Berlusconi el casto

El primer ministro italiano promete no mantener relaciones sexuales hasta las elecciones del próximo 9 de abril

ÍÑIGO DOMÍNGUEZ
Berlusconi el casto/
Berlusconi el casto

Silvio Berlusconi ya lo ha prometido todo, así que acaba de empeñar lo último que le quedaba: en busca del voto, ha hecho uno, pero de castidad, hasta el 9 de abril, fecha de las elecciones generales. Quizá esto explique por qué al final no las ha retrasado, pero indica que lo ve muy negro si es que está dispuesto a sacrificar su famosa capacidad de seducción. Debe de ser duro para quien, con 69 años, se jactó de haber empleado sus «dotes de 'playboy'» con la primera ministra finlandesa con tal de obtener una oficina comunitaria para Italia, pero los sondeos mandan. Y dicen que il Cavaliere, después de cinco años de gobierno y la mayoría de sus promesas sin cumplir, está seis puntos por debajo de la oposición.

«Presidente, rezo para que gane usted, le doy mi bendición», le dijo el sábado en Cerdeña Don Massimiliano Pusceddu, párroco di San Lucifero di Vallermosa, uno de tantos curas italianos dicharacheros y que aparecen en tertulias de televisión. «Se lo agradezco mucho, intentaré estar a la altura y le prometo desde ahora dos meses y medio de abstinencia sexual absoluta, hasta las elecciones», respondió el magnate. Ni siquiera la vieja democracia cristiana había llegado tan lejos, pero el nivel de la campaña electoral italiana ha caído tan bajo que lo hace posible.

En un intento por recortar su desventaja, Berlusconi ha puesto en marcha una campaña de invasión mediática y hace de todo: desde el 9 de enero lleva una media de una aparición diaria en programas de televisión, desde los deportivos a los de marujeo de las mañanas. A veces encadena varios en un día y luego aparece hasta en la emisora de información de tráfico de los camioneros.

Para valorar en su justa medida la que será su promesa más difícil y su campaña electoral más larga, hay que pensar en el dineral que se ha dejado en cirugía estética y trasplantes capilares. Gane o pierda, seguramente nadie celebrará la noche electoral como Berlusconi.