Solo jugó en la segunda mitad

Joan Jordán se lamenta ayer en Ipurua. /MORQUECHO
Joan Jordán se lamenta ayer en Ipurua. / MORQUECHO
J. A. Rementería
J. A. REMENTERÍA

El Eibar ha sido eliminado de la Copa ofreciendo una pobre imagen. Este empate en Ipurua edulcora solo una parte muy pequeña de la proporcionalidad. Me quedo con el segundo tiempo, donde los goles de Cucurella y Charles sirvieron para amortiguar los primeros cuarenta y cinco minutos. Tuvo que ser monumental la bronca de Mendilibar en el descanso, realmente monumental. Al menos tras pasar por vestuarios fue otro Eibar más convincente. El primer tiempo me recordó al último partido liguero en Vallecas: tocar y tocar, posesión y posesión, una estéril retórica, aburrida y previsible. Penoso. El Sporting en dos llegadas consiguió dos goles, efectividad pura y dura, de manual. Dos golazos en jugadas bien ejecutadas que pusieron en evidencia la fragilidad de la defensa armera. El juego del Eibar era lo más parecido a los nubarrones amenazantes y anunciadores de tormenta. Menos mal que en los segundos cuarenta y cinco minutos supló un aire de bonanza y se hizo un guiño al despropósito del primer tiempo.

Dudo del fondo de armario. A tenor de lo visto en esta eliminatoria copera me entra un razonable escepticismo. Ha sido una buena prueba para aquellos que no juegan con asiduidad. Y se antoja que hay dos hombres que lo van a tener crudo. Me refiero a Pere Milla y Hervías. A Mendilibar no le tembló la mano, no tuvieron ocasión de saltar tras pasar por vestuario. Sus bandas fueron inoperantes.

Fue un momento de tomar decisiones. Mendilibar buscó fortalecer los corredores derecho e izquierdo. De Blasis y Cote suplieron a Hervías y Pere Milla. Asoció parejas, Rubén Peña/De Blasis y Cote/Cucurella. Jugó de interior Cucurella. Le adelantó para aprovechar su velocidad. Pleno total. Resolución acertada, porque el catalán volvió a brillar con luz propia. Su velocidad es letal y más si es en corto espacio. Cote y Cucurella se entienden a la perfección, son complementarios. También Rubén Peña con De Blasis fue un combinación perfecta. El primer gol armero vino de un pase de De Blasis a Cucurella, con internada perfecta del jugador cedido por el Barça. Mendilibar no quiso agotar a Rubén Peña pensando en la Liga y fue reemplazado por Charles, autor del segundo gol. Pasó De Blasis a funciones de lateral y Marc Cardona a banda al tener dos delanteros específicos en Charles y Kike García. Marc Cardona dejó destellos, no estuvo tan deslucido.

El Eibar fue más que el Gijón en la segunda mitad, más incisivo por bandas, desbordando y obligando a un trabajo intenso a la defensa y portero gijonés. Buscó con ahínco la victoria. No se desaprovechó, pero la empresa era muy complicada ante un rival que hizo su partido, que estuvo bien plantado y que buscó tímidamente la contra. El Eibar se mostró superior, pero se quedó fuera de la Copa. Ahora hay que mirar a la Liga, que es de lo que se alimenta este club. Se me antoja que estar en dos competiciones es una losa para el Eibar. Zapatero, a tus zapatos. La Liga que va ser dura. Quien piense -o quienes piensen- que con ganar al Real Madrid está todo hecho, se equivoca y comete un significativo error de cálculo. Basta con mirar a la derrota en Vallecas y a lo sucedido ante el Sporting. El domingo viene el Levante, un rival complicado con jugadores de un talento que merecen todo el respeto. La derrota de Vallecas es más ilustrativa que la victoria ante el vigente campeón de Europa. Mendilibar lo tiene claro. Hay que apretar hasta el final. Queda demostrado que nadie regala nada, y menos al Eibar. El domingo empieza la Liga del conjunto armero. Afronta un nuevo ciclo hasta el día 22. Si bien no es decisivo, ni determinante, lo considero orientativo. Levante y Valencia en Ipurua, de manera consecutiva, con final en el Benito Villamarín ante el Betis. Tres partidos en los que hay que acercarse al medio camino de la permanencia. Mendilibar habrá extraído conclusiones de Vallecas y de lo visto ayer. Conociéndole, estará lejos de cualquier pasividad. Su determinación será explícita. El Levante de Morales es la primera cita con trascendencia y hay que resolverla con éxito.

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