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Y ahora qué

Casado y Rivera saben que tras el acto no podrán volver a sacar la 'España de las banderas' a la calle; como Sánchez sabe que se acercan las elecciones generales

La concentración de ayer, 'Por España unida ¡Elecciones ya!', adquiere más importancia por su alcance político que por la cifra de asistentes. La movilización visibilizó la coincidencia avanzada en Andalucía entre PP, Ciudadanos y Vox; y lo hizo tras una semana de tensión que acabó diluyendo la incierta mayoría en la que trataba de sostenerse el Gobierno Sánchez. Lo más destacable del 'punto de inflexión', del antes y después al que se refirieron los convocantes, es que la fractura entre las formaciones del centro-derecha constitucional y las que si sitúan del socialismo hacia su izquierda no podría ir a más sin poner en grave riesgo la estabilidad de las instituciones y su propia legitimación social. Por eso es urgente que tanto los partidos que convocaron la movilización como los que, interpelados por los concentrados, trataron de restar trascendencia a la misma, se detengan un momento a reflexionar sobre lo que se proponen hacer en adelante. Pablo Casado fijó en los comicios del 26 de mayo el momento de la «moción de censura» contra Pedro Sánchez. Pero la crudeza de los mensajes que se intercambian los contendientes incrementa la incertidumbre general. Los líderes que se dieron cita ayer saben que tras lo de ayer no podrán volver a sacar la 'España de las banderas' a la calle. Como saben que no podrán elevar el tono de sus invectivas por encima de las acusaciones vertidas estos últimos días, a no ser que Sánchez vuelva a las andadas. El Gobierno rompió el viernes sus negociaciones con la Generalitat más por las reacciones generadas con la concesión del relator a los independentistas que por aceptar el fracaso de su intento. La Constitución concede al presidente la potestad exclusiva de convocar elecciones. Pero cuando el titular de tal atribución se ve políticamente despojado de la posibilidad de gobernar por falta de una mayoría estable, negarse a disolver las Cámaras se convierte en una prebenda que subraya su debilidad. Si ERC y PDeCAT retiraran 'in extremis' el miércoles las enmiendas a la totalidad de los presupuestos, arreciarían las críticas a la opacidad de su juego con los independentistas. Si estos contribuyen a que el Congreso devuelva las Cuentas al Gobierno, después de lo ocurrido esta última semana al presidente no le quedará ni la posibilidad de alegar a su favor que no ha llegado a arreglo alguno con el secesionismo.

 

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