PABLO MARTÍN ASUERO, BIZNIETO DEL DOCTOR DEL TRIGÉMINO, VIVE EN ESTAMBUL: «Hemos olvidado a nuestra burguesía industrial e ilustrada»

El biznieto del legendario doctor Asuero es el director del Instituto Cervantes de Estambul y ha escrito unos cuantos libros sobre España y el Oriente

BEGOÑA DEL TESO

La charla sucedió hace tiempo. Un mediodía de Nochebuena. Pablo Martín Asuero había vuelto a su ciudad a celebrar las Navidades pero para Nochevieja estaría en Estambul. No sin antes pedirnos que no olvidásemos escribir que había festejado Santo Tomás cenando con sus antiguos compañeros de lo que hoy es el campus de Deusto en Donostia y en tiempos fue la EUTG.

-Su cara me suena pero yo no le he visto a usted en Estambul.

- Pero sí por el barrio. Soy de Gros. La casa familiar está en Ulia. Llevo mi perro al veterinario de la Zurriola, a Antxon.

- Sabía yo que no habíamos coincidido en Damasco aunque usted estuvo allá. Y escribió un libro sobre la ciudad de Pablo de Tarso, la seda y las espadas soberbias.

- Escribí una Descripción del Damasco Otomano(1807-1920) y añadí bajo el título: Según las crónicas de viajeros españoles e hispanoamericanos. ¿Sabes por qué?

- Francamente, no.

- Mira, parece que sólo los anglosajones y los franceses hubiesen sido orientalistas, que sólo ellos hubiesen caído fascinados ante la pasión, el misterio de Oriente, bien como pintores bien como escritores. Y también fueron a la Arabia viajeros hispanos.

- Pero en el recuerdo, en la imaginería popular, los que se han quedado grabados han sido los otros: el coronel Lawrence, Paul Bowles, las damas británicas enamoradas de jeques y señores del desierto.

- Sin embargo, ni el Imperio británico ni Francia ni Alemania habían tenido ninguna relación con el mundo árabe. Por contra, los viajeros españoles sabían del gran pasado musulmán de España y, de alguna manera, iban al encuentro de unas raíces profundas. Su asombro era absoluto al descubrir, por ejemplo, el ladino, el español hablado por los descendientes de los judíos expulsados de Sefarad, España. Y no te cuento la envidia de los diplomáticos liberales, de los exiliados afrancesados del XIX, al contacto con el Mediterráneo árabe.

- ¿Envidia?

- Envidia sí. Ellos venían de una España oscura, oscurantista, donde sólo podía practicarse la religión católica y donde la mujer estaba atenazada por la sombra de su padre y de su marido. Esos viajeros se maravillan al ver que en toda esa gran orilla, tres religiones son practicadas en total libertad (en 1906 y en Damasco convivían 144.200 musulmanes, 16.500 griegos ortodoxos, 1.420 siriacos ortodoxos, 15.000 griegos católicos, 8.000 judíos, 1.210 armenios, 800 siriacos católicos, 380 armenios católicos, 320 católicos caldeos, 450 maronitas, 730 protestantes y 150 drusos), había gran movilidad social y cualquier humilde mujer podía ser madre de quien luego sería califa. Pero esa pasión y ese asombro de nuestros viajeros se reflejaban en los de los musulmanes, turcos, árabes, que añoraban el esplendor de los califatos andaluces.

- ¿Ese asombro continúa?

- Y tanto. Y mucho. Los turcos miran a Europa porque mucho de su país es Europa y porque muchas de las tierras europeas que bordean esos mares tienen gran impronta, huella, otomana. Los turcos saben que en Alemania están asentados y mucho mejor integrados social y laboralmente que en la hipócrita Francia. Los turcos se miran en España porque nos ven muy parecidos. Incluso físicamente. Un turco no puede pasar por finlandés, ni siquiera por italiano porque Italia es tremenda en cuestión de ropa y estilo. Pero puede creerse español. Y nos mira con respeto porque en Turquía gusta cómo hemos logrado nuestra posición en Europa. Además, un turco puede pasear por nuestras ciudades sin que le señalen como a un moraco, algo que pasa si está en Italia o Francia. Otro detalle, el turco tiene un punto de orgullo porque su país nuca fue colonia de nadie sino imperio. El Magreb, al contrario, clama venganza porque fue colonizado.

- Y de Donostia, ¿qué?

- Ha sido Nihat quien ha mostrado a Turquía las bellezas de San Sebastián. Le entrevistan mucho en las televisiones, Donostia siempre como fondo. Ahora, cuando paseo por el zoco la gente me dice: «He visto tu ciudad en la tele. ¿Qué hermosa es!»

- A los turcos les interesa el idioma español por...

- Durante siglos pensaron que era sólo el idioma de los judíos de la Diáspora. Después... descubrieron a Julio Iglesias. Y más tarde, la Barcelona de las Olimpiadas, la Sevilla de la Expo...

- Un recuerdo para su bisabuelo, el doctor Asuero.

- Era una buena persona, un buen doctor. Y como la otra rama de mi familia, Ruiz de Arcaute, pertenecía a una clase de guipuzcoanos de la que ya no se habla; una burguesía culta, ilustrada, industrial, bien informada, dueña de magníficas bibliotecas. Algunas se conservan en viejas casonas solariegas...

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