«Los trajes napoleónicos sientan bien a todos. Las chicas lo tenéis peor...»

En San Martín 4, encajonado entre el Txoko Latino y el videoclub, un taller de sastrería. Con dos cajones de sastre y cien trajes napoleónicos. Maestro, Antonio Pascual uni de uniformes napoleónicos. El maestro, Antoni caparazón cubierto de coral, hablamos de la cena del 19

BEGOÑA DEL TESO
«Los trajes napoleónicos sientan bien a todos. Las chicas lo tenéis peor...»

En menos de dos horas, en la sastrería de Antonio Pascual entraron dos aguadoras de Lagun Artea (a probarse la cubrefalda fuera de plazo), se recibieron varias llamadas de Tambores Mayores y apareció dos veces el señor Dosal, artista piecero.

- Por favor...

- No, no. No tengo tiempo, no tengo sitio, no tengo paño ni fieltro. No puedo, no puedo. Llego tarde

- Antonio, se parece al conejo blanco de 'Alicia en el País de las Maravillas', que siempre temía retrasarse. Sólo quiero charlar con usted.

-Uf!, creí que venías a encargarme un traje para una compañía nueva. O a decirme que teníamos que igualar un batallón de hacheros. Y estamos a 12 de enero.

- Pues no, mire por donde. Por cierto, ¿qué es 'igualar un batallón'?

- A veces, las compañías se amplian y encargan nuevos trajes. Otras, aquellos que sustituyen a tamborreros que ya no participan son más grandes o más pequeños, o tienen más cuello, o menos sisa, y hay que adaptarles el uniforme. Fíjate, éste necesita 3 centímetros más de cuello.

- ¿3 centímetros? Puro cuello toro de campeón de lucha libre.

- Mira esta chaqueta. Me la acaba de traer un amigo. Necesita 37 centímetros más de delanteros. Prácticamente, se hará nueva.

- Nos engordó el gastador, parece.

- Un maestro sastre nunca utilizará esa expresión. Ocultará centímetros, no mencionará tallas y, desde luego, si su cliente está 'cargado' de hombros o espaldas asegurará que eso nos pasa a todos. Además, el caso de la chaqueta de los 37 centímetros es porque el que sustituye al anterior tambor tiene una envergadura, una osamenta y talla completamente diferentes. ¿Has pensado una cosa? Un traje de tamborrero suele venir a durar 20 años.

- ¿Tantos?

- Piensa que son sólo 20 puestas. Uno no anda por ahí vestido de tamborrero después del 19 o 20.

- Lo que, francamente, es una pena porque son trajes espectaculares. Como para casarse con ellos...

- No sé que tiene, pero lo militar nos sienta bien a todos.

- ¿Se da cuenta de lo que ha dicho?

- Mujer... No me refiero a lo militar militar. El uniforme caqui del general Mena, pues no. Pero los uniformes de alta gala con los que se casa la nobleza y nuestros uniformes napoleónicos con sus faldones, correajes, polainas, faltriqueras, botonadura... pues sí. Vosotras, en cambio, lo tenéis peor.

- ¿Las chicas? ¿Y me lo dice este año que izamos en la Consti?

- Pues ¿qué quieres? Sí. En el diseño os maltratan un poco. Y no me refiero sólo a cuando salís con uniforme militar que, francamente, no os va porque yo creo que había que adaptarlo y recrearlo real y perfectamente a la forma de vuestro cuerpo, caderas, curvas; sino incluso cuando vais de aguadoras. Pienso que vuestros trajes no se han cuidado como los nuestros. Con excepciones, por supuesto. Te cuento una cosa: en una compañía nueva, a ellos les han diseñado el uniforme con todo rigor y primor. A ellas, sin embargo, se los han hecho de fábrica. ¿En Zaragoza! Me dicen que se sienten como auténticas camas mesillas... Nosotros lucimos, vosotras no tanto. Os ponen mucho vuelo con lo que a veces, y de eso se me quejan muchas, os hacen muy cuadradas. No le dan forma al corpiño, que debe ser entallado, con una goma detrás. Se empeñan en cerrarlo, cuando debería abrirse para que se os viera la camisa o blusa... La chaqueta vuestra ha de ser corta, no llevar faldón porque..

- ...Tenemos culo.

- Exacto. Falda recta, que caiga bien. Con un bolsillo para que metáis un pañuelo o los guantes...

- Como el de las chicas de la Artesana, vamos. El diseño es suyo.

- Sí por cierto.

- La chaquetilla, a elegir, en tres colores distintos.

- Pues sí, azul, rojo o salmón.

- Vale, ustedes más bonitos que un San Luis, pintureros. Nosotras, en fin... Pero, ya tendrán los caballeros sus secretillos, ¿no?

- Muchos, claro, muchos. Verás, muchos de los pantalones utilizados por los militares napoleónicos eran elasticos. Como comprenderás, no se hacen pantalones elásticos para San Sebastián...

- No señor. No comprendo.

- ¿Mujer! ¿Tú sabes la de cantares que nos sacarían a los chicos si el día del Santo Patrón fuéramos con elásticos, marcando... eso...?

- Ya, ya. Entendido. ¿Más detalles?

-En algunos coincidimos con vosotras. Si de baja estatura, los faldones nos sientan como un tiro. Pero por otro lado, la chaqueta o casaca larga, nos estiliza. Y nosotros sí que necesitamos bolsillos. Para el tabaco... y la petaca.

- ¿El uniforme es a la medida?

- Casi casi. No del todo, si quieres. Un traje a la medida es el que se hace para tí y uno de confección, el que se prepara para alguien como tú. El de tamborrero va a cambiar de 'percha' a lo largo del tiempo así que no es exclusivo para tí. Pero se hace casi a medida. Mira: el maestro lo corta y se lo entrega al piecero que lo pone en prueba, hilvanado. El sastre marca los arreglos, lo suelta todo y se lo devuelve al piecero quien lo montará de nuevo y se lo entregará ya entero y cosido.

- Y este zafarrancho comienza...

- Si lo hiciera por mayo, bien.

- Pero en realidad empieza en...

- Hará dos meses. Y gracias.

- Con lo que los sastres están...

- Como dice el refrán, muertos de sueño.

- El refrán afirma también que cuando no están muertos de sueño es que lo están de hambre.

- Bueno, una chaqueta de tamborrero puede salir por 35.000 pesetas. De paño, impermeabilizada. Cómoda. Una chaqueta de vestir a a la medida puede costar 500 euros. El beneficio de la tamborrada no te quita el hambre pero te da cierta alegría. Aparte de que estos meses resultan, de por sí, apasionantes.

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