¿Cuánto vale tu ADN?

Lo intolerable es todolo que nos ocultan, precisamente, quienes tanto se alarman

Álvaro Bermejo
ÁLVARO BERMEJO

Mayo de 2011. Una variante de la bacteria E.coli provoca un tsunami de intoxicaciones alimentarias en el norte de Europa. Mueren cincuenta personas. La bacteria es enviada al Beijing Genomics Institute. Consiguen secuenciar el genoma de la bacteria, cuelgan los resultados en Internet. La bacteria queda neutralizada. Agosto de 2017. Según aterrizo en Roma me cruzo con el último slogan de HSBC: «En el futuro tus Datos serán tu ADN». Bajo esta frase, la fotografía de un dedo cuya huella digital se configura como un código QR. Subrayo lo más revelador: quien promociona el gran negocio del futuro no es una empresa genómica, sino un banco suizo. Estos dos escenarios contextualizan el 'escándalo' suscitado por el genetista chino He Jiankui, tras crear los dos primeros bebés modificados genéticamente en el centro SUSTech de Shenzen. Por más que empleara una técnica avanzada para manipular sus genes, de modo que no heredaran la carga seropositiva de su padre -y no para clonar cobayas humanas-, la alarma suscitada entre la comunidad científica tiene una base real: no solicitó permiso a las autoridades científicas chinas. Ha violado el consenso ético en torno a una práctica, la edición genética, que todavía es experimental.

Lo intolerable es todo lo que nos ocultan, precisamente, quienes tanto se alarman: la secuenciación del ADN humano con fines industriales directamente vinculados a los grandes laboratorios farmacéuticos. La primera secuenciación, conseguida por el Humasn Genome Project, costó tres años y tres mil millones de dólares. Hoy, firmas tan opacas como Illumina o Novogene te lo sirven en veinticuatro horas por mil dólares. Y naturalmente, Beijing Genomics te lo deja en seiscientos.

Hemos entrado en el tiempo de la secuenciación genómica low cost y en su derivada más peligrosa: la privatización del ADN que permitirá individualizar nuestro perfil genético de modo que, quien pueda costeárselas, acceda a terapias exclusivas. Sin que nadie se escandalice por ello, la firma Genomic England está secuenciando el de cien mil ciudadanos. Cualquier alerta se desactiva con la cara amable de Angelina Jolie, que recurrió al mismo método para prevenir una metástasis tumoral. Desde que Craig Venter creó su Human Longevity Inc. sabíamos que la ciencia ficción no remitía a un futuro lejano, sino a hoy mismo. ¿Qué vendrá después? Primero el Google del ADN y luego su comercialización vía Alibaba. Las mil y una noches del mañana serán mil pesadillas.

 

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