Tecnología punta en las cumbres

M.S.

ABALTZISKETA. DV. La niebla oculta la cima del cercano Txindoki y se posa sobre los tejados de los caseríos de Abaltzisketa. En uno de ellos trabajan Emilio y sus dos hijos. El padre coordina la extracción de los excrementos de las vacas en el pozo negro a una cisterna para abonar los suaves prados de la propiedad. Adur, el hijo mayor, conduce la excavadora que arrastra la cisterna y el pequeño Egoitz maneja con soltura el tractor. Hay fardos de hierba envueltos en plástico para alimentar al ganado en invierno. Y allí, en su casa, el ordenador, conectado a la banda ancha a través de una antena en la parte posterior. Y en la punta del monte, la antena emisora que conecta a todos los ordenadores del valle. Incluso a los portátiles.

«Lo utilizo sobre todo para conectarme a Gure Okela y poner en su página la venta de algunas cabezas de ganado», explica Emilio. Mientras, sus dos hijos trastean con el ordenador portátil que maneja Iñaki Gorostidi. Hasta la pequeña y bien abrigada Irati, en brazos de su amatxo pone atención sobre la pequeña pantalla a la que miran sus dos hermanos mayores.

También puede conectarse con otros caseríos o hablar si dispone de una conexión microfónica en su ordenador. Conoce por ahora del sistema las posibilidades que más utiliza por su trabajo. «Y si no, les pregunto a ellos», dice señalando con la cabeza a sus dos hijos, que además son buenos estudiantes.

Junto a la chimenea

El caso de Luis Olano es el más relevante «porque fui el primero en toda Euskadi en disponer de banda ancha a través de las ondas». Rememora la fecha en que reconoció las ventajas del ordenador y, sobre todo, de la conexión de voz. «Aquí no se podía hablar por teléfono ni enviar un fax porque la línea telefónica no funcionaba bien cuando más falta te hacía». Así que «hace varios años» se preocupó de mirar ordenadores, de estar al día y, cuando se inició el proceso de normalización de la banda ancha en el medio rural, este concejal de Abaltzisketa tenía el número 1 en la lista y le concedieron el primer receptor, hace mes y medio. «Sólo pagué 112 euros por su instalación porque los aparatos los paga en Gobierno Vasco». Es una pequeña caja metálica de 40 por 40 centímetros, que se debe colocar en una zona del caserío donde reciba la onda directamente de la antena, que se encuentra en la cumbre de la loma que hace muga con Navarra. Él la colgó en la chimenea del tejado de su casa, Bordasagasti, levantada a mediados del siglo XIX, en el camino hacia la ermita de Larraitz, con unas vistas bellísimas al valle.

Tiene el ordenador en su casa para disfrutar de sus horas de ocio navegando, hablando a través del ordenador y echando una mano, seguramente, a los vecinos que se lo pidan. Curiosea con interés un ordenador portátil y habla sobre las posibilidades de estos aparatos que ya se están haciendo habituales poco a poco en el medio rural. «Los pueblos pequeños tienen muchas cosas buenas, pero hasta ahora carecían de esta autopista de la información, de esa tecnología de la información y la comunicación, como el correo electrónico. Y eso no es poco porque mucha gente sigue prefiriendo vivir en el pueblo en que nació», recalca Olano.