Penalti

JOSÉ JAVIER ESPARZA

Los aficionados al fútbol han tenido en los veinte últimos días abundantes ejemplos de cómo la televisión cambia radicalmente las circunstancias del juego. Lo más asombroso es que todos esos ejemplos han venido protagonizados por sólo dos equipos: el Depor y el Valencia. Partido de ida de la Copa en Coruña, visto en Cuatro: el Depor gana por un penalti que, sin duda, lo fue, pero que en otros muchos partidos nunca se pita. Partido de vuelta en Valencia, también en Cuatro: con la eliminatoria igualada, «monedazo» a un juez de línea, suspensión y bronca. Tras un paso por la Audiencia Nacional –nada menos–, reanudación del partido suspendido, también en Cuatro: penalti en el área del Depor que el árbitro no pita y, a continuación, penalti contra el Valencia que ni siquiera en las repeticiones de la tele puede darse por tal. El sábado, en las autonómicas y La 2: penalti contra el Valencia, sumamente riguroso, que el Depor falla; el árbitro ordena repetirlo y el Depor lo vuelve a fallar. Poco después, claro penalti del Valencia que, esta vez, el árbitro no pita. Desde el punto de vista del aficionado que ve el fútbol por la tele, todo esto es tremendamente enojoso. No hay situación más absurda que la de una ley que sólo tiene vigencia en función de la capacidad visual del juez. Y eso es lo que ocurre en el fútbol, donde la misma jugada puede constituir una infracción, o no, según el árbitro lo haya visto o no (o aún peor, según esté «el ambiente»). Con el agravante de que la televisión te permite descubrir en el mismo instante si el árbitro se ha equivocado. Pero es que, además, la televisión permite otra constatación todavía más espinosa: una misma jugada, vista por el árbitro, es infracción en unos partidos y en otros se da por legal. Hace pocos días, un árbitro (creo que Iturralde), preguntado por el follón del Valencia-Depor, se propuso refrescar el ambiente y dijo que el fútbol no existiría si no fuera por la afición. Eso es verdad, pero hay que completar la frase: «y la afición no existiría si no fuera por la tele». Y ahora mismo la situación es que la tele ha puesto bajo sospecha la aplicación de las reglas del juego. No es sensato decir que el árbitro tiene la culpa: él ve lo que puede ver, y el ojo humano tiene sus límites. Pero ya que tenemos un chivato panóptico llamado televisión, ¿por qué no se deciden de una vez a emplearlo como auxiliar? El margen de error se reduciría al mínimo en pocos segundos y se relajaría el ambiente. Aunque quizás es eso, la relajación, lo que se pretende evitar.