¿Zapea ZP?

MIGUEL ESCUDERO

Hay especialistas en transmitir confusión a su alrededor a causa de estar ellos mismos instalados en un estado de error crónico. Lo decisivo de este trastorno es que se les crea a pies juntillas aquello que digan o den a entender, lo preocupante es que topen con la carencia de un vigoroso sentido crítico y del imprescindible afán de verdad en cada uno de nosotros. Esta es la cuestión y hay que estar advertido de ello para sortear a tiempo un peligro como ese. Se trata de una corrupción de la que no se habla lo suficiente, la que ejercitan quienes mienten a sabiendas y buscan engañar a conciencia. Algunos compiten a ver quién la dice más gorda, lo cual es más fácil cuando no se tiene temor a errar –ni siquiera saben qué es eso– y se anda desprovisto de cualquier respeto a sus conciudadanos; para estos individuos la verdad no existe y solo es indiscutible lo que les interesa que quede grabado. Es un problema realmente grave y sin abordarlo con claridad no saldremos de nuestro marasmo político y social.

Manuel Cruz (catedrático de Filosofía y diputado socialista en el Congreso de los Diputados) no se cansa de alertar de los daños de un lenguaje tóxico y tramposo que absorbemos como 'fumadores pasivos'. Fustiga el uso frívolo y machacón de términos como 'fascista', 'opresión' y 'dictadura'. Dando por buenas estas falsas monedas, nos alejamos de la comprensión adecuada de nuestra realidad política y cultural y reforzamos la errónea idea de que estamos en el lado de los 'buenos', mientras que los otros son los 'malos'; una patente de corso. Nos envanecemos, nos envalentonamos y, con esta borrachera de epítetos, perdemos la noción de nuestra ignorancia; ni nos enteramos de que estamos 'alienados' a fondo. El cretinismo arraiga así en una sociedad alterada, por moderna que se crea, y la propagación social de la estupidez se convierte en una bomba de relojería. La sombra de la pseudociencia planea entonces con singular fuerza.

Pasemos ya a nuestra actualidad política, provista de alta incoherencia y nunca perdida esperanza. El Gobierno de Pedro Sánchez ha levantado el control financiero que ejercía sobre una endeudadísima Generalitat, antes de la aplicación del artículo 155 de la Constitución. La Generalitat está en manos de gentes irresponsables y desafiantes. ¿Qué es lo primero que hay que hacer? Montar de nuevo la maquinaria de propaganda en el exterior, recuperar las embajadas cerradas. ¿Tienen ustedes idea del dinero que en ello se va y que se deja de aplicar en medidas sociales de primera necesidad? Ada Colau sigue en la misma estela en el Ayuntamiento de Barcelona. Además no hay rubor alguno en reclamar que los diputados fugados cobren dietas y se les pague sus desplazamientos.

Prosigue la estrategia de ocupación visual del espacio público y de acoso a los 'otros' –los parias de Cataluña– tolerado por las autoridades. A Inés Arrimadas se le ha denegado un local público para hablar, concedido antes a un partido del 'procés'. La alcaldesa de Girona se ha negado a alquilar el Auditorio para la entrega de los premios Princesa de Girona. Y el alcalde del pueblo gerundense de Vilableix, de ERC, asevera: «No podemos aceptar de ninguna manera que una entidad que representa a los que nos pegan, nos encarcelan o nos hacen irnos del país, venga a montar fiestecillas». No acaba ahí el escarnio y la rotunda falta de respeto. Los ultras de la CUP amenazan con brutalidad a los cocineros Roca por ceder su 'Espai Mas Murroch' para celebrar el evento. Es el colmo.

A todo esto, leo que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero se ha pronunciado, de espaldas a estos abusos y a la indefensión en que se halla más de la mitad de catalanes, sobre lo que hay que hacer con respecto a Cataluña. «¡¿Por qué no se callará?!», pensé con sólo divisar los titulares. Es un hombre que vive de puertas afuera y en el buenismo. ZP dice que más allá de los gestos hay que recuperar «afectos» en Cataluña: «Tiene que haber algo más hondo, que vaya al tuétano de los sentimientos». Lo comparto pero no se entera, quizá porque sólo 'vea' un canal de televisión. Hay que partir de que no se puede contentar a quien con nada se va a contentar. Y hay que alcanzar poder. Vayamos a lo que cuenta. Por ejemplo, la reciente recuperación de la alcaldía de Badalona para el constitucionalismo.

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