misiles sobre Atenas

MANUEL ALCÁNTARA

Irán ha roto el diálogo con la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica, el OIEA para los íntimos, y empieza a enriquecer uranio, lo que equivale a aumentar la pobreza de las menesterosas esperanzas de paz mundial. Los iraníes están haciendo experimentos y a principios del verano pasado lanzaron un misil balístico de larga distancia. Tan larga que es capaz de llegar a Atenas y dejarla sin columnas, de pagar el candil de Diógenes y de inquietar incluso a los epicúreos que predicaron la impavidez frente al azar.

Los islamistas, sean del país que sean, son todos del mismo sitio. Ahora están cabreados por las caricaturas de Mahoma, tan innecesarias como escasamente ingeniosas. Los fanáticos de la libertad, que no los necesita, defienden el derecho de los dibujantes occidentales a caricaturizar lo que quieran y los fanáticos sirios defienden el suyo a quemar embajadas en Damasco. Ya llevan cuatro. La política internacional está que arde y algunas naciones europeas, en vista de la subida de temperatura originada por los incendios, le han pedido a sus ciudadanos que ahuequen el ala, en nombre de Alá o por los clavos de Cristo. Sus respectivos gobiernos no saben qué puede pasarles. Mejor dicho, sí lo saben: que sirvan de combustible.

La que también lo sabe es Angela Merkel, la canciller alemana, que ha recordado la pasividad ante Hitler y pide acciones inmediatas. También el infausto Donald Rumsfeld, secretario de Defensa estadounidense, que para acreditar sus dotes diplomáticas ha dicho que el régimen de los ayatolás es el mayor promotor mundial de terror. Se está viendo venir. El mundo es un pañuelo, pequeño para que quepan todas las lágrimas, pero suficiente para que algunos se lo líen a la cabeza.