La tamborrada de Barakaldo

TONIA ETXARRI

Batasuna estará en Barakaldo. Su verbo habitará entre nosotros, no en forma de asamblea o congreso como estaba previsto, sino a través de la manifestación que lograrán celebrar gracias a los ciudadanos que siempre tienen de repuesto, y a la comprensión del Gobierno Vasco, que le sigue considerando un «interlocutor necesario». Podrá organizar, pues, su particular 'tamborrada' en Barakaldo, pero ya no será lo mismo.

A partir del momento en que el juez Grande-Marlaska decidió que se aplicara la legalidad, el grupo de Otegi no podrá lucir la imagen prepotente de quien hace de la ilegalidad virtual lo que quiere. La Justicia, esta vez, les ha puesto las pilas a los mismos dirigentes socialistas que declaraban que no era bueno entorpecer el proceso de Batasuna con prohibiciones y que, de la noche a la mañana, han tenido que reciclarse para hacer proclamas sobre lo bien que funciona el Estado de Derecho.

En vaya berenjenal se metió el mismísimo José Blanco después de que el juez le diera la importancia debida a la convocatoria que este dirigente socialista había calificado de «irrelevante». ¿Cómo hemos llegado a esto? se preguntaban hace un par de años dos magníficos periodistas en un libro en el que analizaban la situación de enfrentamiento en Euskadi por culpa del terrorismo y la indiferencia del nacionalismo gobernante. Ellos ofrecían la respuesta: «mirando a otro lado».

Después de este último año en el que el presidente Zapatero decía mirando hacia el infinito que confiásemos en él porque de su mano iba a venir la pacificación, la pregunta vuelve a tener sentido. ¿Cómo hemos llegado a esta situación de envalentonamiento y chulería por parte de una organización ilegalizada por pertenecer al entramado de ETA? se preguntan las víctimas. Su respuesta salpica a los socialistas: «con el Gobierno mirando para otro lado».

Y es que las apariencias engañaban. Mientras Zapatero pedía a la ciudadanía prudencia y, sobre todo, mucho silencio e inhibición, el grupo de Otegi ha provocado el mayor ruido imaginable. Y como nadie les tosía desde el Gobierno, se habían confiado tanto en que su vuelta a la legalidad era un hecho que se dejaron los disimulos en el baúl de los recuerdos. Hasta que el juez mandó parar. Es un momento importante que deberían saber aprovecharlo los afectados. Y si sus valedores, también desde el Gobierno Vasco, en lugar de confabular las diferentes formas de burlar la ley se atreven a encararse con el verdadero causante de esta situación, deberían estar pensando cómo presionar a ETA para que acepte que es la hora de su jubilación. Ése es el verdadero reto para quienes presumen de patriotas. El otro camino solo sirve para vivir del conflicto.