Sentirse solo mata

JOSÉ AGUSTÍN ARRIETABEASAIN

El tema de la soledad es acuciante. En verano el problema es más urgente, muchos mayores se quedan solos y tienen dificultades para hacer las tareas de todos los días y, cómo no, relacionarse con otras personas. Necesitamos voluntarios, ONGs para ayudar a romper la soledad a través de programas de acompañamiento y organizando excursiones, tertulias, paseos y vacaciones. Es bueno relacionarse con los demás, promover la autoestima y ampliar la red informal de personas conocidas. Hay expertos que señalan la soledad como una 'enfermedad' seria entre los mayores y junto a la escasa cuantía de las pensiones de viudedad que reciben nuestras mujeres, la situación se complica y se agrava. Son breves reflexiones que me venían a raíz del pasado 26 de julio, ya que se celebró el 'Día de los abuelos'. Es un gran órdago para nuestras Asociaciones Locales de Jubilados, Centros de Mayores y Residencias, pero también un SOS para fortalecer la vida familiar. La familia es clave. Recuerdo aquella sentencia de Séneca: «La soledad no es estar solo, es estar vacío». Efectivamente, la soledad negativa es estar vacío. Pero hay una soledad positiva, sinónimo de silencio querido, de recogimiento anhelado, que nos ayuda a profundizar en nosotros mismos y encontrar la paz del alma.