Siniestro total

¿A quién le importa la muerte de un encofrador, la de un albañil, la de un senegalés al que le cae encima una colada de acero candente?

Álvaro Bermejo
ÁLVARO BERMEJO

La preocupación por la violencia machista se dispara entre los españoles», titulaba la presentadora, con los datos del último barómetro del CIS en la pantalla. Su alarma venía cargada de razones. Conocemos las evidentes -47 mujeres asesinadas en 2017- pero tendemos a ignorar las orwellianas. Siendo éste un drama nacional, también se ha convertido en un espectáculo mediático. Le gente se alarma ante lo que los informativos convierten en noticia de prime time permanente. ¿Qué sucedería si, de pronto, comenzaran a llevar a sus titulares una sangría que se cobra quinientas víctimas anuales, con más de un millón de personas accidentadas y en crecimiento constante?

Les hablo de esas otras víctimas invisibles, las de la siniestralidad laboral en nuestro país. Un ejército de muertos que caen en el tajo sin ser jamás noticia. Si el silencio mediático resulta estruendoso, no es menor el de las fuerzas políticas que dicen representar a los trabajadores, hoy abducidas por el debate identitario.

¿Qué fue de la identidad de la Izquierda? Se diría que se ha aplicado a sí misma el principio de externalización de responsabilidades que practican los grandes grupos económicos para eludir las directivas europeas en todo lo que afecta a la prevención de los riesgos laborales.

Sumemos factores objetivos como la precarización del empleo, los contratos abusivos, la prolongación «voluntaria» de las jornadas, el exceso de eventuales y todo eso que nos trajo la crisis. Aumenta la actividad económica pero no sucede lo mismo con la consideración humana del trabajador ni con las garantías que deberían acompañarla. Muchos callan por temor a perder su empleo. Y entre los que hablan… ¿Será cierto que existe un turbio mercado de ‘muertos por delegados’, según el cual ciertos sindicalistas permutan procesos judiciales contra las empresas a cambio de más puestos como liberados?

Todo un scoop para un periodista de raza que se atreviera a investigarlo. Pero, ¿a quién le importa la muerte de un encofrador, la de un albañil, la de un senegalés al que le cae encima una colada de acero candente?

Entre los muertos también hay jerarquías, y son los medios los que deciden quién merece su minuto de gloria. A la flagrante elusión de justicia en los tribunales -ni un solo empresario condenado- se añade la más clamorosa indiferencia social. Ningún accidente laboral es fruto del azar. ¿Cuántos muertos más serán necesarios para que el próximo sea noticia de telediario y convulsione el barómetro del CIS?

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