Que traigan la chimenea

Me aburrí como una ostra. Me quedo con uno solo de los 321 kilómetros de una jornada en la que falló Eolo. Ausente el viento, solo Groenewegen dio espectáculo

TXOMIN PERURENA

Se quedo con uno solo de los 231 kilómetros de la etapa de ayer. Así de claro. Aburrimiento total. Cuando pedaleas durante seis horas, el 'paseo' es desagradable para quien da pedales. Pero reconozco que estas etapas no levantan ninguna expectación en el aficionado al ciclismo, sino todo lo contrario. Falló Eolo. El viento no sopló. Hubo un intento de abanico a falta de cien kilómetros para la línea de llegada. Pronto comprendí que aquello no iba a buen puerto. Por un lado, miraba a las ramas de los árboles y no se movía una hoja. Por otro, tiraban en cabeza del pelotón Movistar y Ag2r. Los verdaderos especialistas en este tipo de movimientos se mantuvieron en la retaguardia. Ni se movieron. Señal inequívoca de que no era el momento oportuno. De ver la oportunidad, habrían sido los primeros en organizarse. Siempre hay aire. La cuestión es si está o no en movimiento. Con poco que sople de costado, basta para provocar los abanicos. Si sopla fuerte, en cambio, es más fácil caerse que cortar el pelotón.

ASO debería mirar a sus hermanos pequeños

Pienso que los organizadores del Tour deben mirar a sus hermanos pequeños, el Giro y la Vuelta, a la hora de confeccionar el recorrido de la primera semana de carrera. Nada más acabar, miré el mapa de Francia para ver si existían recorridos alternativos entre Fougères y Chartres. Me di cuenta de que el trazado era una línea recta. Exigencias del guion. Pero no ha sido solo esta jornada. Llevamos varias del mismo corte. Faltaban nueve kilómetros para la llegada y el ritmo del pelotón era bajo. Ningún intento, ningún ataque.

El gesto de Groenewegen, más propio del fútbol

Menos mal que Groenewegen surgió de la nada para brindarnos un sprint espectacular. A falta de unos 500 metros iba en décima posición. Achantó primero a Sagan y después a Gaviria. Y a más gente porque rebasó a casi todos los velocistas. Por fuera. Recorrió más metros que los demás. Celebró el triunfo ordenando callar a alguien, con un gesto más propio del fútbol que del ciclismo. Supongo que tendrá sus razones. Creo que no era contra su equipo, Lotto-Jumbo.

Los italianos cobraban por segundo de televisión

En su día, el Giro tenía fama de que nadie atacaba hasta mitad de etapa, sobre todo si eran llanas. Me acuerdo que en la corsa rosa había un coche con una especie de chimenea que mandaba la señal de televisión. Cuando aparecía, lo primero que hacíamos era apretar las correas. Zafarrancho de combate. Había razones. Empezaba el directo. Los equipos llevaban televisores dentro de sus coches y el mecánico controlaba con un cronómetro los segundos en los que sus corredores aparecían en imagen. Había un pacto para cobrar una tarifa por segundo de televisión. Ahora dan toda la etapa por la tele y no se mueve nadie. Que traigan la chimenea.

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