Stop a la prostitución

ARACELI MEDRANOMÁSTER EN INTERVENCIÓN EN VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES (UNIV. DE DEUSTO)

Nuestra sociedad enferma justifica la prostitución, uno de los oficios más antiguos del mundo, que ha ofrecido soporte de iniciación a la sexualidad a muchos varones y ha enriquecido a las mafias del sexo. El marco de la prostitución es un escenario perfecto para que el hombre siga gozando de sus privilegios y proyectando sus fantasías fetichistas, su impotencia o su poderío fálico, desde una asimetría de poder que es condición previa de su goce sexual. La responsabilidad del supuesto oficio, cuando ha sido cuestionada, se ha transferido a la prostituta con el argumento abrupto de que ella está ahí porque quiere, y obtiene beneficio económico de forma fácil y rápida. Si no, ¿por qué no se va a fregar escaleras y ganarse el dinero honradamente?

¿Creen ustedes que ser penetrada una y otra vez en el mismo día por hombres diferentes que provocan lesiones vaginales, anales, humillaciones es soportable? La decisión de entrar en la prostitución no es voluntaria, tal y como confirman entre otras especialistas la Dra. Ingerborg Krauss, ya que la mayoría de las mujeres que se prostituyen han padecido violencia por parte de las mafias, o abusos sexuales en su infancia en su contexto familiar o social más cercano. La prostitución en sí misma se puede considerar como un factor de estrés postraumático, que incide en el constructo psicológico de la feminidad, ya que la prostituta es un objeto para el otro y desaparece como sujeto al separase(disociación) de su propio cuerpo y de la escena cuando goza sexualmente el varón.

Un grupo de psicoterapeutas alemanes constataron en sus consultas las secuelas físicas y psicológicas que padecen estas mujeres, pronunciándose en contra de la prostitución legal (después de años de presión del lobby proxeneta por la legalización) y a favor del modelo legal sueco. El objetivo de este modelo no es sancionar a las mujeres inmersas en la prostitución sino a los clientes que compran sexo y generan la demanda que crea el mercado de la prostitución.

Sin embargo, en España la prostitución no está regulada. No es legal, ni ilegal a pesar de que el Código Penal español sí castiga con penas de prisión la trata y el proxenetismo. Lo peor es no posicionarse y consentir el ejercicio de la prostitución que daña a tantas mujeres, sostiene a las mafias de los proxenetas y perpetúa la violencia hacia la mujer.

Es preciso definirse por una postura reguladora o abolicionista, pero no desde una posición ideológica o moral que deja desamparadas y silenciadas a las mujeres en situación de ejercer la prostitución, como ocurrió con el sindicato de trabajadoras sexuales OTRAS. Urge, además, incluir a las mujeres prostituidas en el debate público sobre legislación, ya que son ellas las perjudicadas y es lo propio que expongan sus necesidades, derechos y reivindicaciones.

Ningún modelo es ideal, ni está exento de problemas, tanto el modelo abolicionista como el regulador tienen sus pros y sus contras. Quién escribe apuesta por el modelo abolicionista ya que ha producido un cambio significativo en la sociedad sueca: la disminución del ejercicio de la prostitución (aunque parece que continúa la ilegal), y el rechazo a los puteros abusadores compradores de sexo.

Muchos puteros abusan de las mujeres porque las odian, porque padecen de impotencia y el hecho de sentirse en un lugar de mando y humillación de la prostituta les produce placer, también los hay que idolatran el sexo y traspasan los límites de lo pactado hasta llegar a la violencia. Sin embargo, en nuestra sociedad no sólo se comprende la prostitución y no se cuestiona al putero, sino que se piensa que las mujeres prostituidas cumplen una función social: aplacar en el hombre las perversiones sexuales que no puede ejercer en una relación de igualdad o en su contexto familiar.