Trump colecciona enemigos en Oriente Próximo

JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR Historiador, especialista en el Mundo islámico contemporáneo

El común de los mortales colecciona monedas, sellos, imanes de nevera o cosas así. Donald Trump colecciona enemigos. Ciñéndonos a Oriente Medio, primero recupera a un viejo enemigo, Irán, y después añadió un fichaje completamente inédito: Turquía.

Bajo la verborrea agresiva, Trump puede alegar alguna justificación para sus políticas. El tratado nuclear iraní firmado por Obama estaba redactado de tal forma que Irán podía respetarlo cierto tiempo y luego, cuando les pareciese bien, saltárselo por las buenas. La política exterior turca ha ido volviéndose cada vez más errática, y entra dentro de lo normal que un gobierno se interese por un compatriota que ha sido arrestado de manera arbitraria. Pero cuando Trump está al mando, para cada solución hay un problema. El acuerdo nuclear iraní no se renegocia; se tira a la basura. El sacerdote protestante norteamericano acusado arbitrariamente de terrorista y espía podría haber sido rescatado dejando que la embajada norteamericana en Ankara manejase discretamente el problema, como se suele hacer.

Trump clava el cuchillo y hurga en la herida. Primero castiga a una nación aliada imponiendo unilateralmente nuevos aranceles que perjudican a su economía. Cuando la cotización de la lira turca se hunde, Trump duplica esos aranceles para evitar que la devaluación permita a los turcos exportar más. La consecuencia obvia es hundir todavía más la economía turca y la cotización de su moneda, pero no toda la culpa es de Trump. A medida que Turquía involuciona desde una democracia parlamentaria a un despotismo presidencialista, los altos cargos del gobierno son designados únicamente en función de su lealtad al nuevo sultán. Por lo tanto, en pocos años la eficacia se ha degradado vertiginosamente en todos los departamentos del gobierno, incluida la economía. Hace meses que los inversores buscan la puerta de salida.

El voluntarismo y la ignorancia de Erdogan quedan en evidencia cuando incita a los turcos a cambiar sus divisas fuertes y su oro, si lo tienen, por libras turcas. En Argentina ya conocen esa película, y no les gustó el '¿puede un enemigo común crear un frente común?'. Las relaciones turcoiranies han sido por lo general pacíficas pero frías. Empeoraron por la multiguerra en Siria. Erdogan, musulmán sunita, deseaba ardientemente la caída de los Assad, chiitas alawies, mientras que los ayatolahs iraníes, chiitas duodecimanos, estaban decididos a respaldarle. Sin embargo nunca se ha llegado a una ruptura total. Las milicias iraníes nunca llegaron a intercambiar disparos con las fuerzas regulares turcas que entraron en el noroeste de Siria para frenar a los kurdos. Los iraníes tampoco simpatizan con los kurdos, mientras los norteamericanos les apoyan con dinero y armas. Erdogan ya ha respondido con su habitual soberbia que si Trump no revoca las sanciones, buscaría nuevos aliados. Rápidamente, el ministro de exteriores iraní se mostró dispuesto a echarle una mano.

Cuando Trump reventó el tratado nuclear iraní, sus opciones quedaron reducidas a dos: resignarse a que Irán consiga armas nucleares tarde o temprano, o prepararse para una guerra a gran escala. Es improbable que turcos e iraníes lleguen a luchar juntos, pero la mera neutralidad de Turquía es una gran ventaja estratégica para Irán y una potencial fuente de salida para su petróleo, frente al embargo total y absoluto que pretende imponerles Trump.

La ¿estrategia? de Trump es la de un matón de taberna: primero intimida a unos y luego intimida a otros. ¿Y si no se dejan intimidar y cierran filas, entonces qué? Que el presidente norteamericano busque pelea con Erdogan justo ahora demuestra que es un necio sin estrategia ni visión de ningún tipo.

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