Los tres muertos en Sanfermines del 78

El asesinato de dos guardia civiles semanas antes y la muerte de un joven por una bala de la Policía en una algarada en la plaza de toros convirtieron Pamplona en un polvorín hace 40 años

MARÍA JIMÉNEZ

Los Sanfermines de 1978 empezaron el 9 de mayo. El calendario festivo se mantuvo en los primeros días de julio, pero el polvorín en el que se convirtió Pamplona no comenzó con el lanzamiento del chupinazo, sino unas semanas antes. La canción de Jarcha 'Libertad sin ira', ascendida ya entonces a categoría de himno, advertía de que la violencia estaba «a flor de piel» en un país en plena Transición, con varios grupos terroristas actuando y con unas Fuerzas de Seguridad que debían adaptarse a marchas forzadas al nuevo Estado de Derecho. Mientras se cerraban los flecos de la nueva Constitución, simpatizantes de las posturas más radicales del arco político decidieron que era el momento de reclamar en la calle lo que consideraban propio. Y así, con la sensación de que la olla a presión podía estallar en cualquier momento, llegaron los prolegómenos de la fiesta.

La madrugada del 9 de mayo de 1978 una bomba activada al paso de un jeep de la Guardia Civil hirió de muerte a Manuel López González, un joven agente cacereño de 23 años. Su madre, Felipa, emprendió un largo viaje a Pamplona y en la televisión de un bar de carretera supo que su hijo había fallecido. Era el segundo asesinato de ETA en Navarra. La capilla ardiente, que se celebró en una oscura estancia de la Comandancia de Pamplona, coincidió con el inicio de la Semana pro Amnistía. Durante las siguientes 48 horas el Casco Viejo se convirtió en un campo de batalla. El primer día, un hombre de 47 años resultó herido de bala. El segundo, el balance adquirió envergadura: 52 detenidos, dos heridos graves y daños en multitud de establecimientos.

Uno de los heridos graves era el subteniente de la Guardia Civil Juan Antonio Eseverri Chávarri, de 54 años. Volvía a casa con un compañero cuando recriminó a varios manifestantes que cruzaran vehículos para levantar una barricada. El enfrentamiento, como se relata en la sentencia del caso, estaba servido: Eseverri disparó al aire y al suelo con su arma reglamentaria y el joven de veinte años Jesús Suescun Irujo lo cosió a puñaladas con un estilete de quince centímetros. Las heridas le causaron la muerte una semana después.

Desde el 10 de mayo hasta el 6 de julio, el ambiente estuvo marcado por los ecos del crimen de Eseverri. Primero hubo manifestaciones cruzadas entre grupos radicales. Después, los familiares de los implicados en el apuñalamiento marcaron la agenda. Había ocho acusados, tres de ellos menores, y cinco fueron enviados a prisión preventiva. Sus simpatizantes, incluidos miembros de algunas peñas sanfermineras, se encerraron dos veces en el Ayuntamiento. El segundo encierro fue poco antes del chupinazo, lo que obligó a que por primera vez se lanzara desde el primer piso, en lugar del segundo. En la fachada colgaba una pancarta en la que se leía «Para San Fermín, todos a casa».

Tras la corrida del día 8, otra pancarta contribuyó a que se desencadenara la tormenta perfecta. En ella se leía 'Amnistía total, presoak kalera, San Fermín sin presos'. Un enfrentamiento en la grada que parecía menor hizo que medio centenar de agentes de la Policía Armada entrara en el coso. Fue entonces cuando se desató el caos. Dentro de la plaza hubo cargas, disparos con pelotas de goma y lanzamientos de botes de humo. De acuerdo con el libro 'Relatos de plomo. Historia del terrorismo en Navarra', en la enfermería atendieron a cincuenta personas, entre ellas cuatro heridas por arma de fuego. En la calle, los enfrentamientos se prolongaron hasta la madrugada: hubo 150 heridos y, según datos del ministerio del Interior, se hicieron 7.000 disparos de material antidisturbios y 130 de bala. Una de ellas mató a Germán Rodríguez, miembro de la Liga Comunista Revolucionaria, una organización de ideología trotskista. «Yo sólo quiero decir –afirmaría su hermana Conchi– que la bala que mató a Germán fue casual, pues pudieron ser mil las personas que pudieron recibirla. Pero no fue casual que Germán se encontrara allí, en la calle, tras los sucesos de la plaza, pues desde los dieciséis años viene luchando por la libertad». Al día siguiente, todos los partidos políticos, incluido UCD, criticaron la actuación de la Policía. El día 10, una multitud asistió al entierro de Germán Rodríguez. El 11 de julio se suspendieron los Sanfermines.

Este año se cumplen cuarenta años de aquellos Sanfermines del 78. Varias iniciativas se han puesto en marcha para reivindicar la memoria de Germán Rodríguez y reclamar justicia, pues la Audiencia Provincial de Navarra negó la posibilidad de que se celebrara juicio porque no veía «intención dolosa». Los hechos llegarán también al Parlamento Europeo, donde el asunto se debatirá el 11 de julio. En algunos de los actos públicos celebrados hasta ahora se ha recordado lo que sucedió, incluso se han hecho alusiones a los condenados por el caso Alsasua. En ninguno, sin embargo, se ha relatado que el origen de los Sanfermines del 78 tiene nombre propio, los de Manuel López González y Juan Antonio Eseverri Chávarri, y que lo que ocurrió aquellas jornadas de julio no se entiende sin echar la vista unas semanas más atrás. En tiempos de relato, quizá sea una obligación detenerse en los recovecos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos