Universidad y transferencia del conocimiento

Universidad y transferencia del conocimiento
JOSEMARI ALEMÁN AMUNDARAIN
FERNANDO DÍAZ PROFESOR DOCTOR DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO

El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades ha recibido cerca de 17.000 solicitudes para el nuevo sexenio de transferencia, una asignatura pendiente para incentivar a los investigadores en el acercamiento de la universidad a la empresa, eso que tanto nos cuesta. Y han salido algunas cuestiones muy interesantes que me gustaría compartir.

El European Innovation Scoreboard 2018 ofrece una imagen regional de España en el rango de innovadores moderados de la que se libra únicamente Euskadi, que entra en el grupo de innovadores fuertes alineado con otras regiones avanzadas de Europa. En esta foto salimos muy bien posicionados en producción científica (décimo lugar a nivel mundial) y, sin embargo, el gran capital intelectual que ostenta España no se corresponde con su impacto e incidencia en nuestro crecimiento económico y social. Investigamos mucho, publicamos en buenas revistas y gozamos de una posición relevante a nivel mundial. Entonces, ¿qué es lo que falla?

Para comprender qué es lo que está fallando, hay que hacer referencia al modelo teorizado por Henry Etzkowitz y Loet Leydesdorff en los años 90 denominado 'Modelo de Innovación de Triple Hélice', un conjunto de interacciones entre la industria, la universidad y los gobiernos destinados a fomentar el desarrollo económico y social. Fruto de este modelo surgieron las Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRIs) y los Parques Científicos, elementos claves en el modelo. La transferencia del conocimiento a las empresas era algo fundamental para el avance científico-tecnológico, el desarrollo económico y, a la postre, el incremento de la productividad y la competitividad. De hecho, es la tercera misión de la universidad, la transferencia, que tiene que acompañar a la docencia y a la investigación.

Fallamos en nuestra relación con las empresas. Investigamos y hacemos cosas muy interesantes que se quedan en nuestros grupos de investigación. La colaboración público-privada sigue siendo un fracaso. Las relaciones existentes de cooperación entre Universidad-Empresa-Gobierno son fundamentales para la creación de nuevos conocimientos y actividades de innovación para el desarrollo de un país. El conocimiento es el motor del incremento de la productividad. Y este conocimiento se puede gestionar (Knowledge Management) en las organizaciones con una visión limitada o más profunda, mediante la difusión o transferencia, generando beneficios a los receptores del conocimiento. ¿Cómo se puede facilitar la transferencia del conocimiento? Son cuatro las palancas que hay que activar.

La primera y más importante es reconocer las actividades de transferencia de los investigadores. En la carrera académica las publicaciones científicas nos llevan al reconocimiento académico, pero la creación de una start-up o la participación en un proyecto de intervención socioeducativo no. O por lo menos, no han estado reconocidos hasta ahora. Es importante reconocer las actividades de transferencia en un sentido extenso (no solo las tecnológicas). José Manuel Pingarrón, secretario general de Universidades, lo expone claramente: es necesario aplicar nuevos métodos que promuevan el reconocimiento, la transmisión, la generación y la transferencia del conocimiento con el mismo peso y valor que tiene la investigación básica.

La segunda es facultando a los agentes de transferencia, las OTRIs, que contribuyen a alinear los objetivos y proyectos de la universidad y centros de investigación con las necesidades del sector empresarial y de la población, poniendo a su servicio productos y servicios que mejoren su calidad de vida y contribuyan a su bienestar general.

La tercera, facilitando la colaboración público-privada. Una buena colaboración público-privada permite prestar servicios con mayor calidad o menores costes para el ciudadano. Tal y como afirma el profesor Oriol Amat, para aumentar el Estado de Bienestar de los ciudadanos y poder aumentar los servicios públicos hay que conseguir un sector privado que genere riqueza y pague impuestos. Un rasgo diferencial de los países que funcionan mejor es que tienen sectores públicos y privados muy potentes y apuestan mucho por la colaboración público-privada. En España la colaboración público-privada representar el 11% del PIB, siendo la media de la OCDE un 14% y, elevándose en países como Holanda al 21% o Finlandia al 18%. Los beneficios de estas colaboraciones son fundamentales y no se puede prescindir de ellas.

Y, finalmente, la cuarta, que consistiría en apoyar a las organizaciones entre el conocimiento y el sector productivo, concretamente a los centros tecnológicos, que contribuyen a la mejora de la competitividad de las empresas y al beneficio general de la sociedad con la generación de conocimiento tecnológico a través del desarrollo de actividades de I+D+i y su consiguiente aplicación al mercado. Son especialmente importantes para el desarrollo de las PYME y, si bien tienen objetivos distintos a las universidades, se complementan en sus actuaciones para fomentar la innovación en las empresas.