«La ONU es como un edificio enfermo que hay que derribar para reconstruirlo»

El autor habla hoy en el Aula de Cultura DV sobre la corrupción en el seno de la ONU

ALBERTO MOYANO
«La ONU es como un edificio enfermo que hay que derribar para reconstruirlo»

Ex corresponsal de prensa en Oriente Medio, periodista en varias guerras y autor de varios libros, Eric Frattini hablará hoy en el Aula de Cultura DV (20.00 horas, Sala Kutxa de la calle Andía) sobre su último trabajo, ONU. Historia de la corrupción.

- En su libro, describe prácticas cuasi-mafiosas por parte del funcionariado de la ONU.

- Mi libro es un pequeño capítulo dentro de la gran historia de la ONU. Es un capítulo oscuro, que todos los secretario generales han intentado pasar por alto. Los medios de comunicación son los que más se han interesado por denunciar casos de corrupción, como los de pederastia, llevados a cabo por cascos azules en el Congo y en Mozambique. También están ahí los casos de torturas en Somalia. Lo único que he hecho en el libro ha sido recopilar esas pequeñas informaciones aparecidas en estos sesenta años y ampliarlas con documentos. También ha habido muchos casos que no he podido demostrar y que he dejado fuera del libro.

- Pero también ha contado con una fuente secreta que le ha facilitado información desde dentro de la propia ONU.

- Hay dos personas sin las cuales no hubiera podido escribir este libro. Una es Nelson Iriñiz Casás, un diplomático uruguayo que escribió Corrupción en la ONU a finales de los sesenta. Además, tengo una garganta profunda en el sindicato de funcionarios de la ONU. Tuve muy buena relación con él cuando estuve en Nueva York y me facilitó muchos documentos confidenciales de la Oficina de Servicio de Vigilancia Interna de la ONU. Casos espeluznantes que, sorprendentemente, no tienen repercusión.

- ¿Por qué no hay reglamento interno para funcionarios de la ONU?

- A ningún país le interesa.

- ¿Y cómo se les selecciona?

- Hay dos sistemas: el legal, mediante concurso público, y el ilegal, que funciona a dedo y solamente se aplica a cargos medios y altos, aprobados por el propio secretario general de la ONU o los vicesecretarios que le rodean. Un ejemplo: según la Carta de las Naciones Unidas, Butros Ghali sólo podía tener cuatro vicesecretarios. Pues bien, al final de su mandato tenía veintidós vicesecretarios que cobraban sueldos de, aproximadamente, veintidós millones de pesetas al año.

- ¿Es el Acnur el punto más negro dentro de la corrupción en la ONU?

- Es el punto más negro porque han sido los casos más públicos. A través de mi garganta profunda, conseguí un informe del Acnur en Kenia en el que se detalla que sus propios funcionarios conspiraron para matar al embajador de EE UU en este país. Se llegaron a falsificar cartas de amenaza en árabe, supuestamente enviadas por Al Quaeda. Al final, sólo hubo cuatro acusados de conspiración.

- ¿Quién utiliza a la ONU para sus propios intereses?

- Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Son los que cortan el bacalao en la ONU. Todos los ciudadanos del mundo pedimos a Kofi Annan una reforma para evitar los problemas de corrupción. En septiembre, se presentaron 397 enmiendas para la reforma institucional de la ONU. De ellas, la Secretaría General sólo aceptó cuatro y ninguna de ellas se llevó a cabo.

- ¿Es posible democratizar la ONU?

- No. Hay un analista político que afirma que las reformas son muy difíciles porque la corrupción está metida en el ADN de la ONU. Siempre comparo a la ONU con un edificio enfermo de aluminosis, que lo único que se hace es poner paneles de mármol y maderas nobles para ocultarla. Lo que debes hacer es tirar el edificio y volverlo a construir.

- Periódicamente, se anuncia la muerte de la ONU, pero lo cierto es que sobrevive a las crisis.

- Porque los fondos siguen llegando. Para mí, la ONU es un gasto estúpido de mis impuestos. Lo pagamos tú y yo y, al menos, cincuenta céntimos de mis impuestos van a parar a las Naciones Unidas. Prefiero que vayan a hospitales públicos o a la Seguridad Social.

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