Tiempo nuevo con retrovisor

JOSÉ MANUEL BUJANDA ARIZMENDI

ETA se ha ido sin referencias a las víctimas, justificando su acción y atribuyéndose logros, ha puesto punto y final a un camino que no debió iniciar. Se impone la construcción de una convivencia normalizada en la que todos ocupemos el lugar que nos corresponde. Tenemos el derecho y la obligación de recordar para construir con memoria un nuevo tiempo de convivencia y encuentro social. Recuerdo una cita de hace diez años de Iñigo Urkullu, presidente entonces del PNV, con el objetivo de dejar las cosas en su sitio: «El PNV asume y manifiesta que la desaparición del terrorismo pasa en primer lugar por el rechazo firme del terrorismo y de la violencia; por la deslegitimación social mediante políticas educativas, culturales y de comunicación; por la acción policial; por la aplicación del Estado de Derecho -eso sí en toda su extensión-; y por vaciar de contenido cualesquiera aporte social que alimente la violencia en la práctica política. Éticamente el PNV va a estar siempre enfrente de ETA y, políticamente, aunque rechazamos otorgarle el status natural en tal sentido, no compartimos ni fines, ni medios con ellos».

La presencia de ETA y su actividad violenta, de amenaza y coacción ha sido cruel y espantosa. Su accionar fanático ha causado dolor sin límites, generado sufrimiento desgarrador y quebrado brutalmente la convivencia. Ha sido letal para la vertebración social de la sociedad vasca. No ha respetado ni ha tenido ningún miramiento con la democracia, ni con las reglas de juego, ni con los derechos humanos, ni con el más importante de ellos como es el derecho a la vida y, obviamente, mucho menos ha tenido la más mínima consideración con el elemental juego entre las mayorías y las minorías, fundamento de la democracia y de la convivencia, en el seno de la sociedad vasca. Ha menospreciado la voluntad de la ciudadanía del conjunto de Euskadi. Los resultados de las urnas le han traído al pairo. Ha intentado imponer su voluntad utilizando el asesinato y el miedo. Ha atacado el corazón de la razón y del sentido común, asesinado, roto familias, desparramado víctimas y lágrimas, ha sido una auténtica vergüenza para los vascos y para Euskadi, ha sido un baldón para su progreso en convivencia. Su dialéctica ha sido fanática en su desarrollo, autista ante lo que estaba ocurriendo en la sociedad vasca y fascista en su práctica, y por ello no ha sabido interpretar, ni leer el paso de la historia, ha sido la negación del mínimo atisbo de humanidad, ética y sentido de la historia, su presencia ha sido un insulto a la inteligencia y a los cambios sociopolíticos que se daban por aquí y por allí, atacó con furia cual columnista el incipiente y esperanzador autogobierno de Euskadi y sus símbolos, EITB, Ertzaintza... etc. La violencia ha sido la peor tarjeta de presentación de la causa legítima y democrática del nacionalismo vasco. Ha sido la negación del sentido común, la perfecta excusa para negar a los vascos su derecho a escribir de su puño y letra su presente y futuro libre y solidariamente expresado en las urnas vascas. La democracia no le debe nada, su estupidez y sinrazón no ha conseguido nada en positivo.

José Ibarrola

Ha desaparecido y cerrado la persiana de un negociado que nunca debió e existir. Nunca debió irrumpir en una democracia que intentaba abrirse paso dificultosamente en la recuperación de las libertades, la democracia y el autogobierno.

El mejor legado que dejaremos a las futuras generaciones es la consecución de la convivencia. Un legado que significa reconocimiento a todas las víctimas. Respeto al que piensa de otra manera, al que tiene adscripciones identitarias y sentimentales diferentes o discrepantes. La convivencia también debe de ser posible en Euskadi, y lo será. Es una cuestión de dignidad colectiva. Tiempos de poner en valor la política en su dimensión más hermosa. Puesta en valor del pluralismo al abogar por la participación de todas las fuerzas políticas sin exclusiones y por compartir que esta sociedad tiene identidades plurales. Puesta en valor del acuerdo cuando se propone el diálogo y la negociación entre las fuerzas políticas para un nuevo pacto basado en la concertación. Puesta en valor del respeto compartido a las decisiones que la sociedad vasca adopte.

El tiempo de los ongi-etorris, homenajes, kalejiras, bertsos y saraos varios a presos, quiebros semánticos, proclamas, literaturas justificadoras de lo injustificable y silencios cómplices tocan fondo. Ningún quiebro dialéctico ni alusión comprensiva más a ETA, fin de los silencios calculados y ambiguos. Tiempos de paz, anhelo y perspectiva, ansia y futuro, ganas y esperanza, ilusión y expectación. Todo tiene arreglo, menos las víctimas y el dolor injusto causado. Autocrítica sincera. Matar siempre estuvo mal.

Dicho esto, hay que manifestar también, muy alto y claro, que es un contrasentido mantener la misma interpretación de la Ley de Política Penitenciaria tras la desaparición y disolución real de la organización y que persistir en la política de dispersión y alejamiento para los presos no tiene nada que ver con la impunidad, ni con los privilegios, sí con la venganza. Sin ETA no procede dispersión alguna. Se acabó ETA, fin de la dispersión. Dentro de la legalidad sí, pero nueva y lógica política penitenciaria. Pedagogía, sensatez, principio de realidad y sentido común. Sea.

 

Fotos

Vídeos