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Titulitis

Mientras haya profesores dispuestos a regalar un título, en estas seguiremos: dando risa a derechas e izquierdas

JAVIER SABADELL

Mientras paseo con Queco al atardecer por estos campos de las Arribes del Duero, intento explicarle que ser científico, como ser cualquier otra cosa, no es cuestión solo de tener o no un título en el expediente que te valide ejercer como tal. Es, sobre todo, una actitud que puede permanecer en el tiempo, acompañando durante toda la vida, o desaparecer de repente para dar paso a otras inquietudes de la mente. Para él, un título es sinónimo de conocimientos: así se lo han inculcado en el colegio, que es beneficioso disponer de una buena formación. Para mí, un título ha pasado a ser algo instrumental: puede ser tanto un pasaporte a un puesto de trabajo, o como insignia de que uno merece respetabilidad intelectual. Para Queco, un título demuestra el bagaje que uno porta. Para mí, un título no es otra cosa que la manifestación de una ingente maquinaria de cuya calidad intrínseca conviene dudar.

 

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