Vivirás en Retrosuburbia

Plantearse 'luchar' contra el cambio climático es como intentar detener un tsunami con un paraguas

Álvaro Bermejo
ÁLVARO BERMEJO

Inauguramos 2018 con el despertar del volcán Mayon, en Filipinas. Cuatro meses después le seguía el Kilauea, en Hawai. Hoy se trata del Volcán de Fuego, en Guatemala. Por si faltaba una trama espectacular la serie 'Stand By' inaugura su nueva temporada con una erupción de los Campos Flégreos en Nápoles. Se diría que el calentamiento global ha puesto de actualidad aquella película de Visconti -'La Terra Trema'- con una salvedad que ignora la sociedad político-mediática por más que se lo recuerde la científica.

Hace unos días, el ayuntamiento de San Sebastián presentaba su Plan de Acción Klima 2050 para 'luchar' contra el Cambio Climático. Pese a sus muy loables objetivos, el Cambio Climático es un hecho irreversible. Plantearse 'luchar' contra él es como intentar detener un tsunami con un paraguas. Ya sólo cabe adaptarse. Nada más acuciante que asomarse al último libro de David Holmgren, el padre de la Permacultura.

¿Qué es la Permacultura? Un concepto basado en tres principios paralelos a los tres grandes desafíos de nuestro tiempo. Cuidar la Tierra, regresar a las raíces de la Humanidad y repartir equitativamente limitando la producción y el consumo. ¿Para qué? Para frenar la dependencia de las energías fósiles y la multiplicación de catástrofes naturales. Para racionalizar los recursos del planeta. Y finalmente, para reemplazar la tiranía macroeconómica por economías de escala, domésticas y comunitarias.

El ensayo de Holmgren se presenta con un título que lo dice todo: 'Retrosuburbia'. Parece una invitación a la entropía pero se trata de todo lo contrario. Por Suburbia entiende una reactivación de las periferias urbanas, de modo que cada ciudadano pueda hacer de su jardín un huerto y de su entorno una comunidad autosuficiente. Está sucediendo en una ciudad australiana, Fremantle. Los habitantes de uno de sus distritos han creado una comunidad resiliente que emplea los espacios públicos para reaprender saberes olvidados y recordarnos que, antes que consumidores, fuimos productores. Plantan árboles frutales, reutilizan el agua doméstica, suplen los cortacéspedes por ovejas.

Puede reírse pero, como apunta Holmgren, satisfacer nuestras necesidades futuras sin rebasar los límites de sostenibilidad planetaria comportará una revolución cultural más importante que todas las que han agitado el siglo XX. Vale más un cambio de mentalidad que seguir jugando a la ruleta rusa. De lo contrario, el icono del sol sonriente ya sólo lo veremos en nuestros smartphones.

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